La región del Biobío volvió a comprobar que entre los anuncios del Gobierno y sus decisiones existe un abismo.

El 10 de julio, el presidente José Antonio Kast lanzó el plan “Modo Empleo”. Prometió reactivar la economía, impulsar la inversión y generar nuevos puestos de trabajo. El mensaje fue claro: la obra pública sería una herramienta para recuperar el empleo.

Veinticinco días después, el Ministerio de Hacienda hizo exactamente lo contrario.

Ordenó detener la adjudicación de los corredores de transporte de las rutas 150 y 160, dos proyectos que representan cerca de 400 millones de dólares de inversión y que ya habían concluido su proceso licitatorio. Eran obras listas para comenzar y para transformarse en una fuente concreta de empleo para una región que enfrenta una de las tasas de desempleo más altas del país. Los hechos desmintieron al discurso.

No existe reactivación económica cuando el propio Gobierno paraliza las principales inversiones públicas de una región.

No existe una política seria de empleo cuando se frenan proyectos capaces de movilizar cientos de millones de dólares, generar miles de puestos de trabajo y mejorar la competitividad del Biobío.

No existe certeza para invertir cuando el Estado cambia de rumbo después de concluir un proceso de licitación.

Cada obra que se paraliza significa menos empleo, menos crecimiento y menos oportunidades para miles de familias. Mientras los ministros hablan de reactivación, los trabajadores siguen esperando que las promesas se conviertan en contratos y los discursos en obras.

Esta decisión revela un problema político de fondo. El Gobierno no está actuando con una sola voz. Mientras el Presidente anuncia empleo, el Ministerio de Hacienda bloquea la inversión. Mientras un ministerio promete crecimiento, otro lo posterga.

La consecuencia es evidente: el Gobierno transmite incertidumbre, debilita la confianza y profundiza la crisis laboral de una región que necesita exactamente lo contrario.

El Biobío no necesita campañas comunicacionales. Necesita inversión ejecutándose, maquinaria trabajando y personas encontrando empleo.

Los gobiernos no son recordados por los planes que anuncian. Son recordados por las obras que realizan o por las que deciden detener.

A pocos meses de iniciado este gobierno, los hechos están dejando al descubierto quién conduce realmente las decisiones y quién solo cumple el papel de anunciar ante las cámaras planes que después otros deshacen.

Mientras el Presidente promete empleo, su ministro de Hacienda paraliza la inversión. Esa contradicción debilita la credibilidad del Gobierno y proyecta la imagen de que quien anuncia los grandes planes no es quien finalmente toma las decisiones. Presidente, los chilenos -aunque ahora arrepentidos- votaron por usted, no por su ministro de Hacienda.

Cuando un ministro contradice con los hechos el principal anuncio económico de su gobierno, el país deja de preguntarse por la política económica y comienza a preguntarse: ¿quién es Tarzán y quienes son los monos?.