Cuando los detectives llegaron a allanar los distintos domicilios de los Cisternas-Gaete, se encontraron con una sorpresa. A diferencia de lo que suele ocurrir con clanes familiares dedicados a negocios ilícitos, esta vez no había sistemas especiales de vigilancia, puertas reforzadas ni medidas de seguridad adicionales a las de una vivienda promedio. Era como si nunca hubieran imaginado que la policía terminaría tocándoles la puerta.
—Puede ser que no estaban realmente conscientes de que lo que venían haciendo era un delito grave que podría llevarlos a la cárcel —apunta una fuente de la Unidad de Investigación de Bío Bío que ha conocido al dedillo la indagatoria.
Y es que, en casi una década de operaciones al margen de la ley, la organización criminal dedicada a la captación y retransmisión ilegal de señales televisivas mediante la tecnología de Televisión por Protocolo de Internet (IPTV, por su sigla en inglés) llegó a generar ingresos por cerca de $4.500 millones. ¿Las principales plataformas? Ultra IPTV y Mega IPTV.
Como sea, pese a las denuncias de las compañías afectadas (en 2018 y 2019) y sendas alertas de la Unidad de Análisis Financiero (UAF) —que informó a la Fiscalía sobre operaciones sospechosas en julio de 2019 y febrero de 2020—, la organización consiguió mantenerse funcionando durante todos estos años. No fue sino hasta octubre de 2026 cuando la Fiscalía de Alta Complejidad y Crimen Organizado de la Fiscalía Regional Metropolitana Oriente, en coordinación con la Policía de Investigaciones (PDI), logró ponerle freno.
En el centro de la trama aparece Bruno Patricio Cisternas Gaete, hijo de quien puso en marcha el negocio en 2017. Se trata de un joven de perfil reservado, con amplios conocimientos informáticos y una particular afición por la aviación. Fue el que —según los investigadores— llevó el negocio al siguiente nivel.
Quienes reconstruyeron parte de su vida cotidiana lo describen como alguien que pasaba buena parte del tiempo frente al computador, entre labores informáticas y simuladores de vuelo. Sin embargo, a medida que el negocio prosperaba, también crecía su capacidad adquisitiva. Decenas de viajes al extranjero —principalmente a Estados Unidos—, vehículos de alta gama y una afición por la aviación que terminó incluyendo una avioneta comenzaron a dibujar un patrimonio difícil de conciliar con sus ingresos declarados. Ese contraste se convertiría en una de las piezas clave de la investigación que terminó por desarticular al clan.
Negocio familiar
En 2017 Luis Patricio Cisternas Marín, padre de Bruno, decidió darle forma y poner en marcha su pyme. El negocio consistía en la comercialización de señales televisivas a través de internet de forma pirata. En simple, lo hacía sin contar con las autorizaciones correspondientes para retransmitir los contenidos que ofrecía a sus clientes.
Al poco andar Bruno comenzó a involucrarse cada vez más en el emprendimiento familiar y así adquirió una estructura más sofisticada. Según reconstruyeron los investigadores, el joven, que para entonces ya contaba con conocimientos informáticos, constituyó sociedades que permitieran canalizar los ingresos de la actividad. Una de ellas fue Grupo CG SpA, creada en abril de 2020 y que, de acuerdo con la tesis de Fiscalía, terminó convirtiéndose en una pieza clave para dar apariencia de legalidad a los recursos obtenidos.
—Cuando Bruno cumple su mayoría de edad crea empresas de fachada, empresas fantasma, continuando con este negocio ilícito. Lo hace para poder legitimar todos estos ingresos de origen ilegal —explica Luis Navarrete, jefe de la Brigada Investigadora de Lavado de Activos Metropolitana de la PDI. Eso, añade el oficial, permitió al joven comenzar a disponer de grandes cantidades de dinero y adquirir bienes de alto valor.
El mecanismo detrás del negocio era tan sencillo de explicar como difícil de rastrear. La organización captaba señales de operadores legales de televisión de pago, como DirecTV, Movistar, VTR y Claro, para posteriormente retransmitirlas sin autorización mediante servidores y plataformas propias. Así, los clientes podían acceder a una amplia parrilla de canales y contenidos audiovisuales a cambio de suscripciones considerablemente más baratas que las ofrecidas por las compañías titulares de los derechos.
