Los malls chinos en Chile son un fenómeno con múltiples capas que resiste las explicaciones simples. No son una conspiración estatal china ni son todos fachadas criminales. Lo que las autoridades chilenas deben enfrentar no es el fenómeno migratorio ni comercial en sí, sino tres problemas distintos y documentados: la evasión tributaria sistemática que genera competencia desleal, la infiltración de organizaciones criminales que utilizan negocios legítimos como fachada; y la debilidad institucional de los organismos de fiscalización que carecen de recursos para supervisar un sector que creció un 240% en sólo cuatro años.
1. ¿Por qué un comerciante chino cruza el Pacífico para llegar hasta Chile?
Con raíces que se remontan al siglo XIX, la migración china a Chile no es nueva, pero la oleada actual es muy diferente. Los migrantes históricos eran cantoneses atraídos por la industria del salitre y la minería; los actuales provienen mayoritariamente de la poblada provincia de Zhejiang —y en especial de las ciudades de Qingtian, Wenzhou y Lishui- siendo en su mayoría pequeños comerciantes con bajos niveles de educación formal que buscan escalar socialmente.
El antropólogo Pablo Ampuero, quien realizó trabajo de campo en China en 2023, describe el perfil al medio Interferencia: “La mayor parte de las personas que vienen son personas con bajos niveles de educación. Trabajadores migrantes. Personas que no terminaron la escuela y que luego se enfocaron en hacer negocios”.
Zhejiang tiene una cultura emigratoria comercial milenaria. La “teoría pragmatista” de la escuela Yongjia de Wenzhou, que data de la Dinastía Song del Sur en el siglo XII, propugnaba un gobierno basado en el comercio. Desde los años 80, los zhejianeses construyeron redes globales de comerciantes: primero en Italia, España y Francia; luego en Latinoamérica.

En estas provincias existe lo que los académicos llaman una “cultura de emigración” que estigmatiza quedarse trabajando en su país como un signo de fracaso. Como asegura el investigador Jinpu Wang en The Conversation, “El cierre gradual de vías de movilidad social ascendente impulsa a individuos, especialmente los marginados en su microcosmos, a migrar con la esperanza de alcanzar sus sueños”.
2. Pero… ¿por qué a Chile?
Chile atrae por razones concretas. Ampuero señala: “Cuando uno habla con chinos en China, una de las pocas cosas que saben de Chile, aparte de Alexis Sánchez y el vino, es que es una economía estable donde hay plata”. Por otro lado, el Tratado de Libre Comercio (TLC) con China facilita la importación directa, el mercado es menos saturado que China o Europa, y las redes de apoyo dentro de su propia comunidad reducen el riesgo de la aventura, asegura Logística360.
Así, un familiar ya establecido financia parcialmente la migración, y el recién llegado trabaja en su negocio hasta independizarse. La difusión actual opera por vías digitales: en la plataforma Xiaohongshu (Red Note), si se busca “Chile” aparecen videos de chinos describiendo el país como “limpio, bonito y funcional”.
Los números reflejan esta dinámica. De 1.653 chinos registrados en el censo de 2002, la cifra creció a más de 20.000 según estimaciones de organizaciones comunitarias entrevistadas para un estudio de la Universidad Central en 2016. Solo en una concentración de 20 cuadras del Barrio Meiggs en Santiago viven aproximadamente 3.800.
3. ¿Cómo logran los Malls Chinos vender tan barato?
Su ventaja principal es la importación directa desde fábricas en China, sin intermediarios. Unas 8 familias chinas controlan las principales cadenas, como Alistore, Newtree, Lida, Marketches, Gran Shanghai o Doremi, mientras que sus 7 importadoras asociadas traen contenedores completos desde Zhejiang, la provincia de origen de más del 70% de estos comerciantes.
El TLC Chile-China vigente desde 2006 y profundizado en 2019, permite que el 98% de los productos chinos ingrese a Chile con arancel cero, eliminando el derecho ad valorem estándar del 6%. Solo persiste el IVA del 19%, recuperable como crédito fiscal. Esto convierte a Chile en uno de los países del mundo con menor costo de internación para productos chinos.

