Detrás del esternón, justo encima del corazón, hay una pequeña glándula que la medicina llevaba décadas dando por casi jubilada: el timo. Los libros de texto enseñan que este órgano fabrica las defensas del cuerpo durante la infancia y luego se marchita, reemplazado poco a poco por grasa, sin mayor relevancia para la vida adulta.
Pero nuevos estudios sugieren que esa idea estaba equivocada, y que la salud de este órgano olvidado podría explicar por qué algunas personas viven más y más sanas que otras.
El órgano que “no servía para nada” y resultó ser clave
En concreto, el timo es el encargado de madurar los linfocitos T, un tipo de célula del sistema inmune fundamental para reconocer y combatir virus, bacterias y células cancerosas. Con los años, esta glándula se va llenando de grasa en un proceso llamado involución tímica, y desde hace tiempo se asumía que, una vez que el cuerpo ya había acumulado suficientes defensas en la niñez, el timo dejaba de ser necesario.
Ahora, un estudio publicado en la revista científica Nature sugiere que el timo podría tener un papel clave en el envejecimiento del sistema inmunológico y en el riesgo de desarrollar enfermedades en la adultez.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores entrenaron un sistema de inteligencia artificial capaz de “leer” el estado del timo directamente en escáneres de tórax (tomografías computarizadas) que millones de personas ya se realizan por otros motivos, como controles pulmonares.
El sistema asignó a cada una de las más de 27 mil personas analizadas un “puntaje de salud tímica” entre 0 y 100, según cuánto tejido funcional conservaba su timo en comparación con el resto de la población. Con eso, dividieron a los participantes en tres grupos: baja, promedio y alta salud tímica.
Los resultados fueron llamativos. Quienes tenían alta salud tímica presentaron, a lo largo de 12 años de seguimiento, un riesgo de morir por cualquier causa alrededor de un 50% menor que quienes tenían baja salud tímica. También fueron un 36% menos propensos a desarrollar cáncer de pulmón y redujeron su riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares entre un 63% y un 92%, dependiendo de la cohorte analizada.
Estas asociaciones se mantuvieron incluso después de ajustar los cálculos por edad, sexo, tabaquismo y otras enfermedades previas, lo que sugiere que el timo aporta información valiosa que no se explica solo por esos factores conocidos.
El timo y el cáncer
Los científicos también encontraron que el estado del timo se relaciona con hábitos modificables: personas fumadoras, con obesidad o con niveles bajos de actividad física tendían a tener peor salud tímica.
Además, quienes presentaban inflamación crónica —medida a través de una proteína llamada proteína C reactiva y de varias moléculas inflamatorias en la sangre— también mostraban un timo más deteriorado.
Este hallazgo cobra más fuerza al mirar un segundo estudio del mismo equipo, publicado también en Nature, que analizó a 3.476 pacientes con distintos tipos de cáncer tratados con inmunoterapia (fármacos que “despiertan” al sistema inmune para atacar tumores).
Ahí, los pacientes con mejor salud tímica respondieron mejor al tratamiento, con menor riesgo de progresión de la enfermedad y de muerte, un efecto comparable al de biomarcadores ya usados en oncología como la proteína PD-L1.
Un dato aparte: estudios previos con escaneo visual estimaban que entre un 60% y un 75% de los adultos tenía el timo completamente convertido en grasa, sin actividad alguna. La inteligencia artificial de este equipo encontró algo muy distinto: el 75% de la población conservaba una función tímica promedio o alta, lo que ayuda a explicar por qué muchos adultos mayores todavía producen nuevas células de defensa.
¿Se puede “rejuvenecer” el timo?
La pregunta que sigue es si esto se puede revertir.
Otro estudio reciente, realizado en ratones por científicos del Instituto Broad del MIT y Harvard, mostró que es posible usar el hígado como una especie de “fábrica temporal” para producir tres moléculas —llamadas DLL1, FLT3L e IL-7— que estimulan al timo a producir más células de defensa en animales de edad avanzada.
El resultado fue la mejora de su respuesta a vacunas y a tratamientos contra el cáncer, sin generar los efectos adversos que suelen tener las terapias hormonales o con proteínas recombinantes.
Estos hallazgos se suman a otra investigación del 2023, publicada en The New England Journal of Medicine, que encontró que las personas a quienes se les extirpa el timo por cirugía —por ejemplo, durante operaciones de corazón— tienen mayor riesgo de morir y de desarrollar cáncer en los años siguientes.
Con lo anterior, se volvió a poner en duda la idea de que este órgano fuera prescindible en la vida adulta.
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