Hay una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que termina la Teletón: ¿qué pasa con nosotros el lunes?

Durante 27 horas ocurre algo difícil de encontrar el resto del año. Personas que no se conocen trabajan por un mismo objetivo. Empresas que compiten colaboran. Familias de distintas realidades económicas aportan lo que pueden. Miles de voluntarios entregan su tiempo y millones de chilenos descubren que, a pesar de tantas diferencias, todavía pueden sentirse parte de algo común.

Y entonces llega el lunes.

Volvemos a nuestras rutinas, a nuestras discusiones, a nuestras urgencias. Y muchas de las personas por quienes nos movilizamos durante el fin de semana siguen encontrando las mismas dificultades para subir a una micro, conseguir trabajo, entrar a un edificio o participar plenamente de la vida cotidiana. No es una contradicción menor.

La Teletón ha contribuido a transformar la rehabilitación y la vida de miles de familias en Chile. Su historia merece reconocimiento. Pero quizás su enseñanza más importante no esté solamente en lo que hemos conseguido, sino en aquello que todavía nos falta aprender.

Porque una sociedad verdaderamente inclusiva no es aquella que se conmueve frente a la discapacidad. Es aquella que deja de construir obstáculos para quienes viven con ella.

La tradición judía conserva una enseñanza de hace casi dos mil años que resulta especialmente pertinente. Un antiguo maestro, Rabí Tarfón, decía: «No estás obligado a terminar la tarea, pero tampoco eres libre de abandonarla».

Hay algo profundamente humano en esas palabras. No nos exige resolver todos los problemas del mundo. Tampoco nos permite utilizar su inmensidad como excusa para no hacer nada.

Quizás esa sea la responsabilidad que nos deja cada Teletón.

Entender que una donación puede financiar una rehabilitación, pero que construir una sociedad inclusiva requiere algo más: decisiones, oportunidades, respeto y una disposición permanente a reconocer al otro como alguien con los mismos derechos y aspiraciones que nosotros.

Este fin de semana volveremos a emocionarnos con historias de esfuerzo, familias y profesionales que acompañan procesos extraordinarios. Y volveremos a celebrar cuando el marcador avance.

Pero sería una lástima que confundiéramos alcanzar una meta económica con haber terminado nuestra tarea.

La Teletón nos recuerda cada año que somos capaces de construir algo juntos. La verdadera pregunta es por qué esperamos un año entero para volver a demostrarlo.