4. ¿Cómo pagan arriendos millonarios en el centro de las ciudades?
Que estos negocios paguen “arriendos millonarios” tiene sus matices. La explosión de los malls chinos coincidió con el estallido social de 2019 y la pandemia de COVID-19, que provocaron el cierre masivo de locales de retail tradicional: Ekono, Montserrat o Lanabel, entre otros, abandonaron grandes superficies, aseveran las corredoras GPS Property y Colliers.
Estos arriendos cayeron significativamente y los malls chinos ocuparon esos espacios vacantes. El Grupo DDI, empresa chilena que administra el 80% de las operaciones inmobiliarias de este sector, conecta inversionistas chinos con locales disponibles y los acondicionan para operar. No existe evidencia de que paguen arriendos artificialmente bajos, pero sí de que entraron al mercado en su momento más apropiado: cuando estaba deprimido.
5. ¿Y realmente tienen ganancias vendiendo productos a 1.000 pesos?
Claro. El volumen de ventas compensa parcialmente los bajos márgenes de utilidades. En el Barrio Meiggs, zona neurálgica del fenómeno en Santiago, transitan hasta 150.000 personas diarias en temporada navideña. En cualquier local chino, un niño puede vestirse de pies a cabeza por menos de $30.000 pesos. Sí, en promedio, las boletas que entregan estos locales son de apenas $850 en efectivo y 1.143 pesos con tarjeta, pero el flujo es constante. La estructura operativa es ultraliviana: pocos empleados, trabajo familiar y administración concentrada, donde cada local opera como una persona jurídica independiente.
6. Pero debe haber alguna trampa…
No algunas, MUCHAS.
El Servicio de Impuestos Internos (SII) ha documentado prácticas graves y sistemáticas de evasión tributaria. Tal como reportó BioBioChile en enero pasado, el SII presentó una querella criminal contra 5 ciudadanos chinos por subdeclarar sus ingresos con un perjuicio fiscal de $2.357 millones de pesos. Otro caso reveló un fraude de $310 millones mediante 20 empresas fantasma en Valdivia, y 163 facturas falsas.
En tanto, un estudio de la Cámara Nacional de Comercio (CNC) de octubre de 2025, basado en la observación de 62 establecimientos, encontró que al menos en el 15% de sus ventas de estos locales no generan boleta, que solo el 38,7% exhibe su patente comercial, y que el 45% ofrece productos con sospecha de falsificación.

Ante esto, el SII reveló que implementó una estrategia nunca antes vista: fiscalizadores permanentes instalados físicamente dentro de los malls chinos, porque descubrieron que apenas se retiran los comerciantes vuelven inmediatamente a sus prácticas de evasión. Es decir, los malls chinos necesitan vigilancia policial constante para que cumplan la ley.
De hecho, en 2025 se realizaron 2.747 inspecciones en terreno a malls chinos, de las cuales se cursaron 332 infracciones por no emisión de boletas, se decretaron 229 clausuras temporales, y se cursó más de 63 millones de pesos en multas.
“Los mall chinos representan un tipo de comercio que requiere de la aplicación de acciones permanentes de control. Sin esas acciones, tienden a reducir la emisión de documentos tributarios, aumentando su riesgo de no pago correcto de IVA”, indicó Carolina Saravia, directora (S) del SII a BioBioChile.
Pero aún así es una batalla perdida. El SII tiene alrededor de 6.000 fiscalizadores para todo Chile, mientras que existen más de 1.100 malls chinos empadronados. Dejar a un fiscalizador permanente en cada uno sería absurdo. En tanto, con multas por no dar boleta de $200.000 y una ganancia diaria con evasión que supera los $500.000, económicamente, al comerciante le conviene seguir evadiendo.

