Hablar de inclusión laboral es hablar de oportunidades, pero también de responsabilidades. El verdadero desafío comienza cuando somos capaces de transformar el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad en oportunidades concretas de formación, trabajo, autonomía y participación.

En ese sentido, Lavandería 21 busca demostrar, desde la práctica, que la inclusión laboral es posible. Hace 12 años iniciamos este camino en Concepción con 10 trabajadores con síndrome de Down. Desde entonces, hemos construido un espacio donde las capacidades pueden desarrollarse, donde el trabajo adquiere un sentido de autonomía y pertenencia, y donde las familias encuentran nuevas posibilidades para proyectar el futuro.

Nuestro aporte concreto es generar una experiencia laboral real, acompañada de procesos de formación y desarrollo de competencias. Lavandería 21 no pretende ser necesariamente un destino final, sino una plataforma para que quienes trabajan con nosotros puedan adquirir herramientas y experiencia que, cuando estén preparados, les permitan avanzar hacia otros espacios laborales.

Este propósito requiere colaboración. Por eso, durante estos años hemos construido alianzas con empresas, instituciones públicas, establecimientos educacionales y organizaciones sociales. Cada una de ellas contribuye a ampliar las oportunidades y a demostrar que la inclusión laboral puede ser una realidad.

En este camino, el vínculo con la Universidad Católica de la Santísima Concepción ha sido fundamental. Desde los inicios, la UCSC ha puesto a disposición capacidades profesionales y académicas para contribuir al proyecto, desde la formación y el acompañamiento hasta ámbitos vinculados con la gestión y el desarrollo de estrategias.

Como académica de la Facultad de Educación, valoro especialmente que la universidad pueda poner su conocimiento al servicio de una experiencia concreta que impacta en personas, familias y comunidades.

La contribución de Lavandería 21 también está en transformar miradas. Una persona que encuentra un espacio donde puede aprender, aportar y ser reconocida por sus capacidades no solo mejora sus propias condiciones de vida; también enriquece a la organización que la recibe y ayuda a construir una sociedad más inclusiva.