Desde el fin de la dictadura franquista, el PSOE fue un pilar del proceso que convirtió a España en un país próspero, industrializado e integrado en Europa. Todo eso está, ahora, en peligro.

En una entrevista de hace un par de años, el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte se refirió al expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero como ese atonta’o, acusándolo de ser el responsable de la polarización y la crisis institucional que desde hace más de una década sacude a la sociedad española. El tiempo parece haberle dado la razón, luego que un juez imputara al expresidente de ser el responsable intelectual de una organización criminal dedicada al tráfico de influencias y al blanqueo de activos.

En la medida que transcurren los días -y los medios tradicionales y no-tradicionales publican detalles cada vez más escabrosos del asunto- la situación del expresidente se complica. Por lo pronto su legado progresista se observa estructuralmente comprometido.

No solamente eso: en tanto la situación legal de Zapatero se complejiza, también se afecta el prestigio y credibilidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y, por extensión, la credibilidad de la socialdemocracia en sentido amplio. Todo esto en virtud de las graves acusaciones que pesan sobre el expresidente español que, en origen, provienen de las fiscalías de Estados Unidos, Francia y Suiza.

Bambi, zorro correte’ao

Apodado bambi (por su expresión piadosa sacada de alguna pintura de Bartolomé Murillo), Zapatero, -como políticamente se le conoce- estuvo a cargo del ejecutivo español entre abril de 2004 y diciembre de 2011. Hasta entonces poco conocido, se convirtió en jefe de gobierno después de la catástrofe electoral de Partido Popular gatillada por el error del gobierno de José María Aznar, que apresuradamente culpó a los terroristas de ETA de la masacre perpetrada en estaciones de trenes de Madrid (14 marzo 2004), causado en realidad por yihadistas islámicos (en castigo por la participación de España en la fuerza multinacional que invadió Iraq).

Los detractores de Zapatero dicen que se trata de un zorro disfrazado de peluche, o, lo que nosotros en la Patagonia llamaríamos un zorro correte’ao (experimentado, audaz y ladino). Felipe González y otros líderes políticos no están de acuerdo con esto, pues consideran que Zapatero carece del intelecto para operaciones complejas. Sin embargo, en el fin del mundo sabemos que “el secreto del éxito del zorro correte’ao está en hacerse el leso”.

Después de dejar el gobierno en medio de las turbulencias de la crisis económico-financiera de 2008 (que Zapatero insistentemente negó pudiera afectar a su país, llegando a ofrecer ayuda al gobierno de Barack Obama y a afirmar que, que en ese contexto económico mundial, su país lograría el pleno empleo), el expresidente se transformó en el referente de la nueva izquierda y del buenismo progresista, rol que le sirvió de para ofrecer su asesoría y experiencia a iniciativas como las del Grupo de Puebla y la crisis de Venezuela.

Conocida es su frase que afirma que “la tierra es de nadie, solo del viento”. ¿Le suena conocido?

Es precisamente su vínculo con Venezuela lo que precipitó la caída de Bambi. Apoyado en miles de folios de investigación de la policía anticorrupción, un juez le sindicó como el cabecilla de una red que logró que, en el periodo post-Covid, el gobierno de Pedro Sánchez (su delfín en el socialismo-progresista) asignara 53 millones de euros para el rescate de la aerolínea de capitales venezolanos Plus Ultra. Recurriendo a fondos de emergencia de la Unión Europea, Sánchez estimó que dicha empresa tenía carácter estratégico para España. ¡Plop!

No solo eso, durante el trámite se omitieron detalles de la situación de Plus Ultra, por ejemplo, que ésta estaba en liquidación por deudas con el sistema de seguridad social español.

Poco a poco se sabe que la aerolínea también sirvió para introducir en España mercancías especiales (valija diplomática), que algunos afirman son parte del saqueo bolivariano de millones de dólares/euros en efectivo, lingotes de oro y drogas del Cartel de los Soles y del Tren de Aragua. Todo, al amparo de las gestiones de Zapatero ante el gobierno progresista de Sánchez, el cual, en un Consejo de Gobierno de 2021, unánimemente aprobó el rescate de Plus Ultra con fondos europeos.

El asunto tiene múltiples ramificaciones y efectos económicos, legales, políticos e ideológicos.

