Es la cuarta vez que visito Kyiv y tercera desde que comenzó la invasión a gran escala, pero sigo descubriendo la capital ucraniana como si fuera la primera vez. Mis primeras impresiones al llegar son muy distintas a las dos veces anteriores. Ahora veo un mejor semblante en las personas, coincido con algunos cronistas que han visitado Ucrania últimamente, que la guerra no se siente, aunque este verano -así como el invierno pasado- han sido de los más duros, si de bombardeos o víctimas civiles se trata. 

En los días en que he estado recorriendo Ucrania, el país enfrenta una tensión de política interna. El presidente Zelensky pidió la dimisión del ministro de defensa, Mijailo Fedorov, decisión que enfrenta una fuerte oposición por parte de la sociedad civil ucraniana.

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Desde el 16 de julio de este año, todos los días a las 8 pm se reúnen afuera del teatro Ivano Frankivsk en Kyiv a insistir en el reintegro al cargo del político. La plaza es un lugar estratégico porque las ventanas del Ministerio de Defensa dan al lugar donde los ucranianos se reúnen. Estas protestas también las vi en Járkiv y las veré en Lviv.

La protesta se inicia con un minuto de silencio en que el todos se arrodillan para recordar a los Defensores caídos en el frente, le sigue la entonación del himno nacional y posteriormente vienen las consignas de protesta. Cartones y plumones son las armas de la sociedad civil, cuyos letreros piden por transparencia, menor corrupción y la vuelta del político a su cargo ministerial. Todo acontece en un perfecto orden y paz. 

A diferencia del país agresor, donde incluso si alguien porta un letrero en blanco puede ir a la cárcel, en Ucrania hay espacio para la libertad de expresión, incluso para un extranjero como yo que solo observa, ningún policía me pidió identificación ni nada, es un país que lucha por mantener dicha libertad. 

A la mañana siguiente la primera sirena del día sonó a eso de las 7 am, como si fuera un despertador. La rutina de más de 1.600 días de invasión no cambia, como tampoco ha cambiado la capacidad de sobreponerse de los ucranianos. 

Es mediodía, entre una tormenta eléctrica estival con truenos y alertas de bombardeo, en un principio no me quedó claro si lo que escuché fue un misil golpeando en algún barrio de la ciudad o un trueno. Lamentablemente, uno de esos sonidos no fue de la naturaleza, sino enviado por Moscú. Un misil que dejó 6 personas fallecidas.

Así va sucediendo este día en Kyiv, en la estación Arsenalna hay muchas personas en los andenes esperando que la alarma sea levantada. Pero también hay gente que va en las escaleras hacia la superficie, me sumo a ellos y abandono la seguridad de estar 105 metros bajo tierra. 

Voy hacia un recorrido ya visitado otras oportunidades: Al Monasterio de las Cuevas de Kyiv, un lugar sagrado para la ortodoxia ucraniana que fue atacado hace pocas semanas atrás. Mientras uno se acerca caminando, los edificios cercanos van mostrando los daños del ataque. Un panorama que se repite en muchos barrios kievitas. 

El Monumento a la Madre Ucraniana en Kyiv, la capital de Ucrania, es un punto que en los últimos años ha sido parte también de la disputa simbólica, del deseo de los ucranianos de olvidar los años de ocupación comunista. Hace un par de años a esta estatua se le reemplazó el símbolo comunista que tenía en su escudo por el tridente ucraniano. 

En el lugar pasea una madre vestida en uniforme militar junto a su hijo de unos diez años. La zona también tiene un museo militar, quizás ellos van a conocer lo que otros soldados han logrado por Ucrania en el pasado, cada rincón de Kyiv es un espacio para reforzar la identidad y el patriotismo.

La tormenta de hace un par de horas ya quedó atrás, el cielo comienza a despejarse y yo quiero volver a Maidan. La Plaza de la Independencia es el corazón de Kyiv donde la ciudad se ha volcado en cada revolución que han iniciado para lograr la anhelada libertad. Cada año las banderas que hay en el lugar van aumentando en número, cada una representa a un Defensor del país caído en el frente. Por primera vez veo una bandera chilena ahí. 

Bryan Jara tenía 29 años, la prensa chilena dio cobertura para informar de su desaparición en enero de 2025 mientras estaba desplegado en la zona de Kursk, en territorio ruso. En el espacio donde está su fotografía hay decenas de imágenes de soldados de sudamérica, principalmente colombianos. La bandera chilena lleva estampado el escudo de la Brigada de Operaciones Especiales Lautaro junto al de la 59° Brigada de Asalto Independiente de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

Dos soldados latinoamericanos están también en la plaza, buscando las imágenes de sus camaradas, uno de ellos me cuenta que es colombiano, que sirvió nueve meses en el ejército, me apunta varias fotos de sus compañeros de armas. No le sigo haciendo más preguntas, Maidán no es un cementerio, pero se ha convertido en un espacio solemne para rendir tributo a los caídos. Yo hago lo mismo con mi compatriota. 

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Para quien no conoce Kyiv podría ser muy extraño estar hablando en español en el centro de la ciudad, pero de alguna forma u otra, termino hablándolo con alguien, ya sea en el refugio mientras hay un bombardeo, como me sucedió en la anterior visita o como en plaza Maidan o bien en un café muy cerca del edificio del ayuntamiento de la ciudad. 

Aún hablando en español, el tiempo siempre es escaso, no alcanzo a hacer todas las preguntas. ¿Se puede ser opositor a Zelensky sin ser pro ruso? ¿Existe tal oposición? Preguntas que guardaré acá y las haré en mi siguiente parada: Lviv. 

Javier Silva Salas
Cofundador Fundación Ciudadano Austral

Este artículo forma parte de una serie de relatos de la experiencia de Javier Silva Salas, cofundador de la Fundación Ciudadano Austral, sobre su más reciente viaje a Ucrania en el contexto de vincular a la ONG chilena con instituciones ucranianas para la cooperación en la promoción de los valores de la sociedad libre en dicho país; así como también la difusión en Chile de la historia ucraniana durante el período de la ocupación soviética.

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