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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La formalización de un conductor de 38 años sorprendido a 264 km/h en la Costanera Norte reabre debate sobre los peligros de velocidades extremas. Testimonios revelan sensaciones al superar 240 km/h: nerviosismo, sudoración y dificultad para mantener control. Reducción del tiempo de reacción es crítico, recorriendo 67 metros por segundo a alta velocidad. Detener auto a 200 km/h requiere 300 metros de frenado. Efecto túnel reduce campo visual del conductor.

La formalización de un conductor de 38 años que fue sorprendido circulando a 264 kilómetros por hora por la autopista Costanera Norte volvió a abrir el debate sobre los riesgos de conducir a velocidades extremas.

Mientras la justicia investiga el caso ocurrido en el sector de Vitacura, donde el límite permitido es de 100 km/h, algunas experiencias compartidas por automovilistas permiten dimensionar qué ocurre dentro de un vehículo cuando se superan los 240 km/h.

¿Qué se siente manejar a más de 260 km/h?

Los testimonios fueron publicados en Quora, una plataforma digital de preguntas y respuestas donde usuarios de distintos países comparten experiencias personales y conocimientos sobre diversos temas.

Uno de ellos, Miroslav Straka, relató haber alcanzado los 250 km/h en una carretera europea a bordo de un Lincoln Continental de 1961. Según describió, conducir a velocidades cercanas a los 240 km/h provoca sudoración en las manos, una elevada tensión nerviosa y una sensación constante de alerta.

Una experiencia similar compartió Tony Lazzara, exconductor de camiones, quien recordó haber llevado un automóvil deportivo a más de 225 km/h. A esa velocidad, explicó, la parte delantera del vehículo se volvía más ligera debido al flujo de aire, “como conducir una lancha rápida”, afectando la estabilidad y haciendo más difícil mantener el control.

El hombre agregó que “te sorprendería lo rápido que alcanzas a otros autos que van a 100 o 110 km/h cuando vas a 225 km/h”.

Otros conductores coinciden en que la percepción de la velocidad cambia dependiendo de las condiciones de la vía. Peter Valentine, ex piloto aficionado de rally, sostuvo que en autopistas amplias y rectas la velocidad puede parecer menor de lo que realmente es, mientras que en carreteras angostas o con curvas la sensación resulta mucho más intensa.

Los peligros de los excesos de velocidad

Sin embargo, varios testimonios advierten que el principal problema no es la sensación dentro del vehículo, sino la reducción drástica del tiempo de reacción. A más de 240 km/h, un conductor recorre cerca de 67 metros por segundo, por lo que cualquier maniobra inesperada de otro automóvil puede transformarse en una situación crítica en apenas instantes.

Un informe de la Fundación Mapfre recogido por el medio español ABC rescata que “cuanto más sea la velocidad de conducción, más difícil es evaluar la situación del tráfico y las circunstancias que te rodean”.

Los propios participantes de la discusión concluyen que, aunque algunos vehículos modernos pueden alcanzar esas velocidades con relativa facilidad, el margen para corregir errores disminuye considerablemente.

“Efecto túnel” y distancia de frenado

Según explican, detener un auto que circula a 200 km/h supone una distancia de frenado de cerca de 300 metros, mientras que a 120 Km/h sería aproximadamente 110 metros, según las condiciones de la pista.

Por otro lado, colisionar con un objeto rígido a 200 km/h “se equipararía a una caída desde 157 metros de altura”. En tanto, chocar a 120 km/h correspondería a una caída desde 57 metros (un piso 14).

Pero hay otro factor relevante, el “efecto túnel”, que consiste en una reducción del campo visual del conductor: “Circulando a 80 km/h tenemos una pérdida de eficiencia visual de aproximadamente el 35%”, revelan los expertos.

Pero, “si aumentamos la velocidad a 200 km/h, esa pérdida de eficiencia visual aumenta al 75 e incluso al 80%”, añaden.

A su vez, la revista Tráfico y Seguridad Vial aporta que a partir de 130 km/h se pierde nitidez periférica y, con ello, la posibilidad de evaluar correctamente distancias y velocidades, mientras que el ángulo de visión se “cierra” hasta 30 grados.

Revista.dgt