¿Y si clausuran permanentemente el local? Bueno, supongamos que cierran la empresa A (con deudas tributarias), entonces los mismos dueños abren una empresa B, donde el SII debe empezar su trabajo desde cero. Así de simple.
El SII estima que los malls chinos producen más de $1 billón de pesos en ventas anuales, mientras que el IVA asociado que debería pagarse al fisco supera los 190.000 millones de pesos. Eso es aproximadamente el presupuesto anual de todo el Ministerio de Educación.
Y luego… tenemos Aduanas.
Consultado por Bío Bio, Cristián Vargas, exdirector jurídico del SII, reveló que “El 97% de la carga entra a Chile sin que un funcionario de Aduanas la abra. El contrabando y la subvaloración de productos alimentan las estanterías de estos locales con mercadería que técnicamente no existe en los registros legales”.
Una de las grandes barreras es que el SII y Aduanas no comparten información en tiempo real, por lo que es imposible hacer una trazabilidad de los productos. Nadie puede contrastar el “¿qué declaraste importar?” versus “¿qué estás vendiendo realmente?”.
Un agente de aduanas entrevistado para una investigación académica de la Universidad Central de Chile lo ilustró así: “Una taza la declaran como que vale $400 y después la venden a 5.000 pesos”.

En síntesis, la rentabilidad combina ventajas legales -como una cadena de suministro directa, acuerdos de arancel cero, arriendos de oportunidad y ventas de alto volumen— con prácticas ilegales sistemáticas que redundan en impuesto a la renta evadido, aranceles no pagados en importaciones, competencia desleal contra el comercio formal y empleos perdidos en el retail chileno.
7. ¿Es verdad que el gobierno chino envía dinero para subsidiar estos locales?
No hay evidencia de programas gubernamentales chinos que subsidien directamente el establecimiento de malls chinos en Chile ni en Latinoamérica. La política “Going Out” de Pekín y la Belt and Road Initiative se orientan a grandes empresas estatales y sectores estratégicos como minería, energía e infraestructura, no al comercio minorista de pequeños emprendedores.
Pero en realidad no lo necesitan, pues existen mecanismos de subsidio indirecto que abaratan los productos.
Para comenzar, los subsidios estatales a la manufactura y las devoluciones de impuestos a exportadores chinos reducen los precios de fábrica que pagan estos comerciantes. El FMI documentó en 2024 que los subsidios chinos han bajado precios de exportación en sectores como productos metálicos, muebles y manufactura ligera. Las políticas industriales como “Made in China 2025” generan sobreproducción que se traduce en precios ultra-bajos al mayoreo, especialmente en ciudades como Yiwu, el “supermercado del mundo” de Zhejiang, como lo llama China Daily.

El motor real del fenómeno es la diáspora y sus redes de financiamiento informal. La investigación etnográfica más rigurosa sobre el tema, conducida por Jorge Moraga y su equipo de la Universidad Central de Chile entre 2017 y 2022, con trabajo de campo tanto en Santiago como en Zhejiang, documenta que los comerciantes “operan generalmente fuera de los sistemas de préstamos bancarios, al margen de las relaciones contractuales”.
Ellos usan el sistema hui (会), clubes de préstamo rotativos donde grupos de confianza —familiares y compatriotas— aportan dinero mensual a un fondo que permite a cada miembro acceder a capital para iniciar o expandir negocios. Estudios en Estados Unidos estiman que hasta el 70% de los negocios chinos en barrios como Sunset Park en Brooklyn, se financiaron con este mecanismo.
China sí mantiene un aparato institucional de conexión con su diáspora a través de la Oficina de Asuntos de los Chinos de Ultramar (integrada al Frente Unido del Partido Comunista desde 2018), y los investigadores chilenos verificaron su existencia durante trabajo de campo en Qingtian. Pero no se documentó que este organismo canalice recursos hacia el comercio minorista en el exterior.
(Y claro, también oficinas secretas chinas en Chile para vigilar que ningún disidente haga mucho escándalo).
8. ¿Y los vínculos con el crimen organizado?
