La ventana de mi hotel da a la calle Zamarstynivska, desde la altura veo cómo el tránsito se detiene, los peatones también lo hacen. Son las 09:00 am. Esa es la forma en que en toda Ucrania comienzan los días, con un minuto de silencio para recordar a todos quienes dieron su vida en el frente de batalla y a los civiles que Rusia ha despojado de sus vidas en los ya miles de ataques que ha sufrido el país desde febrero de 2022. 

El verano en Lviv aparenta ser alegre, me dispongo a visitar algunos lugares que en mis recorridos anteriores no he estado. Esta vez intentaré llegar hasta el Cementerio Lichakiv, el más icónico de la ciudad y que es parte del patrimonio histórico del país. El tranvía se detiene justo a un costado, el Campo de Marte, una explanada en la que, a la distancia, se ven miles de banderas ucranianas y del ejército. 

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En este lugar hay sepultados más de mil defensores del país, es un anexo al cementerio que espero visitar y que no estaba en mis antecedentes. El gobierno de la ciudad espera construir aquí un memorial que recuerde a todos los hijos de esta ciudad que cruzaron todo el país para ir en defensa de su cultura, historia y futuro. 

A pesar de la tragedia de la guerra, que se siente en cada esquina, en el cementerio Lichakiv andan dos grupos de turistas con su respectivo guía recorriendo el lugar. Es la primera vez que en mis recorridos por Ucrania durante la invasión a gran escala que veo guías turísticos; de alguna forma el país quiere volver a la normalidad, aunque la herida y el recuerdo de estos cuatro años y medio perdurará por generaciones. 

Los ucranianos viven en el dolor. En el casco histórico, a los pies del monumento a Taras Shevchenko, esa tarde se congregaron familias de los soldados defensores de la acería Azovstal, en Mariupol, que cayeron en cautivero luego de 86 días de resistencia en el año 2022. Las familias hablan, se dan ánimo, mantienen el recuerdo de sus padres, esposos, hijos, hermanos, de una lucha que es la lucha de Ucrania. 

En el mismo lugar, al día siguiente, se organizó otra manifestación, esta vez de quienes piden el reintegro como Ministro de Defensa de Mijailo Fedorov, del que hablamos en entregas anteriores. 

A pesar que Lviv tiene un casco histórico con restaurantes, gente feliz caminando y mucha energía, la guerra está ahí. En mi última noche, Rusia lanzó un masivo ataque de drones a las regiones del oeste, un dron impactó en un edificio a un par de kilómetros del centro, dejando dos personas asesinadas. 

La ciudad sigue funcionando a la mañana siguiente y esta vez podré finalmente hacer las preguntas que quedaron pendientes en Kyiv y en las otras ciudades. 

Un dato importante a tener en cuenta en este aspecto más político es que, previo a la invasión, Ucrania estaba en el 122° puesto en el ranking de percepción de corrupción de Transparencia Internacional, Rusia en el 136°. En la actualidad Ucrania ha mejorado la percepción de la corrupción y Rusia la ha empeorado. Este indicador, junto a entender que Ucrania es una sociedad mucho más democrática que su vecino invasor, permite apreciar de primera mano que la guerra no es impedimento para no ser crítico de las autoridades de turno, de las que renunciaron o de las que podrían asumir. 

Pude conversar con voces críticas a la actual administración, sin que eso sea considerado ser un pro ruso. Son visiones que tiene la gente de a pie respecto a cómo se está conduciendo el país en la defensa de su integridad, son personas que en un diálogo no tienen miedo a expresar sus posiciones. Donde incluso uno, como extranjero, hace las veces de oficialista, entregando argumentos como que si de verdad Ucrania fuera tan corrupta, el dinero no llegaría al frente y no estarían resistiendo por más de cuatro años.

Temas sensibles como el reclutamiento, la ley marcial que prohíbe la salida de hombres mayores de 22 años, la que fue relajada porque en un inicio esta prohibición aplicaba a todos los mayores de 18 años y menores de 60, todo aquello puede ser hablado en este país sin mayor problema. 

En este aspecto Ucrania tiene un punto muy importante, hay una sociedad civil que, a pesar de cuatro años y medio de invasión, aún tiene voz propia, aún puede ser escéptica al poder. En la memoria de cada ucraniano están más frescas que nunca la Revolución Naranja (2004) y la Revolución de la Dignidad (2014), ambos movimientos fueron capaces de imponerse frente a la elite y dar cuenta que para gobernar Ucrania los políticos deben respetar la ley. 

Esa fue la Ucrania de contrastes que vi este 2026, espero que las próximas crónicas recorriendo el país sean contando cómo se reconstruyen luego de la victoria, pero algo no cambiará, seguirán siendo una nación de valientes. 

Javier Silva Salas
Cofundador Fundación Ciudadano Austral

Este artículo forma parte de una serie de relatos de la experiencia de Javier Silva Salas, cofundador de la Fundación Ciudadano Austral, sobre su más reciente viaje a Ucrania en el contexto de vincular a la ONG chilena con instituciones ucranianas para la cooperación en la promoción de los valores de la sociedad libre en dicho país; así como también la difusión en Chile de la historia ucraniana durante el período de la ocupación soviética.

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