El Primer Congreso Nacional del Deporte y Municipalismo, realizado durante los días 27, 28 y 29 de agosto en Santiago, marcó un hito en la forma como el Estado puede enfrentar la seguridad.

Convocado por la Comisión de Deportes de la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM), el encuentro reunió a más de 250 representantes locales y altas autoridades bajo una premisa tan urgente como pragmática: la actividad física ya no puede ser tratada como un ítem de entretenimiento o un pasatiempo opcional en las planificaciones municipales. En el Chile actual, sitiado por nuevas formas de criminalidad, el deporte se consolida como una herramienta estratégica de seguridad pública y de soberanía territorial.

El diagnóstico es implacable. Cuando el Estado abandona un espacio público, la delincuencia organizada lo ocupa de inmediato. Pero cuando el municipio financia infraestructura digna, un club de barrio y un entrenador, le arrebata la base de reclutamiento a las estructuras criminales. Para los niños, niñas y adolescentes (NNA) en contextos de alta vulnerabilidad, el crimen organizado ofrece tres cosas atractivas: pertenencia, identidad y dinero rápido. Si queremos prevenir de forma directa, la política pública debe competir contra esa oferta delictiva utilizando el deporte como un escudo protector.

Esta competencia no es abstracta; se juega en la cotidianeidad a través de cuatro factores clave:

En primer lugar, ocupa el “tiempo crítico”, esas horas post-escolares donde los menores quedan desprotegidos y vulnerables al reclutamiento.

En segundo lugar, construye referentes positivos: el entrenador sustituye la figura del “líder de la banda” por un mentor que exige disciplina y respeto.

En tercer lugar, el uniforme y el equipo otorgan el sentido de pertenencia identitaria que el menor busca de forma innata, alejándolo de las pandillas.

Por último, desarrolla resiliencia y enseña a tolerar la frustración, reduciendo la impulsividad psicológica que la delincuencia suele explotar.

La evidencia internacional —como los complejos integrados a bibliotecas en Medellín, el programa “Fútbol por la Paz” en Colombia o el Midnight Basketball en Estados Unidos— demuestra que el éxito radica en la continuidad y la articulación social. Sin embargo, no es necesario mirar solo al extranjero.

En el propio congreso de la AChM quedó en evidencia que las soluciones más audaces se están gestando desde las regiones de Chile, donde tres comunas lideran con proyectos exitosos y replicables:

Temuco y sus “Campeones” contra el delito: La capital de La Araucanía ha puesto en marcha su ambicioso Plan Comunal de Deportes 2026-2030. A través de iniciativas como “Impulsando Campeones” y el programa “Somos Barrio” —ejecutado en conjunto con la Subsecretaría de Prevención del Delito—, el municipio ha entregado implementación para talleres preventivos de boxeo y disciplinas urbanas en sectores rezagados como San Antonio y el Gimnasio Ribereño.

La experiencia de Temuco demuestra que canalizar la agresividad hacia disciplinas reguladas recupera los espacios públicos y la paz vecinal.

Puerto Montt y la inclusión como barrera social: En el sur, Puerto Montt ha entendido que la vulnerabilidad también se combate derribando barreras de exclusión. Con proyectos enfocados en el deporte adaptado y comunitario para NNA con movilidad reducida o en riesgo social, la comuna utiliza la actividad física como un imán para conectar a las familias con redes de apoyo y tutorías.

Al integrar activamente a jóvenes que la sociedad civil suele invisibilizar, el municipio les otorga una identidad comunitaria fuerte, bloqueando de raíz cualquier intento de captación por parte de bandas delictuales

Iquique y el deporte como motor socioeconómico: En el norte grande, el municipio iquiqueño ha transformado su borde costero y sus canchas barriales en un motor de crecimiento social y económico. Aprovechando su geografía, Iquique fomenta los deportes de arena y las escuelas formativas masivas como una alternativa real de vida para la juventud frente a las amenazas fronterizas del crimen organizado. El éxito de su modelo radica en demostrarle al menor que el esfuerzo deportivo abre puertas legítimas hacia el desarrollo personal, el empleo y el turismo local.

No podemos exigirle a un joven que simplemente “diga no a las drogas o al crimen” si la calle no le ofrece una alternativa real. Invertir en deporte es abaratar el costo futuro en cárceles, blindajes y policías. Una política de seguridad moderna debe ser valiente y firme contra el delito, pero obligatoriamente inteligente en su prevención. El desafío planteado en el congreso es un llamado de alerta nacional: es hora de poner el financiamiento del deporte municipal en el centro de la estrategia de seguridad pública.

El Primer Congreso Nacional del Deporte y Municipalismo en Santiago concluyó con una intervención de nuestro referente y top five del tenis Fernando González, quien destacó la importancia de la disciplina y el acceso temprano a oportunidades para rescatar el potencial de la juventud chilena. El triple medallista olímpico enfatizó que invertir en el deporte constituye una estrategia fundamental de prevención frente a la criminalidad y la vulnerabilidad social.

Finalmente, como Centro de Estudios y Gestión Estratégico de Seguridad Municipal CEGES AChM, estamos convencidos que la seguridad no se mide solamente con más leyes, penas, decomisos o detenidos, el verdadero resultado es cuando prevenimos la ocurrencia de los delitos, cuando los menores vuelven a las escuelas, cuando el respeto y la tolerancia forman parte de nuestra convivencia, cuando salimos de nuestros refugios porque el temor ha disminuido. En definitiva, cuando fortalecemos nuestra cohesión social.