VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La terapeuta Kaytee Gillis identificó cinco patrones familiares disfuncionales que afectan el desarrollo emocional de los hijos: familias que culpan a otros, obsesionadas con las apariencias, con un "culpable oficial", impredecibles y las que solo intentan sobrevivir. Estos patrones pueden normalizar conductas poco saludables y condicionar a los miembros a mantener el equilibrio familiar.

No todas las familias disfuncionales se parecen. Algunas culpan siempre a los demás, otras viven obsesionadas con el “qué dirán” y algunas simplemente intentan sobrevivir en medio del caos. Una terapeuta especializada en trauma infantil identificó cinco patrones familiares que pueden afectar profundamente el desarrollo emocional de los hijos.

Cuando se habla de familias disfuncionales, muchas personas imaginan escenas extremas de violencia, abandono o abuso. Sin embargo, la realidad suele ser más compleja y, a veces, mucho más difícil de identificar.

Según la psicoterapeuta estadounidense Kaytee Gillis -autora del libro Breaking the Cycle: The 6 Stages of Healing from Childhood Family Trauma (Rompiendo el círculo: Las 6 etapas de la sanación del trauma familiar infantil)- el trauma familiar no surge necesariamente de episodios aislados, sino de patrones repetidos de comportamiento que terminan convirtiéndose en la cultura habitual del hogar.

En una columna publicada en Psychology Today, la especialista explica que ninguna familia es perfecta y que todas presentan conflictos o momentos de disfunción. Sin embargo, el problema aparece cuando esas dinámicas se vuelven permanentes y condicionan a sus integrantes a normalizar conductas poco saludables.

“Cada miembro de la familia está condicionado a comportarse y esperar comportamientos poco saludables para mantener el equilibrio del sistema familiar”, señala.

A partir de su experiencia clínica y personal, Gillis identificó cinco tipos de familias disfuncionales que aparecen con frecuencia en consulta.

1. La familia del “nosotros no tenemos problemas”

En este tipo de hogar, los conflictos nunca son responsabilidad de la familia. Siempre existe alguien externo a quien culpar: profesores, amigos, vecinos, parejas o incluso la sociedad.

Según la terapeuta, estas familias suelen verse a sí mismas como correctas o ejemplares, mientras atribuyen cualquier dificultad a factores externos.

El problema es que esta dinámica impide reconocer errores propios y dificulta la capacidad de asumir responsabilidades o resolver conflictos de forma saludable.

2. La familia obsesionada con las apariencias y el “¿qué dirán?”

Gillis la denomina la familia del “¿Qué pensarán los vecinos?”. Aquí lo más importante es proyectar una imagen perfecta hacia el exterior, incluso cuando puertas adentro existen problemas graves como adicciones, violencia o crisis económicas.

Los integrantes aprenden que hablar de los conflictos familiares está prohibido porque podría dañar la imagen del grupo.

Esta contradicción puede resultar especialmente confusa para los niños, quienes observan una realidad dentro del hogar y una completamente distinta cuando la familia interactúa con otras personas.

3. La familia con un “culpable oficial”

También conocida como la familia del “paciente identificado”, se caracteriza por responsabilizar a un solo integrante de todos los problemas.

Puede tratarse del hijo con dificultades escolares, un adolescente rebelde o cualquier miembro que termine convirtiéndose en el foco de las críticas.

“La familia estaría bien si él o ella cambiara” es la lógica que suele imperar.

Según Gillis, este mecanismo permite que el resto de los integrantes evite examinar sus propias conductas o problemas, cargando toda la responsabilidad sobre una sola persona.

4. La familia impredecible

La terapeuta la compara con una “rueda de la fortuna”. Se trata de hogares marcados por la inconsistencia, donde los períodos de calma se alternan con momentos de caos, generalmente asociados a problemas como adicciones, enfermedades mentales no tratadas o traumas acumulados.

Los hijos suelen crecer sin saber qué esperar de un día para otro.

Paradójicamente, explica Gillis, algunas personas llegan a sentirse más seguras durante las etapas problemáticas porque al menos saben qué comportamiento esperar, mientras que los períodos de estabilidad generan incertidumbre sobre cuándo llegará la próxima crisis.

5. La familia que solo intenta sobrevivir

En este caso, la disfunción no necesariamente proviene de malas intenciones o relaciones tóxicas, sino de circunstancias extremadamente difíciles.

La pobreza persistente, la violencia comunitaria, la inseguridad habitacional o la exclusión social pueden llevar a que las familias vivan permanentemente enfocadas en satisfacer necesidades básicas.

“Solo estábamos tratando de pasar el día”, resume uno de los testimonios citados por la autora.

En estos entornos, el estrés constante puede limitar la capacidad de los adultos para brindar estabilidad emocional a los niños, aun cuando exista afecto y preocupación genuina.

Reconocer los patrones puede ser parte de la sanación

Gillis advierte que no todas las familias encajan perfectamente en una sola categoría. Muchas presentan una mezcla de distintos rasgos, mientras que otras pueden manifestar uno solo de forma muy intensa.

Además, aclara que identificar estas dinámicas no tiene como objetivo culpar a padres o familiares, sino comprender cómo ciertas experiencias influyeron en la formación emocional de cada persona.

“El acto de reconocer es, en sí mismo, sanador”, sostiene.

La especialista agrega que muchas personas descubren en la adultez que están reproduciendo de manera inconsciente algunos de los patrones que observaron durante su infancia.

Por ello, recomienda buscar apoyo profesional cuando revisar estas experiencias genere malestar emocional, especialmente si existen antecedentes de trauma infantil o conflictos familiares persistentes.

Después de todo, concluye, entender de dónde provienen ciertas heridas puede ser el primer paso para dejar de repetirlas.