De hecho, según consta en el expediente al que accedió Bío Bío Investiga, Ultra IPTV comercializaba planes mensuales desde $4.990, mientras que Mega IPTV ofrecía suscripciones desde $5.990. Los pagos se realizaban mediante transferencias bancarias directas o intermediarios como Flow, Khipu y Mercado Pago, que permitían recaudar los ingresos de miles de usuarios sin que estos necesariamente conocieran la procedencia irregular de los contenidos.
Pero el negocio no se limitó a padre e hijo. Con el paso de los años, otros integrantes de los Cisternas-Gaete comenzaron a participar en la estructura. Entre ellos figuraban María Elena Gaete Cerda, esposa de Luis y madre de Bruno; Bárbara Elena Cisternas Gaete, hermana del joven; y otros familiares y cercanos que, según la investigación, hicieron de testaferros al poner a disposición sus cuentas bancarias para recibir, transferir y distribuir los recursos provenientes de las plataformas.
Precisamente esa red de cuentas, sociedades y transferencias fue la que permitió que el dinero circulara entre los distintos involucrados. De acuerdo con Fiscalía, Grupo CG SpA, constituida por Bruno, transfirió más de $665 millones a otros integrantes de la organización. Los investigadores sostienen que esta modalidad dificultaba seguir la ruta de los fondos y permitía introducirlos en el sistema financiero formal bajo una apariencia de legalidad.
Luces rojas
Las primeras señales de alerta, sin embargo, no tardaron en aparecer. En julio de 2018, Twentieth Century Fox Film Corporation y Fox Latin American Channels denunciaron ante el Ministerio Público que Ultra IPTV comercializaba y retransmitía sus contenidos sin autorización. En noviembre de 2019, Telefónica Chile hizo lo propio por infracciones a la propiedad intelectual y lavado de activos, acusando que señales extraídas desde decodificadores de operadores legales eran redirigidas a servidores para su posterior comercialización. Ambas investigaciones terminaron agrupándose en diciembre de ese año.
Pero las advertencias no provenían únicamente de las empresas afectadas. El 19 de julio de 2019, la Unidad de Análisis Financiero (UAF) remitió a Fiscalía un oficio reservado que daba cuenta de nueve Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) relacionados con tres integrantes del clan: Luis Patricio Cisternas Marín, su hija Bárbara Elena Cisternas Gaete y Lucila de las Mercedes Cerda Jiménez. ¿El motivo? Millonarios movimientos bancarios sin justificación económica, pese a que ninguno registraba inicio de actividades ante el Servicio de Impuestos Internos (SII).
Los montos eran reveladores. Según consta en antecedentes tenidos a la vista por esta Unidad de Investigación, Luis Cisternas acumulaba para entonces más de $618 millones en abonos bancarios, de los cuales cerca de $589 millones provenían de plataformas recaudadoras como Flow. Bárbara, por su parte, registraba ingresos superiores a $112 millones mediante mecanismos similares, mientras que Lucila Cerda, tía de la esposa de Luis, acumulaba operaciones con tarjetas de crédito por unos $175 millones, principalmente asociadas a servicios informáticos y publicidad digital.
Las alarmas volvieron a encenderse el 24 de febrero de 2020. Esta vez, la UAF informó sobre posibles maniobras de ocultamiento de fondos protagonizadas por Luis y Bárbara Cisternas. El primero había efectuado movimientos bancarios por más de $350 millones, principalmente retiros de dinero en efectivo. Su hija, por su parte, registraba compras recientes que sumaban más de $83 millones, pese a no declarar ingresos que las justificaran.
Bruno y el auge del negocio
Denuncias y reportes aparte, la aceitada maquinaria continuó funcionando. Con el paso de los años, Bruno comenzó a ganar cada vez más protagonismo en el negocio familiar y, en paralelo, a disfrutar de una vida cada vez más acomodada. El crecimiento también obligaba a contar con una infraestructura tecnológica capaz de responder a la demanda de suscriptores, en un mercado que encontró terreno fértil durante la pandemia, cuando el confinamiento disparó el consumo de contenidos audiovisuales por internet y favoreció la expansión de plataformas alternativas a los servicios tradicionales.
