Valorar la relevancia cultural y social de estos objetos implica respetar, respaldar y cuidar a los pueblos que componen nuestro territorio intercultural.

Cuando se observa el patrimonio cultural, este suele asociarse a los territorios y sus habitantes, abarcando costumbres y tradiciones, pero también a quienes construyeron o dieron vida a aquellas manifestaciones artísticas y arquitectónicas.

Al evocar el legado local, una de las controversias recurrentes se vincula con la usurpación de moáis durante el siglo XIX, piezas que fueron trasladadas a Europa y que actualmente se exhiben en diversos museos internacionales como parte de sus colecciones.

Pese a que la isla aún no formaba parte del territorio chileno cuando ocurrió dicho despojo, el Estado ha respaldado diplomáticamente la demanda del pueblo rapanui por el retorno de sus objetos patrimoniales. Esta postura apela a la soberanía y fomenta instancias de diálogo con las autoridades de Reino Unido -donde se encuentran los dos moáis-, dejando heridas abiertas en torno a la justicia patrimonial en nuestro territorio.

Este debate adquiere una vigencia renovada a raíz de las acciones del presidente de Francia, Emmanuel Macron, tras la reciente promulgación de la ley que establece un marco general para agilizar la devolución de bienes culturales exhibidos en museos franceses y obtenidos mediante apropiación indebida y muchas veces violenta.

Dicha señal política abre un panorama optimista para las reclamaciones globales de restitución, un beneficio que podría alcanzar a Chile en sus propias gestiones patrimoniales.

Valorar la relevancia cultural y social de estos objetos implica respetar, respaldar y cuidar a los pueblos que componen nuestro territorio intercultural.

En este escenario, el Estado chileno asume una responsabilidad ineludible con las artes y la cultura local, entendiéndolas como pilares fundamentales de nuestro progreso, desarrollo y crecimiento social.

¿En qué se beneficia el país con la devolución de estos objetos? La utilidad de este retorno no debe medirse exclusivamente desde una perspectiva económica. La identidad, en tanto categoría que nutre y fortalece la cohesión social, se ve robustecida mediante este tipo de acciones reivindicativas.

Por ello, avanzar en consultas ciudadanas, campañas informativas, el posicionamiento de la temática en la opinión pública y el diseño de políticas sociales en el ámbito patrimonial constituye un deber fundamental de los gobiernos de turno, especialmente ante una demanda histórica que aún no encuentra una solución definitiva.

El desenlace de las restituciones de objetos patrimoniales por parte de Francia a diversas naciones africanas se instala hoy como un hito de justicia cultural, un precedente plenamente replicable para la realidad latinoamericana y para la problemática abierta tras el desarraigo de los moáis de su tierra ancestral.

Dr. Hernán Riquelme Brevis
Director Magíster en Patrimonio y Turismo
Universidad Autónoma

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile