La reciente Cuenta Pública 2026 del Ministerio de Defensa surge en un periodo donde la seguridad dejó de ser un tema especializado y terminó formando parte de la conversación cotidiana. No es algo aislado: el país enfrenta presiones en las fronteras, redes criminales, ataques informáticos y una percepción constante de fragilidad.

En ese contexto, el informe comienza con una frase que marca el tono general: “la Defensa Nacional es una tarea permanente del Estado”. Más que una consigna, es una manera de darle sentido a la discusión en medio de un escenario que cambia con rapidez.

La propuesta del Ministerio se articula en tres etapas, como un intento de ordenar prioridades en medio de un ambiente cargado de tensiones.

En el corto plazo, la atención está puesta en recuperar control territorial, reforzar la vigilancia en zonas limítrofes y asegurar la infraestructura esencial. La ciberseguridad dejó de ser un asunto incipiente y pasó a convertirse en una necesidad inmediata: los incidentes recientes evidenciaron que Chile requiere herramientas más robustas y una coordinación que no dependa de soluciones improvisadas.

A mediano plazo, el enfoque se mueve hacia el avance tecnológico y el fortalecimiento de la industria de defensa. No es únicamente renovar material, sino desarrollar capacidades propias: comunicaciones satelitales, mecanismos de alerta temprana, infraestructura resistente y presencia activa en zonas extremas. La Antártica retoma protagonismo como territorio estratégico y científico, donde Chile aspira a sostener una presencia que ha sido tradicional, pero que hoy demanda actualización y permanencia.

El informe también destaca la importancia de contar con un marco legal que respalde estas líneas de acción. Por eso afirma que “estas prioridades se alinean con la agenda legislativa en curso”. La Ley de Infraestructura Crítica, la reforma al Sistema de Inteligencia y la Ley de Ciberseguridad buscan entregar soporte jurídico a una visión que aspira a mantenerse más allá de los cambios de gobierno. En un país donde cada administración trae su propio plan, la Defensa intenta levantar uno que no esté atado al ciclo electoral.

El tono del documento es moderado, incluso prudente. No recurre a exageraciones ni a grandes anuncios. Más bien, intenta reflejar continuidad institucional en años donde las Fuerzas Armadas han enfrentado múltiples exigencias: pandemia, incendios, lluvias, control fronterizo, apoyo en la Macrozona Sur y Norte, y presencia en operaciones fuera del país.

El mensaje que se desprende es directo: la Defensa debe funcionar como un pilar estable, capaz de atender lo inmediato sin descuidar lo que requiere permanencia.

La duda que permanece es ¿cómo esta mirada logrará instalarse en la discusión pública?. Chile habla de seguridad a diario, pero rara vez lo hace desde una perspectiva de largo plazo. La propuesta del Ministerio apunta precisamente a eso: establecer un camino en medio de la confusión, levantar capacidades que no dependan del vaivén político y proyectar una institucionalidad que pueda sostenerse con el paso de los años.

Juan Pablo Silva Ross
Contador Auditor.
Magister en Seguridad, Defensa y Relaciones Internacionales (ANEPE).

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