En ese contexto, los Cisternas-Gaete invirtieron en equipamiento tecnológico para fortalecer su infraestructura. Según consta en la carpeta de investigación, en septiembre de 2022 Bruno importó desde Estados Unidos un servidor de datos Dell PowerEdge R440 y dos equipos de red Arista, por un valor conjunto cercano a los US$9.500. A ello se sumaron otras dos importaciones de equipos de similares características realizadas por Grupo CG Limitada entre 2022 y 2023.
Pero mientras el negocio crecía, Bruno también comenzaba a desarrollar una faceta que poco tenía que ver con la TV pirata. Como se dijo, su principal afición era la aviación. De hecho, según reconstruyeron los investigadores, pasaba buena parte de su tiempo frente al computador y utilizando simuladores de vuelo. Con los años, aquel pasatiempo virtual terminó convirtiéndose en una actividad que pudo comenzar a practicar en la vida real.
De acuerdo con los antecedentes de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) incorporados al expediente, Bruno obtuvo su licencia de piloto privado de avión el 8 de septiembre de 2023. Posteriormente sumó nuevas habilitaciones, incluida la de instructor de vuelo, otorgada el 24 de marzo de 2025. Una trayectoria que también comenzó a exhibir en redes sociales.
En Instagram y TikTok utilizaba el nombre @brunopilotcl, donde compartía principalmente contenidos relacionados con su afición por volar. En su perfil de Instagram se presentaba como un piloto comercial en formación e instructor de vuelo, mientras que en sus publicaciones aparecía una aeronave que terminaría siendo una de las incautaciones más llamativas del operativo policial: una avioneta Piper PA-28-140, fabricada en 1965.
La aeronave, según los registros de la DGAC citados por Fiscalía, estaba inscrita a su nombre desde noviembre de 2023. Era, en definitiva, la materialización de una afición que había comenzado frente a una pantalla y que terminó llevándolo a convertirse en piloto e instructor de vuelo. Una actividad cuyo costo contrastaba, según la investigación, con los ingresos que declaraba formalmente.
Autos gama alta y casa al contado
La aviación era solo una parte de la vida que Bruno Cisternas había conseguido construir. Los automóviles de alta gama también ocupaban un lugar importante. Según los registros del Servicio de Registro Civil incorporados a la investigación, el joven adquirió en diciembre de 2021 un Mercedes-Benz por casi $55 millones, pagados en efectivo. En septiembre de 2022 sumó un vehículo Ford por cerca de $42 millones, mientras que en enero de 2024 compró un BMW M240i Coupé, año 2023, avaluado comercialmente en unos $52 millones.
No era el único BMW al que tenía acceso. Su madre, María Elena Gaete Cerda, figuraba como propietaria de un BMW X6 xDrive 30d, año 2020, que también formaba parte de los vehículos utilizados por la familia. Pero hubo un tercero que despertó especial interés entre los investigadores: un Tesla blanco que, aunque no aparecía inscrito a nombre de Bruno ni de otros imputados consultados, fue observado por detectives durante las vigilancias en el exterior del domicilio de su novia en Peñalolén.
Bruno a bordo de uno de los BMW a los que tenía acceso | RRSS
Precisamente, una de las interceptaciones telefónicas incorporadas al expediente permite reconstruir cómo estos vehículos formaban parte de su vida cotidiana. El diálogo ocurrió el 1 de septiembre de 2025, cuando Bruno sostuvo una conversación con su pareja, L.N.A.P., mientras coordinaba el retiro de uno de los automóviles desde un servicio técnico.
—¿Aló?
—¿Cómo está mi princesita?
—Despertando, ¿y tú?
—Bien, mi vida… Ya voy de vuelta a la casa.
—¿Y en qué andas?
—Resulta que llegué allá a la BMW… Y este gallo, el asesor de servicio… Es muy malo para comunicarse por WhatsApp. Como que no pesca. Y llego allá y me dice que mi auto está listo para retiro y que lo va a tener listo a las cuatro de la tarde. Así que me voy a la casa, voy a almorzar y lo voy a buscar más tarde.
—Ah… Lo vas a buscar… ¿Es el X6?
—Sí, pero mi papá se equivocó con el mantenimiento. Ahora no le toca mantenimiento. Le voy a enseñar bien a mi papá.
—Ya, entonces, ¿tú te vienes en el X6 o en el Tesla?
—En el Tesla voy de vuelta, porque la idea era ir con mi papá a dejar la X6 y volver en el Tesla a la casa.