La evidencia sobre vínculos con crimen organizado requiere una distinción rigurosa entre casos judiciales documentados, investigaciones en curso, y rumores.
En diciembre de 2025, la Operación Muralla Oriental de la PDI desarticuló una célula del Clan Bang de Fujian que operaba en el Barrio Meiggs. Fueron detenidas 30 personas —27 ciudadanos chinos y un carabinero activo acusado de cohecho—, con cargos de asociación ilícita, lavado de activos, narcotráfico, extorsión y secuestro. Se incautaron más de $600 millones de pesos en efectivo, drogas y armas. La organización usaba karaokes, casinos ilegales y locales comerciales como fachadas, empleando el sistema Hawala (“Black Exchange”) para transferir fondos a China sin registro bancario. Además, 11 funcionarios de la PDI prestaban servicios de seguridad a los casinos ilegales vinculados.

El Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (OCRIT) de la Universidad Andrés Bello publicó en febrero de 2026 un informe que identifica al Clan Bang de Fujian como una de las 12 organizaciones criminales transnacionales operando en Chile, con presencia desde aproximadamente 2020. El dossier documenta que esta organización utiliza comercios formales —malls chinos, karaokes, salones de belleza— como negocios fachada para delitos económicos, cultivo intensivo de marihuana, tráfico de personas y lavado de activos. A diferencia de organizaciones como el Tren de Aragua, opera con bajo perfil violento y prioriza el camuflaje.
El fenómeno no es exclusivo de Chile. En Argentina, una investigación de tres años culminó en 2023 con 27 allanamientos y 15 detenidos por una red que recaudaba efectivo de supermercados chinos, lo transportaba en dobles fondos de automóviles a la Triple Frontera, y operaba con criptomonedas. En Brasil, la Operación Dark Trader de febrero de 2026 desmanteló una red que lavó 1.000 millones de reales (US$191 millones) en solo 7 meses a través de empresas de fachada dedicadas a productos electrónicos. A nivel global, la red de acción mundial contra el crimen financiero (GAFI) reconoce el lavado de dinero basado en comercio (TBML) como una vulnerabilidad creciente, y las redes criminales chinas figuran entre los actores relevantes en estos esquemas considerados por el Departamento del Tesoro de EEUU.
Sin embargo generalizar es tan irresponsable como ignorar el problema. De los más de 250 malls chinos en Chile, los casos judiciales involucran a individuos y redes específicas. De los 31 ciudadanos chinos privados de libertad en Chile, solo 4 tienen condena firme. Las debilidades institucionales chilenas —la Unidad de Análisis Financiero de Chile (UAF) opera con apenas 12 funcionarios de fiscalización y el GAFILAT, la rama que combate el lavado de dinero en Latinoamérica, dejó a Chile en “seguimiento intensificado” en 2021 por su poca capacidad de acción.
Esto facilita que las brechas sean explotadas tanto por actores legítimos que evaden impuestos como por organizaciones criminales que los usan de cobertura.
9. ¿Por qué nunca vemos chinos fuera de sus comercios? ¿Dónde estudian sus hijos?
La mayoría de comerciantes chinos de Zhejiang vienen a Chile sin sus hijos o los envían de vuelta a China cuando cumplen edad escolar. Esto es uno de los factores más sorprendentes, ya que su objetivo migratorio no es personal sino intergeneracional.
En China, el sistema hukou (un registro de residencia que define dónde vives y a qué servicios puedes acceder) además de la hipercompetencia educativa hacen casi imposible que los hijos de campesinos o de pequeños comerciantes puedan llegar a universidades de prestigio. Por esto, sus padres trabajan 12 a 14 horas diarias en Chile durante 10 a 15 años, ahorran agresivamente y, al regresar, financian buenas universidades para sus hijos que permanecen con sus abuelos en Zhejiang.
Por esto es muy raro ver niños chinos en edad escolar en Chile. Así, mientras venezolanos o haitianos buscan una migración de refugio o supervivencia, vienen con sus familias completas y deben integrarse forzosamente a la sociedad chilena; los chinos realizan una migración económica estratégica, llegando solos o en pareja, y evitando la integración social en Chile.

