VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Expertos confirman que los gatos sí se preocupan por sus cuidadores, demostrando apego seguro en un estudio similar al test de bebé. El parpadeo lento y reconocimiento vocal son muestras de cariño, mientras que señales como la cola en alto, el cabezazo y el amasado reflejan confianza y afecto. La oxitocina, hormona del amor, se libera en ambos durante interacciones.

¿Cuántas veces has mirado a tu gato y te has preguntado si realmente le importas? Está ahí, en el sillón, con esa cara de “¿qué me estás mirando?”, y tú te preguntas si eres algo más que un dispensador de comida con buena voluntad. La buena noticia: los científicos llevan años estudiando exactamente eso, y la respuesta es sí. La complicación: tu gato lo expresa en un idioma que los humanos tardamos mucho en aprender.

El test de bebé que los gatos pasaron con nota sobresaliente

En 2019, la investigadora Kristyn Vitale, del Human-Animal Interaction Lab de la Universidad Estatal de Oregón, publicó en Current Biology un estudio que aplicó el *Secure Base Test* —prueba usada para medir el apego entre bebés y cuidadores— a gatos y sus tutores. La mecánica: El gato estaba con su tutor en una habitación desconocida; el tutor salía dos minutos y volvía. El 64,3% de los gatos mostró apego seguro —se calmaban al verlo regresar y retomaban la exploración tranquilos, usando al humano como “base segura”—. Ese porcentaje es casi idéntico al de los bebés humanos (65%) y mayor al de los perros (61%).

“La mayoría de los gatos busca al dueño como fuente de seguridad”, explicó Vitale. Para tu gato, tú eres el equivalente a ese amigo al que llamas cuando la cosa se pone difícil.

El parpadeo lento: la sonrisa que nunca viste

¿Tu gato te mira desde lejos y de pronto cierra los ojos despacio, como en cámara lenta, y los vuelve a abrir? Eso no es aburrimiento. Es, literalmente, un “te quiero”.

En 2020, la psicóloga Karen McComb, de la Universidad de Sussex, publicó en Scientific Reports el primer estudio experimental sobre el parpadeo lento en gatos: descubrió que los gatos responden al gesto —tanto de su tutor como de un extraño— con más parpadeos lentos y mayor disposición a acercarse. “Es emocionante poder demostrar científicamente que los gatos y los humanos pueden comunicarse de esta manera”, declaró.

Funciona como la sonrisa humana: desarma, transmite confianza, reduce la tensión. Para probarlo: espera a que tu gato esté relajado y te mire, cierra los ojos despacio, mantenlos cerrados un par de segundos y ábrelos con suavidad. Hay una buena probabilidad de que te lo devuelva.

Te escucha. Solo que no siempre te lo hace saber

Atsuko Saito y Kazutaka Shinozuka, de la Universidad de Tokio, publicaron en 2013 en Animal Cognition un estudio con 20 gatos para averiguar si reconocían la voz de su tutor. Reprodujeron grabaciones de cinco personas distintas llamando al gato por su nombre y midieron las reacciones.

Reconocieron la voz de su tutor sin excepción: giraban las orejas, movían la cabeza, enfocaban la mirada. Solo que no se levantaban ni corrían emocionados.

Llevan 10.000 años viviendo con humanos y siguen siendo semiindependientes por naturaleza. Saben perfectamente quién les habla; simplemente no ven la necesidad de armar un escándalo al respecto.

La cola en alto, el cabezazo y el amasado

Según Mikel Delgado, doctora en comportamiento animal y coautora de Think Like a Cat, los gatos tienen señales heredadas de su vida social que ahora también dirigen a los humanos.

La cola en posición vertical al acercarse equivale, entre gatos que se conocen, a “me alegra verte”. El bunting —frotar la frente o la mejilla contra tu mano o cara— es una forma de incorporarte a su grupo de confianza, marcándote con su olor como parte de su mundo cercano.

Y luego está el amasado —ese movimiento rítmico de las patas sobre tus muslos que duele más de lo que debería—. Es el mismo comportamiento que los gatitos hacen para estimular la leche en la madre. En adultos persiste como memoria emocional de seguridad: cuando tu gato te amasa, activa el mismo circuito neurológico de confort que tenía con su madre.

La química que lo confirma todo: oxitocina

Todo este afecto tiene un sustrato biológico medible. Investigadores japoneses publicaron en 2021 que sesiones breves de caricias elevan los niveles de oxitocina —la “hormona del amor”— en los tutores.

Un estudio publicado en 2025 en Applied Animal Behaviour Science confirmó que el proceso es mutuo: el gato también libera oxitocina durante el contacto físico. La próxima vez que se siente encima de ti sin aviso ni permiso, ya lo sabes: hay química de por medio. Literalmente.

El idioma felino es real, solo que más sutil

Los gatos sí aman —a su manera, con sus tiempos y su vocabulario propio. No lo hacen a gritos. Lo hacen con una cola en alto al llegar, un parpadeo lento al atardecer, un cabezazo que nadie pidió y una siesta encima de ti elegida entre todos los rincones disponibles de la casa.

Aprender ese idioma no solo confirma lo que muchos tutores ya intuían: convierte cada pequeño gesto cotidiano en algo que vale la pena notar. Y eso, para quien comparte el hogar con uno de estos pequeños mamíferos de agenda propia, es una de las cosas más bonitas que puede dar la convivencia.