La decisión de apartar al senador Pedro Araya de la Comisión de Constitución del Senado abre una discusión que trasciende las diferencias internas con algunos senadores de Socialistas: ¿puede la centroizquierda renunciar a su histórica vocación de construir acuerdos porque estos se alcancen con un gobierno de signo político distinto?
Resulta legítimo preguntarse por qué hoy se cuestiona a Araya por buscar entendimientos en seguridad, cuando hace pocos meses el senador Ricardo Celis, junto con otros parlamentarios del PPD, participó en negociaciones con el ministro Jorge Quiroz para introducir modificaciones a la denominada megareforma.
En ambos casos existe una misma herramienta democrática: el diálogo para incidir en decisiones relevantes para el país.
También es difícil comprender que algunos senadores confundan la disciplina partidaria con la uniformidad de pensamiento, o la oposición firme con el rechazo sistemático a cualquier entendimiento.
La crítica es legítima y necesaria, pero pierde fuerza cuando se transforma en descalificación personal o sanción contra quienes ejercen su mandato con autonomía. Dialogar con el Gobierno no equivale a claudicar, ni todo acuerdo constituye una traición a las propias convicciones.
La centroizquierda chilena no construyó su historia desde la inmovilidad ni el veto, sino transformando convicciones en reformas, construyendo mayorías y poniendo los intereses permanentes del Estado por encima de las disputas circunstanciales.
Negociar no significa renunciar a los principios ni entregar un cheque en blanco al Gobierno. Significa defender posiciones y procurar que los acuerdos se traduzcan en mejores políticas públicas. Las discrepancias son legítimas; convertirlas en motivo de exclusión política merece una reflexión profunda.
Chile necesita una centroizquierda con identidad y vocación de Estado: una oposición firme, fiscalizadora y responsable, sin confundir la defensa de sus ideas con la imposibilidad de dialogar. Porque los acuerdos no son patrimonio de un gobierno ni una concesión ideológica: son instrumentos democráticos al servicio de Chile.
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