Pero si los vehículos daban cuenta de su capacidad adquisitiva, las operaciones inmobiliarias ofrecían otra pista sobre la circulación del dinero. Según el expediente, el 30 de diciembre de 2024 Bruno adquirió una propiedad en Puente Alto por $45 millones, que de acuerdo con la escritura pública fueron pagados al contado.
Nueve meses después, el 1 de septiembre de 2025, otra conversación telefónica interceptada por la policía dejó al descubierto las dudas que rodeaban aquella operación. Esta vez, el joven hablaba con una mujer identificada como Lucía, quien le consultaba por las condiciones de la compraventa y la posibilidad de acreditar el pago.
—¿Aló? ¿Lucía?
—Vuelvo al punto directo. Quiero saber quiénes son, ¿qué relación de parentesco tienes con las personas que te vendieron?
—No, somos conocidos. De ahí de… Es que mis primos viven ahí, en esa villa.
—¿Por qué te lo vendieron a tan bajo precio?
—Porque estaban en un apuro en ese momento y yo tenía la plata para comprarla a un precio bajo, y por eso la pudimos comprar a ese precio.
—Te lo pregunto porque cuando una propiedad es comprada a menor precio que el avalúo fiscal, los vendedores tienen derecho a pedir que se anule la venta.
—¿Ya?
—Entonces, en este caso, para asegurar la venta a Patricia, los vendedores… No sé si los vendedores y tú… No sé quiénes, porque en realidad tengo que aclararlo con Jorge, pero hay que firmar algo que se llama como… un poder que dice que tú no vas a reclamar nada, ¿entiendes? Entonces yo tengo que explicar esta situación a Jorge. Cómo se vendió… ¿Tú pagaste esa plata? ¿Pagaste los cuarenta y tantos millones?
—Sí.
—¿Puedes demostrar que pagaste esa plata?
—Eh… No… No, si esto fue hace rato igual. Fue hace mucho tiempo…
—Bueno, entonces ahora lo que hay que hacer es que Jorge me tiene que indicar cómo hacerlo. Pero va a haber que firmar algo aparte de la escritura.
La propiedad, además, terminaría protagonizando otra operación llamativa. Según los antecedentes recopilados por el Ministerio Público, Bruno la vendió el 17 de septiembre de 2025 por $100 millones, pagados mediante vale vista. Es decir, menos de nueve meses después de haberla comprado, consiguió venderla por más del doble de su precio original. Para Fiscalía, la operación constituye un antecedente de las presuntas maniobras destinadas a ocultar o disimular el origen de los fondos.
La ruta del dinero
Detrás de los vehículos, las propiedades y la avioneta había un entramado financiero que los investigadores tardaron años en reconstruir. Según los antecedentes recopilados por la PDI, la organización se valió de sociedades de fachada, familiares y personas de confianza que facilitaron sus cuentas bancarias para recibir y redistribuir los pagos de las suscripciones. El mecanismo permitió movilizar miles de millones de pesos y dificultó seguirles el rastro a los recursos obtenidos mediante Ultra IPTV y Mega IPTV.
En entrevista con Bío Bío Investiga, la subprefecta de la Brigada Investigadora de Delitos contra la Propiedad Intelectual (BRIDEPI) de la PDI, unidad que encabezó las diligencias por la comercialización ilegal de las señales televisivas, profundizó en la conformación de la estructura criminal, con Luis Cisternas y su hijo Bruno como figuras centrales del clan familiar. A ellos se sumaron otros imputados que, según la investigación, actuaban como testaferros y facilitaban la circulación de los recursos.
—Su mecanismo de trabajo era a través de cuentas e ingresos de manera ilícita. Además, ellos no declaraban nada al Servicio de Impuestos Internos, por lo tanto, no había una fiscalización de su empresa. Por eso, el crecimiento fue tan rápido —explicó la oficial, quien agregó que el incremento patrimonial fue progresivo y permitió a los investigados acceder a propiedades, vehículos y viajes.