Sumemos a ello la barrera del idioma: el mandarín y el cantonés tienen una distancia lingüística abismal con el español. Se trata de un alfabeto diferente, con una estructura gramatical opuesta y donde ni siquiera hay cognados (palabras similares en diferentes idiomas, como “realidad“, “realidade” en portugués y “reality” en inglés).
Aprender español funcional le toma a un ciudadano chino entre 3 a 4 años de dedicación, sin embargo, trabajar de 12 a 14 horas diarias, 6 a 7 días a la semana, no les deja tiempo ni energía para estudiar español, ni menos para socializar fuera de su comunidad inmediata. Sólo su conocimiento básico de matemáticas les permite trabajar sin dominar el idioma local.
La comunidad china en Chile es un entorno cerrado donde rara vez necesitan de las instituciones chilenas e incluso pueden pasar semanas sin salir de su barrio.
- Proveedores: importadores chinos
- Empleados: otros chinos recién llegados
- Vivienda: edificios en Barrio Meiggs donde el 70% son chinos
- Alimentación: supermercados chinos, restaurantes chinos
- Servicios: médicos chinos, abogados que hablan mandarín
- Entretenimiento: karaokes chinos, apps chinas (WeChat, Douyin)
- Información: medios en chino, redes sociales chinas
Pero los chilenos también hemos puesto de nuestra parte. Los chinos han hecho su comunidad “de bajo perfil” debido a la discriminación histórica que sufrieron durante el siglo pasado. Entre 1889 y 1950 se intentó aprobar varios proyectos de ley que prohibían la llegada al país de “individuos de raza asiática”. Si bien no prosperaron, validaron las prácticas de los funcionarios consulares y fronterizos, quienes obstaculizaban la llegada del inmigrante chino y favorecían al europeo.
Sumado a los estereotipos que los vinculan al consumo de opio o la insalubridad, esto llevó a la comunidad china en Chile a desarrollar una fuerte cohesión interna, a evitar entrar en conflicto con su sociedad receptora, y sobre todo, a adoptar como estrategia el hacerse invisibles socialmente, pero indispensables económicamente.
(Esto no es exclusivo de Chile. Lo mismo ocurre en el barrio de Usera en Madrid, en el Barrio Chino de Buenos Aires, o en la comunidad cantonesa histórica de Perú).
Y un último dato que muchos desconocen. Los niños chinos que sí están en Chile suelen asistir al Colegio Yangtsé de La Reina, que tiene profesores chinos y enseña mandarín. Fundado en 1974 y apadrinado por Embajada de China desde 1987, este colegio tiene el mandarín como idioma obligatorio. Es el único colegio donde se ven niños chinos en número significativo pero, incluso así, son una minoría: la mayoría son niños chilenos aprendiendo chino.
10. ¿Por qué no les interesa asistir a escuelas chilenas?
Un estudio de la Universidad de Chile realizado en Temuco en 2020 entrevistó a familias chinas con hijos en escuelas chilenas. Estas percibían que la escuela chilena solo ofrecía “asistencialismo social”, no calidad educativa. Así, muchos migrantes retiraron a sus hijos para enviarlos a China.
“La educación aquí en Chile es para entretener a los niños, no para prepararlos”, sentenció un apoderado.
Cómo hicimos esta nota
Pedimos a Claude, la inteligencia artificial de Anthropic, realizar una investigación profunda en la web mediante su modelo Opus y la opción Research, para recabar antecedentes sobre diferentes preguntas respecto de los Malls Chinos en Chile. Posteriormente añadimos noticias recientes que estaban fuera de su base de datos, sobre las acciones del SII y de la Fiscalía durante enero y febrero de 2026. Una vez terminada la investigación, seleccionamos antecedentes, reordenamos los datos, agregamos información y verificamos las fuentes, antes de redactar en una sola nota el resultado.
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