Ya se ha puesto en marcha una denuncia en contra el citado Consejo de Ministros de Pedro Sánchez, en especial contra nueve personas que hoy no gozan de fuero parlamentario. Por ejemplo, el exvicepresidente Pablo Iglesias, líder de Podemos, equivalente a nuestro Frente Amplió (hoy en vías de extinción). Este, al igual que Zapatero, es un connotado miembro del Grupo de Puebla, cercano al régimen del ahora procesado Nicolás Maduro (y de Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, que hoy controlan Venezuela).

En lo inmediato la causa en contra de Zapatero destapó una red de tráfico de influencias gestionada por un empresario amigo (Julito Martínez), la secretaria histórica del expresidente y un funcionario menor (en la nomenclatura de nuestro celebre Jappening con Ja: el señor Espina, la secretaria Gertrudis y el junior Peñita). La policía anticorrupción y el juez han documentado que, de los 53 millones de euros del rescate de Plus Ultra, a través de una serie de consultoras, las hijas, la cónyuge y el propio Zapatero recibieron el importe de una comisión de dineros públicos/europeos equivalente al 1% más IVA (530 mil euros o 530 millones de pesos chilenos).

No solo eso. Ocurre que las investigaciones llevaron al registro de la oficina de Zapatero (en un edificio del PSOE), en donde, entre otras cosas, se requisó una caja fuerte que contenía más de centenar de joyas.

Entre estas destacan cinco conjuntos de collares, pulseras, aros, anillos hechos con diamantes, rubíes y zafiros, que joyeros de Madrid ya tasaron en millones de euros…

La secretaria de Zapatero explicó a la Policía que se trataba de herencias y regalos recibidos por la esposa del expresidente…. También se encontraron detalles de una cuenta conjunta en un banco comercial de Zapatero y su esposa, que ha terminado por involucrar a esta última en un lío judicial de proporciones.

También a sus dos hijas, pues buena parte de las comisiones cobradas por Bambi -previo descuento de porcentajes y traspaso entre cuentas bancarias pertenecientes a varias consultoras (cuyo titular es Julito Martínez)- terminaron en cuentas de las niñas Zapatero. Luctuoso.

Para comprender la enorme gravedad del problema hay que mencionar que la actual causa judicial en contra de Zapatero por el caso Plus Ultra surge a propósito de informaciones y requerimientos formales cursados por las fiscalías de Francia y Suiza, además de aportes documentales de la Fiscalía de Miami. Antes, en 2021, una denuncia particular fue archivada por una jueza cercana al PSOE (apodada la jueza cianuro) que, al parecer a pedido del gobierno, desestimó el mérito de la denuncia.

La socialdemocracia en peligro grave, muy grave

El caso Zapatero parece estar vinculado a otras causas judiciales relativas a la corrupción del conjunto del aparato estatal español, atribuibles a la actual dirigencia del PSOE.

Por ejemplo, el llamado caso mascarillas durante el COVID (millones de euros en compras con dinero público para favorecer a conocidos a cambio de jugosas comisiones off the record), que hoy tiene en prisión al exministro de Transporte José Luis Ábalos y a su adlátere, el pintoresco Koldo García.

Durante muchos años ambos personajes fueron parte del primer círculo de influencia de Pedro Sánchez, al igual que el exencargado de organizaciones del PSOE, Santos Cerdán, hoy imputado por corrupción por la asignación a dedo de millonarias licitaciones públicas a empresas conocidas (túneles, carreteras).

En total son nueve las causas judiciales que afectan al gobierno de Pedro Sánchez y a su entorno.

Entre estas se incluyen la asignación a dedo de un puesto directivo para el hermano de Sánchez en la orgánica del gobierno de Extremadura, y la denuncia que afecta a su mujer, Begoña Gómez, a propósito de su dirección de una catedra en la Universidad Complutense de Madrid. Sin perjuicio que la señora Gómez carece de la jerarquía académica exigible para dirigir una catedra en una universidad de prestigio, ésta se puso en marcha con donaciones de conocidas empresas, que enseguida generaron una aplicación comercializada por una empresa de la propia esposa del Presidente del Gobierno.

Más grave aún: Las causas abiertas en contra la esposa y del hermano del presidente del gobierno parecen estar en el origen de una orden secreta de buscar trapos sucios de fiscales, abogados, empresarios y policías, para desprestigiarlos y archivar las acusaciones en contra de los más cercanos a Sánchez.

