En octubre se conoció un aumento de casos de coqueluche en la región de Atacama, además de pequeños brotes en Valparaíso. Se trata de una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves, especialmente en recién nacidos y lactantes.
En ese sentido, reconocer sus señales de alerta, adoptar medidas preventivas y mantener al día el calendario de vacunación son acciones fundamentales para evitar su propagación y proteger a los grupos más vulnerables.
¿Cuáles son los efectos de la enfermedad?
Valeska Lucero, académica de la carrera de Enfermería de UDLA Sede Viña del Mar, explica que el coqueluche es causado por la bacteria Bordetella pertussis, que se caracteriza por provocar episodios de tos intensa y repetitiva que pueden prolongarse durante varias semanas. Si bien puede afectar a personas de cualquier edad, los menores de seis meses presentan un mayor riesgo de desarrollar complicaciones, debido a que su sistema inmunológico aún está en desarrollo y no han completado sus primeras dosis de vacunación.
En los casos más graves, la enfermedad puede causar neumonía, dificultades respiratorias e incluso poner en riesgo la vida de los lactantes.
“La principal dificultad del coqueluche es que, durante sus primeros días, puede confundirse con una infección respiratoria común. Esto hace que muchas personas no sospechen que tienen la enfermedad y continúen con sus actividades habituales, favoreciendo el contagio”, comenta la académica.
¿Cómo se transmite el coqueluche y cuáles son sus síntomas?
La transmisión del coqueluche ocurre de persona a persona, a través de pequeñas gotas respiratorias que se expulsan al toser o estornudar, principalmente cuando existe contacto con alguien infectado. Un aspecto importante es que adolescentes y adultos pueden presentar síntomas leves y transmitir la bacteria sin saber que tienen la enfermedad.
Durante los primeros días, el coqueluche suele manifestarse con congestión nasal, secreción por la nariz y tos leve. Sin embargo, a medida que avanza la infección, la tos puede volverse más intensa, frecuente y difícil de controlar. En algunos casos, se presentan ataques repetidos que dificultan la respiración, provocan vómitos o generan un sonido agudo al intentar tomar aire después de toser.
“En los lactantes, los síntomas pueden ser diferentes y no siempre se manifiestan con ataques de tos. Es posible que presenten pausas en la respiración, dificultades para alimentarse o cambios en la coloración de los labios y la piel. Estas señales deben ser reconocidas por las familias, ya que requieren atención médica de urgencia”, advierte la profesional. Asimismo, ante una tos persistente o que empeora progresivamente, se recomienda consultar oportunamente en un centro de salud.