Las cifras que arrojó el análisis financiero dan cuenta de la magnitud de las operaciones. Según el expediente de Fiscalía, Luis Patricio Cisternas Marín registró una diferencia de $2.651 millones entre sus ingresos declarados y los movimientos bancarios examinados. En el caso de Bruno, la cifra llegó a $1.086 millones. A ello se sumaron otros $736 millones sin justificar detectados en Grupo CG SpA, sociedad constituida por el joven para desarrollar actividades informáticas y que, de acuerdo con la tesis del Ministerio Público, fue utilizada para dar apariencia de legalidad a parte de los recursos provenientes del negocio.
El dinero no permanecía necesariamente en las cuentas donde se recibían los pagos. Los investigadores identificaron transferencias entre integrantes de la familia, movimientos hacia sociedades relacionadas y retiros en efectivo. Solo en las cuentas de Luis Cisternas se detectaron operaciones en efectivo —entre depósitos y giros— por aproximadamente $837 millones. Para los detectives, esta circulación y fragmentación de los fondos constituía una de las principales maniobras destinadas a dificultar su trazabilidad.
—El resto de los familiares, la participación de ellos era prácticamente exclusiva de prestacuentas o testaferros para triangular estos dineros. Y estos dineros llegaban al líder de distintas formas: directamente a través de las cuentas de los testaferros, pero también pasaban a través de estas empresas, conocidas como de papel o pantalla —detalló a Bío Bío Investiga el jefe de la Brigada Investigadora de Lavado de Activos Metropolitana.
El trabajo policial estuvo lejos de ser sencillo. Según ambos oficiales, los detectives debieron examinar cerca de 200 cuentas bancarias, pertenecientes a 17 personas investigadas y tres sociedades. La revisión abarcó más de cinco años de operaciones e implicó cruzar información bancaria, tributaria y patrimonial, además de solicitar sucesivos antecedentes a las instituciones financieras. Algunas personas, incluso, mantenían entre 20 y 30 cuentas bancarias, de acuerdo con lo señalado por la subprefecta.
—Tuvimos también una dificultad porque en las cartolas bancarias la identificación de un pago solamente decía “pago proveedores”. Directamente no podíamos vincularlo. Tuvimos que volver a preguntar, a pedir más detalles para finalmente poder identificar que estos depósitos estaban vinculados a clientes que pagaban un plan mensual o un plan trimestral —relató Navarrete sobre las dificultades del seguimiento financiero.
Fue precisamente ese trabajo el que permitió a la PDI vincular los ingresos de las suscripciones con la adquisición de bienes. En total, la investigación identificó cinco propiedades avaluadas conjuntamente en más de $1.100 millones, además de cuatro vehículos de alta gama por aproximadamente $150 millones y la avioneta inscrita a nombre de Bruno.
La caída del clan
El golpe definitivo a la organización se asestó el 21 de octubre de 2026, cuando detectives de la PDI realizaron allanamientos simultáneos en domicilios de las regiones Metropolitana y de La Araucanía. El operativo permitió detener a 16 personas vinculadas a la organización y concretar la incautación de vehículos de alta gama, la famosa avioneta y otros bienes de interés para la investigación.
La causa, dirigida por la fiscal de Alta Complejidad y Crimen Organizado de la Fiscalía Regional Metropolitana Oriente, Constanza Encina Calquín, se formalizó ante el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago. Allí, el Ministerio Público imputó delitos vinculados a infracciones a la Ley de Propiedad Intelectual, la Ley General de Telecomunicaciones, asociación ilícita o delictiva —según la fecha de los hechos—, lavado de activos y delitos tributarios.
Las medidas cautelares más gravosas recayeron precisamente sobre los dos principales protagonistas de esta historia: Luis Patricio Cisternas Marín y su hijo Bruno Patricio Cisternas Gaete, quienes quedaron sujetos a prisión preventiva. En tanto, María Elena Gaete Cerda, esposa del primero y madre del segundo, quedó con arresto domiciliario nocturno y arraigo nacional. La misma medida se decretó respecto de Vicente Ignacio Cisternas Gaete, otro de los hijos del matrimonio.
En cuanto al resto de los formalizados incluidos en los antecedentes conocidos por Bío Bío Investiga, diez quedaron sujetos a arresto domiciliario nocturno y arraigo nacional, mientras que uno deberá cumplir arresto domiciliario total y arraigo nacional. Se trata de personas a quienes Fiscalía atribuye distintas funciones dentro de la estructura, principalmente relacionadas con la recepción, transferencia y distribución de los recursos obtenidos mediante las plataformas investigadas.