Este 8 de marzo del 2023 se conmemora un nuevo día de la mujer en un contexto de guerras, matanzas, amenazas atómicas, destrucción del medio ambiente, crisis sociosanitarias, violencia de género, femicidios, entre otras realidades que nos interpelan en el tiempo presente. Nuevamente, las mujeres se levantan para marchar y hacer públicas sus demandas en una agenda poliédrica donde existen diferentes frentes. Porque las luchas no son para pequeños cambios, sino para levantar las grandes transformaciones y por ello, cada 8 de marzo, las mujeres nos levantamos para demandar la reivindicación por la igualdad de derechos universales, la denuncia por la violencia material y simbólica, por la precariedad laboral, por el abuso de poder, por el robo intelectual, por invisibilizar y minimizar la voz femenina.

En este 8M, a pesar de las barreras que surgen y resurgen una y otra vez, no nos detenemos y una vez más con insistencia levantamos la pregunta sobre lo que podemos hacer por el mundo, cómo aportamos para desmontar este aparataje anquilosado que, como grandes cadenas, arrastran a la humanidad a acciones cada vez más deshumanizadas. Es importante cuestionarse por el sentido, por encontrar las razones y actuar en consecuencia para deconstruir y volver a armar este sinsentido que se roba las ilusiones, la idea de construir el futuro en perspectiva de una vida buena y la persistencia del planeta tierra.

Cada año podemos ver en perspectiva los avances de las demandas, pero también los temas pendientes: las mujeres seguimos de luto y en denuncia (…) bajo hechos de femicidios y genocidios. Una situación que no nos permite ser indiferentes ante la realidad que se nos presenta, en donde el dolor nos duele, la miseria de muchas nos alcanza y el horror de la guerra y las injusticias se nos hace intolerable.

Al respecto, es interesante encontrar la luz que guía el camino, que como un faro va iluminando esos derroteros que a veces se hacen inhóspitos y desesperanzadores. Esa luz refiere a la lucha de las mujeres que, incansable y porfiadamente, vamos abriendo los caminos desde las diversas veredas. Estas luchas tienen correlatos, teóricos, metodológicos y prácticos, se fundan a través de la asociatividad, puesto que juntas es posible lograr las transformaciones magnánimas. Es así como los feminismos son la constatación práctica de que los cambios son posibles cuando se es capaz de provocar un giro ético, político, económico y social de grandes dimensiones.

Las mujeres, desde los lugares que habitamos, marcamos esa diferencia dejando huellas indelebles. De esta manera, en la historia, se ha ido reconociendo el giro feminista que pugna por reconocimiento desde una lógica anti patriarcal, donde cambien las formas de vincularse en la vida cotidiana, en el trabajo y en la política, cobrando fuerza la palabra sororidad.

Cada 8M recordamos nuestra historia con los feminismos de la primera ola, que se alzan por el derecho al trabajo, al voto femenino, la igualdad de salarios, de trato y de dignidad, tanto en el mundo público y privado. Lo anterior, considerando las barreras, la invisibilidad y el poderío del patriarcado que desde las diferentes estructuras han levantado su imperio.

El 8M es la experiencia de caminar hacia adelante, pero siempre se marcha con mujeres antiguas, valientes y sabias que lucharon ante la adversidad de leyes y políticas que invisibilizaban lo femenino y lo situaban en un espacio privado de rendijas y oscuridades. Así, desde los inicios del movimiento feminista se puede reconocer la resistencia, osadía y empuje de mujeres precursoras, visionarias, inteligentes y valientes que han entregado sus vidas para no claudicar por la justicia. Las mujeres que incansablemente se enfrentaron a las oligarquías patriarcales para lograr el voto tanto en el mundo como en Chile. Mujeres connotadas tales como Estela La Rivera, Elvira de Vergara, Berta Recabarren, Graciela Lacoste, entre otras tantas anónimas que fueron visionarias al comprender que las mujeres tenían derecho a participar de la vida civil en un contexto donde ni siquiera se cuestionaba el hecho que solamente los hombres votaran y que fueron los únicos que podían presentarse a cargos públicos.

Este año, en que se conmemoran 50 años del golpe militar, es necesario recordar a tantas mujeres que en los tiempos más oscuros de la dictadura levantaron la voz para encontrar a sus seres queridos y derrotar las represiones, las tiranías, para recuperar la paz y la democracia. Mujeres que se organizaron creando movimientos de familiares de detenidos desaparecidos, trabajando en movimientos de educación popular, organizando comedores y centro de salud en las poblaciones, entre otras iniciativas. Tampoco podemos olvidar a aquellas mujeres que con sus cuerpos violados sufrieron la violencia de género, viviendo la represión más cruel de la dictadura, ya que a muchas de ellas se les provocaron abortos a causa de las torturas y también fueron alejadas de sus hijos/as nacidos en los centros clandestinos de detención y tortura, y a sus hijos con los que vivían en sus hogares a quienes nunca más volvieron a ver.

Contemporáneamente, las mujeres han luchado por igualdad, justicia, trabajo decente/digno, por un sueldo justo, por una educación no sexista y por todo tipo de prevención de abusos a que son sometidas las mujeres en diversos espacios. Se trata de alcanzar una sociedad sin discriminación, porque aún seguimos subrepresentadas en la política, en la ciencia, en la economía, entre muchos otros ámbitos, con brechas estructurales que deben erradicarse y que impiden soterradamente el avance femenino. Por eso se continúa marchando, porque siglos de patriarcado necesitan siglos de reivindicaciones, porque el imperativo es hacerse visibles en los diversos espacios, construyendo nuevos lenguajes equitativos y ecuánimes.

Cada generación discierne sus desafíos, a veces las demandas son evidentes, otras veces estas se entremezclan con petitorios ciudadanos que sintonizan con las luchas feministas. Lo importante es que las mujeres en cada acción política podamos instalar nuestro sello alejado de las características del patriarcado y así caminar por nuevas rutas que dejen atrás las hegemonías, las violencias y el abuso de poder. Avanzar, pero mirando atrás, acompañándonos con la historia y el caminar de muchas para construir el futuro, deconstruyendo el patriarcado paso a paso, incansablemente.

Sonia Brito Rodríguez, Académica de Trabajo Social U. Alberto Hurtado; Katia García, Académica de Trabajo Social U. Alberto Hurtado; Lorena Basualto Porra, Académica U. Católica Silva Henríquez; y Andrea Comelin Fornés, U. de Tarapacá.

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