Por estos días, figuras emblemáticas del circo chileno (declarado en diciembre Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco) están en pie de guerra contra las funciones circenses gratuitas que, en época de vacaciones de invierno, suelen ser repartidas entre la comunidad por municipalidades y organismos del aparato público.
Reunidos bajo la Asociación Gremial Circo Tradicional de Chile, y a través de una llamativa campaña en redes sociales, los artistas han defendido con fuerza sus puntos. Para el organismo (que reúne a las principales familias circenses del país, como los clanes Maluenda, Aguirre, Cárdenas, Ventura, Arriagada y Corales, entre otros), se trata de una “práctica desleal” de sus colegas, en el contexto de una de las temporadas más cotizadas del año (las vacacionrs de invierno).
El emplazamiento de la asociación, principalmente, es hacia los empresarios del rubro. “Esto pone en riesgo la supervivencia del circo chileno”, detallaron desde la entidad, que por estos días impulsa la tramitación de modificaciones a la Ley 20.216, que reconoce, protege y distingue al circo tradicional chileno ahora como patrimonio cultural inmaterial.
El reconocimiento internacional —fruto de una candidatura que tuvo patrocinio del Estado— se materializó en diciembre pasado, cuando el circo chileno de tradición familiar —práctica con más de dos siglos de historia— fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad durante la vigésima reunión del Comité Intergubernamental de la Unesco.
En la cita celebrada en Nueva Delhi, el ente también destacó el valor social del circo local, muchas veces organizando funciones solidarias cuando las comunidades son afectadas por desastres naturales. A lo largo de las décadas, el rubro también se ha vuelto un espacio inclusivo para mujeres, personas LGTBIQ+ y artistas históricamente marginados.
“El problema puntual es que en 200 años de historia siempre se han regalado entradas. Pero, de repente, nuestros compañeros encontraron que había un nicho perdido en las ventas al interior del circo, y que era buena idea llenar el circo para que la gente pudiera comprar los souvenirs y las cuotas de alimentación”, cuenta Gastón Maluenda, presidente de la Asociación Gremial Circo Tradicional de Chile, quien explicó sus argumentos a La Radio.
“Entonces, entregan gratis las entradas del circo, ponen un patio de comidas y les va muy bien. Y les va tan bien, que se agregan los concejales y los alcaldes. Y todos los circos, prácticamente, quedan mirando. Luego, a esos circos les empieza a ir bien y la gente entra gratis a estos otros negocios externos, que no son el circo”, explicó.
De acuerdo a Maluenda, heredero de una larga tradición familiar ligada al sector (Los Tachuela), “con esto, la gente entra gratis a eso que está protegiendo la Unesco. Y adentro, se encuentra con un patio de comidas… Esto va en desmedro de los circos pequeños”, lamenta.
Según datos de la Asociación Gremial Circo Tradicional de Chile, hoy existen alrededor de 20 circos “en pausa”: compañías que no pueden salir de gira debido a problemas económicos por baja recaudación.
“Hay una deslealtad de estos circos para con el circo chileno”, plantea Maluenda. “Porque hoy en día, el circo tiene que trabajar con entradas cortadas en boletería, no con una entrada gratis a un patio de comidas que no tiene ningún permiso. El permiso (con el que operan) es para el circo, no para las ventas que se están haciendo en el interior”, sostiene.
Para Maluenda, el hecho que agrava la falta es la participación de autoridades comunales en esta tendencia que, a su juicio, está extendida a lo largo de Chile. “Aquí el municipio hace caso omiso y entra al juego de regalar entradas para su uso personal, para ganar adeptos para las próximas elecciones. Entonces, además, el circo está siendo utilizado por estos políticos”.
Según denuncias de la Asociación, ya es común ver a concejales regalando centenares de entradas en el Gran Santiago. “A veces 5 mil entradas en las ferias y en las plazas”, especifican. “Están aprovechándose de una tradición que tiene más de 5 mil artistas y 150 circos en Chile. Los circos pequeños ya tienen ciudades muertas, donde no entran. Un circo en Calera me dijo: ‘Calera murió para el circo"”, afirma Gastón Maluenda.
Circos en Chile: una historia familiar
La historia del circo en Chile se remonta a principios del siglo XIX, y está indisolublemente ligada a los sectores populares de la sociedad local. Antes de las compañías de largas caravanas de autos y camionetas, con grandes carpas y batacas yendo de ciudad en ciudad, las artes circenses se manifestaban en forma fragmentada.
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Las primeras funciones datan de mediados del siglo XIX, con muestras de acrobacia, volatines y exhibiciones con caballos amaestrados. El nacimiento del circo chileno como tal, sin embargo, se remonta a 1885, cuando la familia de los hermanos Pacheco arribó a Valparaíso para fundar la primera compañía netamente nacional.
“El primer circo que surgió como una gran empresa fue el Circo Las Águilas Humanas, continuando este camino Los Tachuela, Los Montes de Oca, Los Caluga, Los Mazzini, los Farfán, los Ventura y Los hermanos Corales, entre otros”, acota un artículo del Archivo Nacional, dependiente del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.