Chile enfrenta una de las transformaciones demográficas más significativas de su historia reciente. En 2025, la tasa de fecundidad alcanzó un mínimo histórico de 0,99 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. De mantenerse esta tendencia, se proyecta que en 2028 las defunciones superarán a los nacimientos y que, a partir de 2036, la población chilena comenzará a disminuir.

Sin embargo, la baja natalidad no debe entenderse únicamente como una crisis demográfica. Más bien, refleja una profunda transformación social y cultural en las decisiones reproductivas y en la manera en que las personas conciben sus proyectos de vida y la formación de una familia. Por ello, el desafío no consiste en aumentar la natalidad a cualquier costo, sino en generar las condiciones que permitan a quienes desean ser madres o padres concretar ese proyecto.

En este contexto, surge el Plan Chile Renace, una iniciativa que busca abordar los múltiples factores asociados a la baja natalidad mediante el fortalecimiento de políticas públicas orientadas a facilitar la formación de familias. Dado que se trata de un fenómeno complejo y multifactorial, cualquier estrategia destinada a enfrentarlo requiere una mirada integral que considere las distintas barreras que enfrentan las personas para ejercer su proyecto reproductivo.

Una de ellas es la infertilidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas en edad reproductiva experimenta problemas para concebir. En Chile, esta situación afecta a cerca del 15% de la población en edad fértil y plantea la necesidad de garantizar un acceso oportuno a atención especializada y tratamientos adecuados.

En consecuencia, el desafío no radica únicamente en incrementar las cifras de natalidad, sino también en asegurar que quienes desean formar una familia cuenten con las condiciones sanitarias, sociales y económicas necesarias para hacerlo.

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Si bien el país ha avanzado en el acceso a tratamientos de fertilidad, aún persisten brechas que dificultan que muchas personas puedan acceder a estas prestaciones de manera oportuna. Fortalecer su cobertura y disponibilidad constituye una oportunidad para apoyar a quienes enfrentan dificultades para lograr un embarazo y, al mismo tiempo, avanzar hacia una respuesta más integral frente a los desafíos demográficos que enfrenta Chile.

El verdadero desafío es construir un país donde las personas puedan decidir libremente si desean formar una familia y cuenten con las condiciones necesarias para hacerlo. Solo cuando la maternidad y la paternidad sean una elección acompañada por políticas que reduzcan la incertidumbre y faciliten su desarrollo, estaremos avanzando hacia una respuesta responsable, sostenible y acorde con la realidad demográfica del país.

Militzen Tapia Wittcke
Académica Carrera Obstetricia y Puericultura
Universidad Autónoma de Chile

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