Le preguntan al Presidente cuál ha sido su mayor logro después de seis meses de gobierno. Era una pregunta fácil. Casi un centro al área sin arquero. Podía hablar de crecimiento, empleo, seguridad, salud, inversión, vivienda. En fin, de cualquiera de esas cosas que uno supone que hace un Presidente cuando gobierna. Pero no.
José Kast eligió como su gran logro haberse ido a vivir a La Moneda. Y ahí uno queda complicado. Porque no sabe si felicitar al Presidente, al maestro que hizo la mudanza o mandar un saludo a quienes cargaron el sofá.
Hay dos maneras de interpretar semejante respuesta. Una: estamos frente a una de las declaraciones más absurdas que se le pueden escuchar a un Presidente de la República. Dos, y esta me parece bastante más interesante: Kast acaba de realizar el ejercicio de transparencia más brutal de sus seis meses de gobierno.
Revisó la vitrina y eligió la mudanza. Tal vez porque la vitrina estaba bastante vacía.
Han pasado seis meses. Tiempo suficiente para que las promesas abandonen el PowerPoint y empiecen a parecerse a políticas públicas. Pero llegamos a septiembre y cuando toca exhibir el trofeo aparece el cambio de domicilio.
No es crecimiento. No es empleo. No son menos listas de espera. No es una gran obra pública. No es una familia diciendo: “ahora vivimos mejor”. Son las pantuflas presidenciales llegando a La Moneda.
Pero dejemos las pantuflas y miremos Chile. Prometieron crecimiento y después de cinco meses de malos resultados económicos el país terminó en recesión técnica. Prometieron empleo y tenemos uno de los niveles de desempleo más altos de las últimas décadas. Prometieron aliviar el bolsillo de las familias y subieron los combustibles. Prometieron ordenar las cuentas y la deuda fiscal sigue creciendo. Prometieron gobernar para Chile, pero a la hora de repartir beneficios algunos amigos parecen tener una extraordinaria capacidad para encontrar la ventanilla correcta.
Y después está la migración. Ahí sí que hubo épica. Fronteras. Expulsiones. Mano dura. Discursos inflamados. Durante la campaña parecía que el 11 de marzo los migrantes irregulares iban a salir en fila india con la maleta en la mano.
Seis meses después, la migración irregular aumentó un 62%.
Debe ser otra de esas sofisticadas estrategias que los ciudadanos comunes todavía no alcanzamos a comprender.
Porque este gobierno tiene una relación curiosa con sus promesas: mientras más categóricas fueron en campaña, más difícil resulta encontrarlas cuando gobierna.
Y antes, cuando ocurría algo así, aparecía inmediatamente aquel ejército digital dispuesto a explicarnos que no habíamos entendido nada. Cuentas, bots y soldados de teclado capaces de convertir un porrazo en una maniobra táctica y un fracaso en ajedrez tridimensional.
Pero parece que hasta los bots se cansaron. Y entonces quedan las cifras. Desempleo. Recesión. Combustibles más caros. Más migración irregular. Más deuda. Y una mudanza.
Por eso quizás fuimos injustos con el Presidente.
Cuando le preguntaron por su mayor logro, pudo haber inventado una epopeya, recitado veinte cifras escogidas cuidadosamente o culpado al gobierno anterior, deporte oficial de la administración cuando se queda sin respuestas. Pero no. Eligió la mudanza.
Y hay que reconocerle algo: pocas veces un Presidente ha conseguido resumir seis meses de gobierno con tanta precisión.
Por eso, después de seis meses, quizás la pregunta importante ya no sea cuál considera el Presidente que es su mayor logro. La pregunta es otra: ¿Chile está mejor?
Porque el Presidente, al parecer, sí está instalado. Y si ese es realmente el mayor logro de este gobierno, solo queda esperar que durante los próximos seis meses consiga algo un poquito más ambicioso. No sé. Gobernar, por ejemplo.
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