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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Este jueves se formalizó a 19 miembros de la banda "Los Cojos de La Legua", liderada por César Liberona, por tráfico de drogas, decretándose la prisión preventiva para 16 de ellos. El fiscal reveló cómo operaba el cartel chileno, con Liberona dando instrucciones desde la cárcel. Utilizaba un cuaderno para comunicarse con sus subordinados que lo visitaban y se comía el papel para no dejar pruebas, manteniendo contacto con la banda desde la prisión.

Este jueves se llevó a cabo la formalización de 19 integrantes de “Los Cojos de La Legua”, banda liderada por César Liberona dedicada al tráfico de drogas, donde no solo se decretó la prisión preventiva para 16 de ellos, sino que también trascendió cómo operaba el cartel de origen chileno.

Entre los sometidos a la medida cautelar aparece el propio “Cojo César” junto a sus dos hermanos. Otros tres imputados, formalizados por microtráfico, quedaron con cautelares de menor intensidad.

Durante la audiencia, llevada a cabo en el Centro de Justicia, el fiscal Héctor Barros reveló detalles de la investigación que la Fiscalía Regional Metropolitana Sur, junto a OS7 de Carabineros, inició en 2024, dejando otros 50 detenidos en el período.

Se comía papel tras dar instrucciones

Entre las revelaciones más llamativas, aparece la manera en que Liberona se habría mantenido en permanente contacto con la banda desde la cárcel. El sujeto fue detenido en 2024 por un robo contra un chofer de aplicación, hecho por el cual ya permanecía en prisión preventiva.

En dicho contexto, el persecutor sostiene que el “Cojo César” siempre entregó instrucciones a sus subordinados. Esto lo hacía por medio de las personas que lo visitaban en el recinto penitenciario.

Considerando que ante las restricciones de Gendarmería solo le permitían visitas a través del locutorio, Liberona encontró una estrategia para evadir los sistemas de vigilancia. “Optó por la decisión de empezar a escribir en un cuaderno. Luego exhibía lo que escribía en el cuaderno con instrucciones, obviamente, hacia el otro de los imputados”, detalló el fiscal Barros.

La gran particularidad recae en que, para no dejar pruebas de ello, una vez transmitidas las indicaciones, el líder encarcelado se comía el papel.

“Luego de que se leían estas instrucciones y eran memorizadas por el otro imputado, cortaba el papel y se lo comía”, sostuvo el funcionario.

Esta acción, de acuerdo a la investigación en curso, buscaba evitar que las conversaciones fueran grabadas o filmadas por las cámaras de seguridad de los locutorios del recinto penitenciario.