Pese a toda la inestabilidad política, con el correr del tiempo, los peruanos parecen haber llegado a un consenso en torno al modelo de desarrollo a seguir.

Como ha venido sucediendo de manera reiterada, al acercarse la fecha de las elecciones presidenciales en Perú, surge la incertidumbre respecto de los diversos escenarios sobre los probables ganadores o perdedores. Con más de una treintena de candidatos en disputa, se asoman con una cierta ventaja dos contendores principales: Keiko Fujimori y el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga.

Entre ambos suman poco más del 25% del electorado, pero tienen clara ventaja sobre un segundo grupo de cuatro candidatos: Alfonso López Chau, Roberto Sánchez, Jorge Nieto y Carlos Álvarez. Éstos apenas alcanzan individualmente un 5% de apoyo.

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Las encuestas indican que alrededor del 36% del electorado está indeciso o rechaza a todos los candidatos y apenas el 43% tiene decidido su voto. En resumen, se asoma, nuevamente, un final incierto, en un sistema político fragmentado.

Pero fragmentación no es lo mismo que polarización. Los dos candidatos con más apoyo son de derecha y parecieran debatir más sobre los medios que sobre los fines.

Para ganar la segunda vuelta, Keiko deberá sobreponerse a las fuerzas anti fujimoristas de diverso orden y, en el caso de López Aliaga, si alcanza la presidencia sería la primera vez que un alcalde de la capital sea elegido al más alto cargo de la república.

Será una elección reñida. Pero tanto o más interesante es lo que ocurre en el Perú más allá de la elección de los sucesivos presidentes.

Muchos se preguntan cómo Perú ha logrado los avances económicos que muestran los principales indicadores en los últimos años, teniendo en cuenta los niveles de inestabilidad política que ha tenido en el mismo período. Esto se explicaría porque Perú ha logrado consolidar una conducción económica que da garantías de solidez profesional y le permite accionar al margen del debate político. Un Banco Central autónomo conducido por profesionales competentes es, probablemente el pilar más importante, desde el punto de vista institucional.

Pero contar con un Banco Central autónomo y profesionales competentes en el manejo de la economía no dan cuenta del cuadro completo. Si fuera así, Chile -que suele indicarse como el referente que tuvo el Perú al optar por su modelo de desarrollo- debiera haber obtenido iguales o mejores indicadores de crecimiento económico en el mismo lapso.

La explicación pareciera estar en el raro (por lo difícil de alcanzar) punto de convergencia al que parece haber llegado la mayoría de la sociedad sobre un sentido de propósito compartido. Dicho de otro modo, pese a toda la inestabilidad política, con el correr del tiempo, los peruanos parecen haber llegado a un consenso en torno al modelo de desarrollo a seguir.

Si así fuera, si nuestros vecinos del norte, después de haber dejado atrás los horrores y las secuelas del extremismo que intentó imponer el nefasto “Sendero Luminoso”, han alcanzado consenso en torno a objetivos e intereses permanentes, luego de felicitarles por ese logro, nosotros debiéramos seguir el ejemplo, perseverando en erradicar las fuentes propulsoras de la polarización.

Jorge Canelas
Embajador(r)
Investigador Instituto Libertad

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