¿Por qué algunas personas necesitan constante validación en una relación, mientras otras se alejan cuando el vínculo comienza a profundizarse? Esa es una de las preguntas que intenta responder la “teoría del apego”, una propuesta psicológica que en los últimos años ha ganado enorme popularidad en redes sociales y que hoy muchas personas utilizan para comprender sus relaciones de pareja, amistades e incluso los lazos familiares.
Ese fue el caso de Lizzy, quien durante años sintió que todas sus relaciones terminaban de la misma forma. “Llegaba a la segunda o tercera cita y siempre encontraba algo que no me gustaba”, relató a BBC.
Recién al conocer la teoría del apego entendió que su forma de relacionarse coincidía con el llamado apego temeroso-evitativo.
“Fue como si hubiera encontrado la pieza que me faltaba de un rompecabezas que llevaba años intentando resolver”, asegura.
La teoría del apego
La teoría del apego fue desarrollada en la década de 1950 por el psiquiatra británico John Bowlby. Su planteamiento sostiene que las experiencias con los cuidadores durante la infancia influyen en la manera en que las personas construyen vínculos afectivos durante la vida.
En términos generales, la teoría identifica cuatro estilos de apego. El apego ansioso que se caracteriza por el temor al rechazo o al abandono y una constante necesidad de aprobación. Luego, está el apego evitativo, en cambio, privilegia la independencia y suele experimentar incomodidad frente a la intimidad emocional.
El apego temeroso-evitativo combina ambos extremos: busca cercanía, pero al mismo tiempo teme el rechazo y suele alejarse cuando la relación avanza. Finalmente, el apego seguro permite mantener relaciones cercanas sin perder la autonomía, favoreciendo la confianza, la comunicación y la búsqueda de apoyo cuando es necesario.
Diversas investigaciones también han asociado el apego seguro con una mejor capacidad para enfrentar el estrés, superar pérdidas o rechazos y mantener relaciones personales y laborales más saludables.
Sin embargo, los especialistas advierten que la creciente popularidad del concepto también ha dado paso a simplificaciones que pueden resultar engañosas.
Llegar al apego seguro
El doctor Pascal Vrticka, profesor asociado de Psicología en la Universidad de Essex, considera que la teoría ofrece “una de las mejores explicaciones” sobre las diferencias en la forma en que las personas buscan apoyo y conexión con los demás. No obstante, advierte que muchas veces se interpreta de manera incorrecta.
“Creo que uno de los problemas es que la gente lo está generalizando demasiado y usándolo en contextos donde quizás no sea el mejor marco para explicar nuestro comportamiento”, afirma.
Uno de los errores más frecuentes, explica, consiste en creer que los estilos de apego son permanentes. Aunque pueden mantenerse estables durante largos períodos, Vrticka sostiene que sí es posible modificarlos.
“La buena noticia es que la evidencia demuestra que el apego seguro es el más estable. Lo que significa que una vez que se logra un apego seguro, se tiende a mantenerlo”, señala.
Según el especialista, los cambios suelen producirse de manera gradual y pueden aparecer durante etapas importantes de la vida, como la adolescencia, el inicio de una relación, una ruptura o un duelo. En algunos casos, agrega, también puede ser necesario el acompañamiento profesional.
Construir confianza
Esa misma idea comparte el psiquiatra Amir Levine, autor del exitoso libro Attached. En su trabajo más reciente, el experto pone el foco en cómo desarrollar una mayor sensación de seguridad en las relaciones.
Para ello plantea que incluso las interacciones más pequeñas pueden influir. Un mensaje de un amigo, una conversación agradable o un gesto de apoyo ayudan al cerebro a construir confianza.
“El cerebro monitorea constantemente las pequeñas interacciones. De eso se trata el apego. Es un sistema de monitoreo para la seguridad”, explica Levine.
El especialista sostiene además que una misma persona puede experimentar distintos estilos de apego dependiendo de la relación que mantenga con cada individuo, por lo que recomienda fortalecer aquellos vínculos donde exista confianza y contención.
Camino a sanar
Para Lizzy, comprender su patrón de comportamiento también implicó asumir responsabilidad. “Sé que mi tendencia a evitar los problemas es tóxica y que sería injusto para mí salir con alguien ahora mismo”, reconoce.
Sin embargo, insiste en que descubrir un estilo de apego no debe convertirse en una condena. “Depende de ti reconocerlo y esforzarte por sanar”, concluye.
Precisamente ese parece ser el consenso entre los especialistas: la teoría del apego puede ser una herramienta útil para comprender ciertos patrones de conducta, siempre que no se transforme en una etiqueta definitiva. Después de todo, la evidencia científica indica que las personas sí pueden cambiar.