VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Natalia Duco, exministra del Deporte, vuelve a La Moneda tras solo 24 días de su salida, ahora como asesora en el Segundo Piso. Su regreso plantea interrogantes sobre la significancia de su renuncia previa por un escándalo con un vehículo fiscal. Expertos señalan que esta "renuncia con elástico" puede dañar la credibilidad del Gobierno. Su retorno al círculo presidencial genera debate sobre la coherencia en temas de probidad. La Contraloría aún investiga el caso, lo que podría afectar la imagen del Ejecutivo.

Natalia Duco estuvo apenas 24 días fuera de La Moneda. Ese es el tiempo que transcurrió entre su salida del Ministerio del Deporte y su regreso al corazón del Ejecutivo. Un período breve que instala una pregunta incómoda para el Gobierno: ¿qué significó finalmente su salida del gabinete?

La exministra volverá al Palacio, pero esta vez no para encabezar una cartera. Se incorporará al equipo de asesores del denominado Segundo Piso, liderado por Alejandro Irarrázaval, donde asumirá funciones vinculadas a materias deportivas y volverá a quedar cerca del presidente José Antonio Kast.

El movimiento tiene una particularidad difícil de soslayar. Duco dejó el Ministerio del Deporte el 14 de agosto, en medio de cuestionamientos por el uso irregular de un vehículo fiscal, abriendo un flanco que terminó siendo revisado por la Contraloría.

En ese momento, su salida parecía cerrar el episodio político. Menos de un mes después, sin embargo, la exatleta olímpica regresa a la estructura de gobierno, aunque desde una posición con menor exposición pública.

Y ahí comienza la primera lectura política.

La “renuncia con elástico” de Natalia Duco

Para Sergio Huertas, académico de la Escuela de Gobierno y Administración Pública de la Universidad Mayor, el punto no pasa necesariamente por la supuesta lealtad del presidente hacia una colaboradora, sino por la señal institucional que entrega la decisión.

“Más que un exceso de lealtad, lo que se observa es una confusión entre lealtad personal y responsabilidad política”, plantea.

A su juicio, una renuncia tras un cuestionamiento de probidad cumple precisamente la función de permitir al Ejecutivo separar su propia credibilidad de la conducta de la autoridad involucrada. Si esa persona retorna casi inmediatamente a un cargo de confianza, advierte, la salida puede terminar siendo interpretada como una herramienta para contener una crisis más que como una consecuencia política.

La paradoja queda expuesta en el caso de Duco.

El Gobierno ya concretó el relevo en el Ministerio del Deporte: Francisco Riveros asumió como nuevo titular de la cartera, después de integrar precisamente el Segundo Piso. Duco, en cambio, no abandona el Ejecutivo. Cambia de posición dentro de él.

Huertas resume esa dinámica con una expresión gráfica: “renuncia con elástico”.

La idea apunta a una salida que opera en la primera línea, pero no necesariamente implica abandonar el Gobierno. Y en el caso de Duco, la fórmula resulta especialmente visible porque su retorno ocurre apenas 24 días después de dejar el ministerio.

“El costo político de la remoción se traslada desde la autoridad cuestionada hacia el propio Ejecutivo”, advierte el académico.

Duco: Del ministerio al círculo presidencial

La nueva destinación agrega otro elemento a la discusión. Y es que el Segundo Piso no es una oficina cualquiera dentro de La Moneda. Es el espacio donde se concentra parte del equipo de mayor confianza del mandatario. Por eso, aunque la función de Duco implique una exposición pública considerablemente menor que la de una ministra, su regreso también supone permanecer dentro del entorno presidencial más próximo.

La decisión, desde luego, tiene una explicación funcional posible. La trayectoria deportiva de Duco y su experiencia al frente de la cartera permiten al Ejecutivo presentar su incorporación como un aporte técnico en materias sectoriales.

Pero precisamente ahí aparece una tensión que trasciende su currículum: la diferencia entre capacidad técnica y responsabilidad política.

Porque el debate no está necesariamente en si Duco tiene conocimientos para asesorar al Gobierno en materia deportiva. La pregunta es por qué esa experiencia debe seguir estando disponible para La Moneda tan poco tiempo después de una salida que estuvo marcada por un cuestionamiento de probidad.

Esa distinción es relevante para Eugenia dos Santos, académica de la Facultad de Humanidades de la Usach.

“Más que dañar al gobierno, este tipo de reincorporación confunde a la ciudadanía”, sostiene.

A su juicio, el Ejecutivo debe explicar con claridad cuáles serán las funciones de la exministra y por qué resulta necesaria su permanencia dentro de la administración.

Una salida y la pregunta incómoda

El factor tiempo vuelve particularmente sensible la decisión. No han pasado meses desde que Duco dejó el gabinete, sino que apenas transcurrieron 24 días.

Para Dos Santos, precisamente ahí está una de las claves del problema: cómo interpreta la ciudadanía una reincorporación tan rápida después de una salida motivada por una controversia.

“Creo que aquí lo que uno tiene que apuntar es cómo la ciudadanía comprende ese tipo de reincorporación”, plantea.

La dificultad para La Moneda es que el movimiento puede terminar alterando el significado político de la salida original.

Porque una cosa es retirar a una autoridad de la primera línea para enfrentar una crisis y otra es comunicar, apenas controlada la exposición pública, que esa misma persona continúa formando parte del Gobierno y, además, retorna a una posición cercana al presidente.

Huertas advierte que el efecto puede adquirir mayor relevancia si este tipo de decisiones comienza a repetirse.

“Un caso puede explicarse como excepción, tres constituyen un patrón”, sostiene.

La advertencia apunta a un eventual cambio en la percepción pública: que las salidas de autoridades terminen pareciendo menos una consecuencia política y más una reubicación dentro de la estructura gubernamental.

Y en el caso de Duco existe, además, un elemento que mantiene abierto el episodio original. Esto, porque la Contraloría todavía revisa los antecedentes vinculados al uso del vehículo fiscal.

La Contraloría y el costo que queda pendiente

El retorno de Duco ocurre, por tanto, mientras el episodio que precipitó su salida todavía no tiene un cierre definitivo.

Ese detalle vuelve especialmente sensible su reincorporación. Si el órgano contralor llegara a establecer responsabilidades o emitiera un pronunciamiento adverso, la controversia ya no involucraría únicamente a una exministra del Deporte: alcanzaría también a una asesora que para entonces estaría nuevamente instalada en el entorno más próximo al Presidente.

Para Dos Santos, allí aparece una contradicción que podría terminar afectando al Ejecutivo: no necesariamente su capacidad de gobernar, sino su capacidad para mostrar coherencia entre el discurso de transparencia y probidad y las decisiones que adopta.

En ese escenario, la pregunta que deja el retorno de Duco no es solamente por qué vuelve, sino qué significado tuvo realmente su salida.

Natalia Duco dejó el Ministerio del Deporte el 14 de agosto, en medio de una controversia por el uso de un vehículo fiscal. Veinticuatro días después, regresa a La Moneda para integrarse al Segundo Piso.

Y no vuelve a cualquier lugar. Vuelve al círculo más cercano al Presidente.

Y allí radica la paradoja política: la salida que debía marcar una consecuencia frente a una crisis puede terminar convertida, apenas unas semanas después, en un cambio de oficina.

La respuesta definitiva dependerá de dos factores: la explicación que entregue La Moneda sobre las funciones que asumirá la exministra y lo que finalmente determine la Contraloría sobre el episodio que provocó su salida.

Por ahora, queda un dato imposible de ignorar, porque finalmente Duco salió del gabinete, pero nunca terminó de salir del Gobierno.