Opinión
Viernes 17 abril de 2020 | Publicado a las 11:38
La economía del día después de la cuarentena
Por Tu Voz
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En una reciente entrevista la fil√≥sofa Adela Cortina sintetiz√≥ el gran dilema que nos ha instalado la crisis del coronavirus: “Si no aprendemos algo es que no tenemos arreglo”.

Por √Ālvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo cristiano

Si después de este enorme colapso planetario, la especie humana, y especialmente la racionalidad del hommo economicus, maximizador de ganancias, no se transforma, quiere decir que nuestros problemas no son políticos ni culturales, sino definitivamente cognitivos y adaptativos. La sociedad debe cambiar radicalmente después de esta crisis. Si no hay un antes y un después, si no sacamos las lecciones éticas que corresponden, muchas vidas, muchas empresas y muchas naciones quedarán en el camino.

Desde una perspectiva salvajemente utilitarista, pareciera que no hay problema en ello: algunos dir√°n que es parte de la din√°mica de destrucci√≥n creativa del capitalismo. Otros justificar√°n el s√°lvense qui√©n pueda en la ley eterna del m√°s fuerte. Tambi√©n dir√°n que por el bien de la ‚Äúmayor√≠a‚ÄĚ hay que sacrificar a las minor√≠as d√©biles, enfermas o mal preparadas.

Todos estos discursos ya están en marcha y calientan el ánimo para justificar una teoría del sacrificio expiatorio, que legitime la inmolación de los de siempre, en manos de los de siempre.

Pero no deber√≠a ser as√≠. No puede ser as√≠. Es necesario pensar el d√≠a despu√©s de la cuarentena como un tiempo para una nueva oportunidad. Es posible hacer de esta gran cat√°strofe un momento para recomenzar, cambiando las fuentes de la racionalidad econ√≥mica que nos ha llevado, literalmente, a un encierro globalizado. Una de las pistas para ese camino las ha abierto la economista Kate Raworth, al proponer su teor√≠a de la ‚ÄúEconom√≠a Donut‚ÄĚ, en la cual equilibra las necesidades humanas esenciales y las fronteras socio-ambientales del planeta.

La tesis de Raworth implica un cambio en la manera de pensar el ciclo econ√≥mico, para orientar, desde su origen, la toma de decisiones. Se funda en un dise√Īo muy sencillo (ver imagen 1): la sociedad debe vivir dentro de un l√≠mite que no podemos rebasar.

Imagen 1

Fuente: Raworth, 2017 (c)
Fuente: Raworth, 2017 (c)

Esta frontera la traza un primer círculo dentro del cual se encuentran las necesidades básicas humanas: alimento, agua potable, vivienda, energía, salud, igualdad de género, un salario de subsistencia y libertad política. En un segundo círculo se expresa el techo ecológico, entendido como un punto de inflexión, fuera del cual comienza la amenaza para la vida en el planeta: es un límite estructural del cual no podemos salir sin un costo irreversible para todas y todos.

Entre ambos c√≠rculos existe un √°mbito que la economista llama propiamente bienestar. Es el campo donde podemos desarrollar una econom√≠a circular, esencialmente de servicios, pero estructuralmente dise√Īada, desde el principio, y por defecto, para ser regenerativa y distributiva.

La economía del día después de la cuarentena debería fundarse en este criterio, que tiene como supuesto la necesidad fundamental de limitar y restringir una economía que se ha pensado bajo el supuesto de un crecimiento infinito, desregulado, lineal y perpetuo.

Al contrario, Raworth se ha inspirado en modelos cient√≠ficos biomim√©ticos, como los que ha analizado Janine Benyus, y que parten desde los sistemas naturales para dise√Īar nuevas tecnolog√≠as y estructuras sociales realmente sostenibles. Bajo este principio es perentorio que muchas nuevas medidas no s√≥lo sean de fomento o de impulso voluntario, sino tambi√©n que muchas otras sean claramente restrictivas.

El ‚Äúdonut‚ÄĚ de Raworth supone imponer medidas y prohibiciones. Por ejemplo, los llamados “pasaportes de materiales”, que contabilizan los materiales reutilizables en las demoliciones, que obligan al uso de materiales m√°s sostenibles en la construcci√≥n de edificios, o que castigan a los supermercados, restaurantes y hoteles que no donan o redestinan la comida que no consumen o venden.

En un mundo que ha entrado al mismo tiempo, y en todas partes, en recesi√≥n, este tipo de restricciones al gasto necesario e insostenible es la √ļnica v√≠a inteligente para genera una aut√©ntica austeridad. Para salir de la recesi√≥n, nos dice la economista, necesitamos reducir un 50% el consumo de nuevos materiales en la pr√≥xima d√©cada. Y, al contrario, necesitaremos incrementar al doble la inversi√≥n en educaci√≥n, ciencia, innovaci√≥n e investigaci√≥n.

Pensar que la nueva econom√≠a deba estar basada en restricciones y limitaciones es desafiante al canon dominante. La idea de la ‚Äúlibertad negativa‚ÄĚ, fundada en la ausencia de coacci√≥n externa al individuo propietario, se resiste furiosamente a esta idea. Sin embargo, ¬Ņno es acaso el reconocimiento de valor de los l√≠mites, la necesidad del cuidado colectivo, y el car√°cter ineludible de la restricci√≥n al inter√©s individual debido al inter√©s p√ļblico la gran ense√Īanza que nos est√° dejando la cuarentena?

El desafío es convertir lo que hoy es una prohibición de consumo, impuesta circunstancialmente por la pandemia, en un nuevo estilo de vida.

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