Quienes nos gobiernan llegaron para reemplazar a la antigua centroizquierda y con una agenda para refundar el país, pero la ciudadanía expresó un rotundo rechazo.

La administración liderada por el presidente Boric sufrió una mutación radical en su discurso: del “gobierno transformador” al “gobierno estabilizador”, pasando por una serie de otras etiquetas que cada vez son más difusas. En ese sentido, el éxito de éste ¿bajo qué criterio debiera evaluarse?

Lo sustancial es que el presidente y el gobierno se moderaron a medio camino porque la gente así lo decidió y no producto de una genuina reflexión sobre las ideas a implementar.

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En concreto, Boric incumplió sus principales promesas porque no tuvo el marco legal habilitante que hubiera posibilitado la fallida propuesta constitucional. Así, el rechazo en el plebiscito de 2022 marcó un antes y un después para este gobierno.

Es por ello que el gobierno defraudó a sus bases de apoyo, porque Boric no cumplió con las promesas de un programa “transformador”: refundar las policías, terminar con las AFP, condonar la deuda educativa, establecer un impuesto a los super ricos, convertir las Isapres en seguros complementarios y eliminar la figura del delegado presidencial.

Asimismo, presentó o impulsó iniciativas legislativas sin mayores opciones de aprobarse, como negociación ramal, sala cuna, nuevo sistema de financiamiento de la educación superior, eutanasia y despenalización del aborto.

No logró ser un “gobierno transformador” porque la ciudadanía rechazó su proyecto político. En consecuencia, una vez frustrado el concepto de gobierno “transformador” el siguiente relato fue instalar la idea de un gobierno “estabilizador”. Ahí fue clave el apoyo de gran parte de la oposición en temas como la agenda de seguridad, pensiones y permisología.

Por último, estamos además ante un gobierno que fue perdiendo sistemáticamente las otras banderas -y su supuesta superioridad en la escala moral- con las cuales llegó al poder: “feminista”, “ecologista”, “sin pitutos”, “descentralizador”. Cada una de ellas se vio conflictuada con los casos como el de Monsalve, el litio, convenios, casa de Allende, entre otros.

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Quienes nos gobiernan llegaron para reemplazar a la antigua centroizquierda y con una agenda para refundar el país, pero la ciudadanía expresó un rotundo rechazo. Tuvieron que abandonar sus aspiraciones y buscaron acuerdos con la oposición. Muestra clara de un realismo político que fue posible gracias a una oposición que permitió construir tales puentes.

Sin embargo, en este tramo final el presidente Boric vuelve a un tono similar al original. Su “espero que lo hagamos mejor” frente al expresidente Sebastián Piñera en la conversación telefónica cuando este lo llamó para felicitarlo por su triunfo, no es tan distinto al “no me voy a retractar” en medio de la polémica por el cable chino ¿cambió entonces realmente la comprensión política que encarna el presidente saliente?

Pablo Rodríguez
Cientista Político
Instituto Libertad

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