Los detectives de la Brigada de Homicidios de Calama llegaron hasta el domicilio familiar de Hernán Meneses Leal, escolar imputado por el mortal ataque en el Instituto Obispo Silva Lezaeta la mañana del pasado 27 de marzo. Al costado izquierdo de su cama, los funcionarios encontraron un cuaderno marca Proarte con portada de lobo. No se trataba de apuntes escolares, sino de un diario de vida personal donde el estudiante de 18 años volcó su estado mental, sus planes y sus demandas más íntimas.
Según reveló Mega, la primera página del cuaderno mostraba una sola palabra escrita en mayúsculas con tinta roja en el centro: “DIFUNDIR”. Debajo de ese término, el imputado dejó una instrucción clara para quienes encontraran el texto. Pedía explícitamente que el contenido fuera dado a conocer. Los peritos lo calificaron como un manifiesto macabro.
En las páginas siguientes, Meneses Leal escribió una frase que resume su visión del mundo. “La vida no tiene valor, pues nadie vive para ver su impacto o legado, de tener uno, lo mejor que puedes hacer es asegurarte de que dejas algo en el mundo antes de irte, y yo tomé mi decisión”, anotó de puño y letra, consignó el citado medio. Esa decisión se materializó el pasado 27 de marzo en el patio del establecimiento educacional.
El cuaderno también dejó constancia de que la obsesión por los ataques en masa no nació de un día para otro. “La idea de los ataques en masa ha estado en mi mente causando fascinación e intriga desde 2016-2017, mucho antes de investigar a fondo y de planear el mío”, escribió. Según sus propias palabras, tenía entre 9 y 10 años cuando esa idea comenzó a germinar.
Un plan postergado y la fecha fatídica
El diario reveló que Meneses ya había estado cerca de actuar en una ocasión anterior. “Durante uno de los últimos días de clases de 2025 estuve muy cerca de hacerlo (…) Al retractarme perdoné una vida así que soy un héroe técnicamente, ja!”, anotó con una frialdad que contrasta con la tragedia que vendría meses después. Esa entrada muestra que el joven midió sus pasos antes del ataque definitivo.
El 26 de marzo de 2026, un día antes de la masacre, volvió a escribir en el cuaderno. “Creo que llegó la hora, estoy listo con todo pero no mentalmente, he sido descuidado y he sido obvio por lo que es un milagro haber llegado hasta acá. Seguir posponiendo es un riesgo que no puedo tomar si en verdad quiero hacer esto”. Al día siguiente, salió del baño del colegio armado y comenzó el ataque que duró pocos minutos.
Entre las últimas anotaciones aparece una frase que retrata su estado de ánimo al prepararse. “Se siente raro comprar la ropa con la que voy a morir”, escribió. Y otra línea resume el remordimiento que sentía por no haber actuado antes: “¿Mi mayor lamento? Posponer tanto esto, debió haber ocurrido mucho antes”. La última entrada antes del ataque es todavía más cruda. “El peso y realidad de lo que haré comienza a hundirme el pecho a medida que dejo más cosas listas y se siente que no hay vuelta atrás”.
Las páginas finales del cuaderno, fotografiadas el mismo 27 de marzo de 2026, muestran una hoja con manchas que los peritos identificaron como sangre. Junto a esas marcas, una frase escrita en letras pequeñas: “Final solution”. Al costado, un esquema con figuras y una flecha que apunta directamente a la palabra “sangre”, detalló Mega.
Lo que la comunidad escolar sabía del joven
La inspectora general de Enseñanza Media declaró ante la PDI al día siguiente de los hechos. “Estaba con seguimiento de asistencia a clases desde que iba en séptimo básico, debido a que llevaba largos periodos de tiempo que no asistía a clases. Incluso en un momento tuvimos que decirles a los padres que, si no lo llevaban a evaluación neurológica, nosotros como establecimiento educacional lo haríamos. Ahí llevaron un documento donde se diagnosticaba a Meneses con autismo grado 1, trastorno depresivo y de sueño”, afirmó la testigo.
La psicóloga coordinadora del Área de Apoyo Pedagógico trabajaba con el imputado desde Octavo Básico. Ella aportó otro dato al expediente. “Otro de los argumentos que mencionaron los padres era que estaba enviciado con juegos nocturnos, por lo que no podía dormir, además de los conflictos familiares propios de padres separados”, señaló. El colegio optó por darle flexibilidad horaria ante esa situación.
Los padres del joven estaban separados desde hace varios años. El padre residía en Vallenar y trabajaba por turnos. Meneses, su madre y su hermana vivían en Calama. Según varios testimonios recabados por la PDI, el estudiante no tenía antecedentes de acoso escolar, ni como víctima ni como agresor, y mantenía relaciones cordiales con sus compañeros de curso.
El día del ataque en colegio de Calama y la captura del escolar
Una inspectora de patio que llevaba solo tres semanas trabajando en el colegio fue la primera en ver a Meneses esa mañana. “Estas vestimentas inmediatamente me llamaron la atención, dado que parecía y yo lo asocié a una especie de ‘NINJA’, por lo que le pregunté a S. quién era él, respondiéndome que se trataba del alumno Meneses de 4to Año Medio, diciéndome que había que tenerle ojo dado que tenía TEA”, declaró. Lo vio ingresar al baño de varones y por radio solicitaron a un inspector que fuera a buscarlo.
Una escolar de 15 años, identificada como M., relató lo que presenció desde la escalera del Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama. “Vi que desde la inspectoría pasó caminando hacia el baño de hombres un sujeto el cual vestía todo de negro, tenía su rostro tapado con una especie de mascarilla y portaba una mochila (la cual se veía llena). Personalmente me pareció muy extraña su vestimenta, de hecho, pensé que era una persona externa al instituto que venía a realizar algún trabajo en el establecimiento”, dijo en su declaración.
Cuando Meneses salió del baño, una profesora de Educación Básica observó la escena desde una sala del primer piso. “Instantes después, al advertir el regreso del alumno autorizado, observé la salida desde el interior del baño de una persona de vestimenta oscura portando un objeto contundente, similar a un palo, con el cual efectuaba movimientos de agresión, levantando y bajando el brazo de manera violenta”, sostuvo. La inspectora María Victoria Reyes cayó al suelo frente a la sala del Tercero Medio B y murió en el lugar.
El inspector Jaime Zepeda llegó cuando alumnos ya reducían al agresor en el patio. “Yo le saqué unos tres o cuatro cuchillos del pantalón y un cinturón que tenía con bolsillos, los cuales dejé en el suelo lejos de él, mientras que el profesor Eugenio le estaba sacando una mochila. Ese día vestía unos pantalones oscuros, un polerón negro abierto, debajo una polera negra, encima de la polera y debajo del polerón tenía unos tirantes reflectantes que afirmaban un cinturón, en cual tenía dos portas cuchillos. En la cara llevaba un balaclava”, declaró.
Mientras lo desarmaban, Meneses repetía: “Yo ya cumplí con lo que quería, déjenme matarme. Yo me tomé muchas pastillas”, consignó Mega.
Así las cosas, el cuaderno con portada de lobo es la evidencia clave en el expediente del escolar asesino que desató el horror en colegio de Calama.