Si todo esto es muy grave, el problema es incluso muchísimo más complicado.

Primero, porque no solo los Partidos de oposición, sino también organizaciones de la sociedad civil y la prensa especializada (incluida la de centroizquierda), siguen revelando detalles del -para emplear una expresión flamenca- tinglado de corrupción institucional que ha montado el gobierno de Sánchez.

Aun así -mientras la infantería del PSOE exige explicaciones y líderes como el expresidente Felipe González o el Presidente de Castilla-la Mancha Federico García-Page piden elecciones en el corto plazo- en un acto de Manón el gobierno de Sánchez ha decidido -usando una expresión del ajedrez- enrocarse. El Presidente del Gobierno insiste en que terminará su periodo en 2027.

Esto, sin embargo, no es, de ninguna forma, seguro. En contexto (y en perspectiva) se trata de una decisión inútil.

Mientras Sánchez -en su ensayado estilo de estrella de Hollywood y campeón olímpico- se empeña en denunciar una conspiración fascista, las investigaciones continúan en España, Estados Unidos, Francia y Suiza. Por ello, en la medida que las revelaciones se acumulan, sus socios en el gobierno (especialmente los partidos independentistas de Cataluña y Euskadi) toman distancia. La corrupción institucional comienza a superar los máximos tolerables.

En paralelo, fuentes informadas del exilio venezolano afirman que los investigadores norteamericanos cuentan con la cooperación eficaz no solo de Maduro y su esposa, sino también de los connotados empresarios chavistas Alex Saab (antes Ministro de Industria y Producción Nacional) y Hugo pollo Carvajal, exjefe del aparato de seguridad y espionaje venezolano.

Estos podrían aportar detalles del negocio de intermediación encargado a Zapatero en materia de exportación de petróleo a China e Irán (adversarios estratégicos de Estados Unidos), ocurridas al margen de las sanciones internacionales aplicadas al régimen e Maduro. También, y quizás más grave aún, Maduro, Saab y Carvajal podrían entregar datos sobre las comisiones cobradas por Bambi Zapatero y su entorno, al igual que respecto de la coordinación de Zapatero y el PSOE de los aportes del chavismo para el financiamiento de la internacional socialista.

Ese financiamiento habría incluido contribuciones en efectivo a las candidaturas de algunos notables del Grupo de Puebla, amén del financiamiento de ciertos partidos progresistas y/o revolucionarios de América del Sur.

En un contexto internacional, esto podría ser lo más grave de todo lo grave.

Además del vínculo de Zapatero (de otros líderes del PSOE y de varios partidos progresistas de nuestra región) con el negocio del petróleo pesado venezolano exportado a precio conveniente a China y/o Irán (tratamiento químico para hacerlo comercializable), lo que parece estar revelando las causas judiciales que se ventilan en Madrid apuntan a un amoral comportamiento de la socialdemocracia española y, también, al aprovechamiento de la desgracia del pueblo venezolano por parte de un potpurrí de partidos progresista iberoamericanos.

Desde el fin de la dictadura franquista, el PSOE fue un pilar del proceso que convirtió a España en un país próspero, industrializado e integrado en Europa. Todo eso está, ahora, en peligro.

Ello, no solo porque la imagen internacional de España (y la idea de lo que alguna vez se denominó los nuevos españoles) está gravemente cuestionada, sino porque, por extensión, el concepto de democracia occidental -en sí misma- ha sido gravemente perjudicado.

Si la democracia solo sirve para posibilitar corrupción y espolio de los recursos fiscales, ¿no es entonces mejor un gobierno fuerte que restrinja libertades, como, por ejemplo, aquel de Vladimir Putin en Rusia, el de Víctor Orban en Hungría, o aquel que promete el populismo racista-xenófobo de Nigel Farage en el marco de la crisis existencial del laborismo británico post-Brexit?

La razón de la sin razón.

Partidos de gobierno y partidos de posición sanos e incorruptos son la esencia de la democracia. Sin cualquiera de ellos la democracia no funciona, y el balance y el conjunto de las libertades y obligaciones públicas se enferma y se destruye.

En contexto -desafortunadamente- no podemos descartar que el escándalo Zapatero no salpique a otros países. En Chile hay que estar atentos.