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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El enigma de cómo los gatos logran caer siempre de pie ha sido un misterio científico durante más de un siglo, desafiando las leyes del movimiento. Investigadores de la Universidad de Yamaguchi en Japón han identificado la clave anatómica en la columna vertebral felina. Descubrieron que la región torácica es tres veces más flexible que la lumbar, con una "zona neutra" que permite girar casi libremente.

Que los gatos aterrizan sobre sus patas es algo que cualquiera que conviva con uno sabe. Pero detrás de esa escena aparentemente sencilla se esconde un enigma que lleva más de un siglo desconcertando a los científicos.

Y es que, en principio, un gato en caída libre no debería poder girar sobre sí mismo: sin un punto de apoyo, las leyes del movimiento parecen impedirlo. Aun así, lo hace.

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Yamaguchi, en Japón, cree haber identificado la clave anatómica que explica este sorprendente fenómeno de los felinos.

El enigma científico del gato que cae

El llamado “problema del gato que cae” figura en los libros de física desde, al menos, el siglo XVIII.

En 1894, el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey lo convirtió en un caso célebre al capturarlo con una de las primeras cámaras de alta velocidad. Sus secuencias fotográficas, publicadas en la revista científica Nature, mostraban a un gato que iniciaba la caída sin rotación aparente y que, de algún modo, lograba reorientarse antes de tocar el suelo.

Aquellas imágenes dejaron perplejos a muchos científicos. A simple vista, como señala Science Alert, el movimiento parecía contradecir un principio fundamental de la física: la conservación del momento angular.

Pero, no fue hasta 1969 cuando varios investigadores demostraron matemáticamente que la maniobra era posible si el gato hacía rotar distintas partes de su cuerpo en direcciones opuestas.

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Anatomía felina: la clave está en la columna vertebral

Pero la física del fenómeno y la biología que lo hace posible son dos cosas distintas. Durante décadas, se estudió mucho lo primero y muy poco lo segundo.

El nuevo estudio, publicado en la revista The Anatomical Record, apunta precisamente ahí: ¿qué tiene la columna vertebral de un gato que le permite ejecutar semejante maniobra?

El equipo del fisiólogo veterinario Yasuo Higurashi analizó las columnas vertebrales de cinco gatos fallecidos que habían sido donados para investigación. Los investigadores retiraron cuidadosamente las columnas, manteniendo intactos los ligamentos y los discos intervertebrales.

Después separaron cada una en dos regiones principales: la torácica, situada en la parte superior y media de la espalda, y la lumbar, en la zona inferior. Cada una de estas regiones se colocó en un dispositivo que aplicaba fuerzas de torsión para analizar cómo respondía la columna al giro, evaluando su rango de movimiento, rigidez y capacidad de rotación.

Los resultados mostraron diferencias claras. La región torácica resultó ser aproximadamente tres veces más flexible que la lumbar, con una rigidez cerca de un tercio menor.

Pero el hallazgo más llamativo fue la presencia de lo que los investigadores denominan una “zona neutra”: un rango de movimiento en el que prácticamente no existe resistencia al giro.

Según el estudio, la región torácica tiene una zona neutra de unos 47 grados, mientras que la región lumbar no tiene ninguna. Dicho de otro modo: la parte delantera del cuerpo puede girar casi libremente hasta casi medio giro; la trasera, apenas.

Para los autores, esta combinación –flexibilidad en la zona torácica y mayor rigidez en la lumbar– podría ayudar a explicar cómo los gatos logran enderezarse en pleno vuelo.

Rotación en dos fases: cómo giran los gatos en el aire

Para comprobar si esas diferencias estructurales se reflejan en el movimiento real del animal, el equipo recurrió también a observaciones directas.

Con la ayuda de cámaras de alta velocidad, grabaron a dos gatos vivos durante una serie de caídas controladas desde aproximadamente un metro de altura sobre un cojín blando. Cada animal repitió el experimento ocho veces, mientras los investigadores seguían el movimiento mediante marcadores colocados en hombros y caderas.

Las imágenes respaldaron esta interpretación. El análisis reveló que el cuerpo no rota entero al mismo tiempo. El movimiento ocurre por etapas: primero se reorienta la parte delantera –cabeza, hombros y patas delanteras– y solo después gira la mitad posterior.

Según recoge Science Alert, el desfase temporal entre ambos movimientos fue de 94 milisegundos en un gato y 72 en el otro. La explicación parece estar en que la columna torácica es más flexible y en que la parte delantera del cuerpo es mucho más ligera, con aproximadamente la mitad de la masa que la trasera.

La columna lumbar, más rígida, actúa entonces como un elemento estabilizador, permitiendo que la parte posterior del cuerpo mantenga el control mientras la delantera ya se ha reorientado.

Referencias

Higurashi, Y., Kaino, Y., Habara, M., Okamoto, S., Yoshizaki, K., Sakurai, M., & Morimoto, M. (2026). Torsional flexibility of the thoracic spine is superior to that of the lumbar spine in cats: Implications for the falling cat problem. Anatomical Record (Hoboken, N.J.: 2007), ar.70165.