Sentirse bien no siempre significa estar sano. Algunas de las principales condiciones que aumentan el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular pueden avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes, advierten los especialistas en salud cardiovascular.
En Chile, las enfermedades del sistema circulatorio fueron responsables de 31.149 muertes durante 2023, equivalentes al 25,5% del total de defunciones, siendo una de las principales causas de muerte del país.
Un ejemplo de estas enfermedades es la hipertensión arterial, que según la ONU afecta a unos 4,2 millones de personas de entre 30 y 79 años en Chile, equivalente al 38% de ese grupo etario, mientras que cerca de 2,6 millones no mantenían su presión arterial controlada.
El peligro de sentirse sano
Pero lo peligroso es que la mayoría de las personas que la presentan no tienen síntomas, por lo que ha sido calificada como “enfermedad silenciosa”, al igual que la diabetes, que suele ser vista como “poco relevante”, advirtió en un comunicado Gina Brun Mautino, médica de familia, encargada del Programa de Salud Cardiovascular del Servicio de Salud Los Ríos.
En ese sentido, la ausencia de dolor o malestar no permite descartar un problema cardiovascular, ya que una persona puede tener presión arterial elevada, alteraciones del colesterol o diabetes sin saberlo y, mientras tanto, acumular daño en sus vasos sanguíneos.
Por otro lado, la especialista advierte que una “enfermedad cardiovascular tampoco aparece necesariamente de un día para otro”.
Por eso, algunas creencias pueden resultar engañosas: ser delgado no elimina la posibilidad de tener hipertensión, diabetes o colesterol elevado; sentirse bien tampoco significa que estos factores estén bajo control.
¿Cómo detectar posibles problemas cardiovasculares?
Desde la Sociedad Chilena de Medicina Familiar (Sochimef) destacan que una de las herramientas disponibles en Chile para detectar posibles problemas cardiovasculares es el Examen de Medicina Preventiva del Adulto (EMPA), que busca pesquisar factores de riesgo y enfermedades que pueden no producir síntomas.
El programa contempla, entre otros controles, la medición estandarizada de la presión arterial, glicemia en ayunas, peso, talla, circunferencia de cintura y pesquisa de tabaquismo desde los 15 años. Desde los 40 años incorpora además la detección de dislipidemia mediante la medición del colesterol total.
Además, el riesgo cardiovascular no depende de un único indicador. La evaluación médica puede considerar antecedentes familiares, edad, tabaquismo, presión arterial, colesterol, glicemia, peso, actividad física y otras enfermedades, como la enfermedad renal crónica.
Cinco riesgos que se acumulan
Según Brun, existen distintos “factores de riesgo que han mostrado una relación importante con las enfermedades cardiovasculares y hoy están muy presentes en nuestra sociedad”, por ejemplo:
1. Presión arterial alta, diabetes y dislipidemia sin control
La presión arterial elevada somete a las arterias y al corazón a una sobrecarga persistente. La diabetes, por su parte, puede dañar los vasos sanguíneos y favorecer la enfermedad cardiovascular. En tanto, la dislipidemia —por ejemplo, niveles elevados de colesterol LDL o triglicéridos— puede contribuir al desarrollo de aterosclerosis.
2. Tabaquismo
Fumar no solo afecta los pulmones. El consumo de tabaco daña los vasos sanguíneos, favorece la formación de placas y aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto y accidente cerebrovascular.
Además, el riesgo no desaparece por tener un peso normal o hacer ejercicio. El tabaco constituye por sí mismo un factor cardiovascular relevante y el humo de segunda mano también representa un riesgo.
3. Inactividad física, sobrepeso y obesidad
La falta de actividad física puede favorecer el aumento de peso y contribuir al desarrollo de hipertensión, diabetes y alteraciones de los lípidos sanguíneos.
Esto no significa que una persona deba realizar ejercicio intenso para proteger su corazón. La OMS recomienda para los adultos al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
4. Exceso de sal y alimentación poco saludable
Una alimentación con exceso de sodio favorece la elevación de la presión arterial y, con ello, aumenta el riesgo cardiovascular. Por eso, la OMS recomienda consumir menos de 5 gramos de sal al día en adultos, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio.
Pero ojo, porque una parte importante del sodio puede provenir de alimentos procesados y ultraprocesados. Por eso, además de reducir la sal, resulta relevante priorizar alimentos frescos y una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
5. Estrés crónico y mal dormir
El estrés puede contribuir al riesgo cardiovascular, especialmente cuando se mantiene durante largos períodos y se acompaña de hábitos poco saludables.
La American Heart Association señala que el estrés puede relacionarse con el riesgo de enfermedad coronaria y que las respuestas poco saludables al estrés, como fumar más, comer en exceso o reducir la actividad física, pueden empeorar otros factores de riesgo.
El sueño también importa: Dormir poco, de manera irregular o tener trastornos del sueño se ha asociado con factores como obesidad, hipertensión y diabetes, además de un mayor riesgo cardiovascular.
Cuándo acudir de inmediato a urgencias
El dolor o la presión en el pecho, en especial si aparece con esfuerzo o se extiende a los brazos, el cuello o la mandíbula, requiere atención inmediata. En personas con diabetes, un infarto puede presentarse con dolor leve o sin el dolor típico, acompañado por falta de aire, fatiga intensa, mareos o náuseas.
También se debe actuar de inmediato ante la pérdida repentina de fuerza en un brazo o una pierna, la caída de un lado de la cara o la dificultad para hablar o hacerse entender, porque pueden ser señales de un ataque cerebrovascular.
“Son síntomas que no se pueden ignorar. Ante su aparición, hay que acudir a urgencias sin esperar que pasen solos”, enfatiza la especialista.