Nacional
Lunes 29 abril de 2019 | Publicado a las 20:45 · Actualizado a las 11:46
Denunciante de Renato Poblete: Otros hombres me violaban y golpeaban mientras él miraba
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Por primera vez desde que present√≥ su denuncia contra el fallecido excapell√°n del Hogar de Cristo, Renato Poblete Barth, Marcela Aranda -profesora de Teolog√≠a de la Pontificia Universidad Cat√≥lica- dio detalles respecto de los abusos que sufri√≥ por cerca de 8 a√Īos de lo que calific√≥ como un “martirio”, asegurando que “me fue destrozando palmo a palmo, hasta que no quedara nada de mi”.

“√Čl comenz√≥ a abusarme sexualmente con mucha violencia. Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras √©l miraba”, relat√≥ ante Ahora Noticias los hechos que hasta la fecha hab√≠a preferido guardarse para presentarlos ante la comisi√≥n instalada en Chile por Charles Scicluna tras su misi√≥n papal.

Los abusos iniciaron a sus 19 a√Īos tras ingresar al Hogar de Cristo como voluntaria, donde Poblete fue su director espiritual, y se extendieron hasta que tuvo 27. Durante este tiempo, Poblete fue su director espiritual luego de que Aranda expres√≥ su deseo de una posible vocaci√≥n religiosa. Explic√≥ que “fue un periodo de ocho a√Īos de abuso. Es un abuso de conciencia, poder y sexual”.

“Lo que m√°s me hace sufrir y que nunca voy a poder sacar de mi memoria y del coraz√≥n es que √©l me oblig√≥ a abortar, y no s√≥lo una vez, tres veces. Son tres ni√Īos que yo nunca voy a poder abrazar, despedazados por un hombre abominable”, asegur√≥ al canal televisivo. Marcela Aranda indic√≥ anteriormente que durante los √ļltimos 25 a√Īos bloque√≥ todos los episodios de abuso que recibi√≥ por parte del sacerdote Poblete. “Ese per√≠odo se borr√≥ de mi consciente, era como si nunca hubieran existido”, relat√≥.

Una bestia

Todo comenz√≥ en los ’80, cuando estudiaba Teolog√≠a y sent√≠a surgir su vocaci√≥n social. Fue entonces que conoci√≥ a Poblete, sinti√©ndose halagada por su atenci√≥n por la popularidad p√ļblica de la que gozaba el hombre.

“Yo abr√≠ mi coraz√≥n y mi alma a esta persona”, cont√≥, agregando que pasaba un per√≠odo complicado con su familia y su padre. “√Čl percibe esta fragilidad de una chica que tiene ciertos problemas, fragilidades, debilidades, y esas √©l las capta perfectamente y me dice ‘de ahora en adelante voy a ser tu padre, yo te voy a cuidar”.

Asegura que recuerda esas palabras hasta el d√≠a de hoy. “Yo le entregu√© toda mi vida, nunca imagin√© que algo tan lindo, tan puro como pensar en una vida religiosa una bestia como Poblete pudiera realmente transformarlo en un abuso”.

Seg√ļn relat√≥ al medio, fue recordando los √ļltimos a√Īos conforme se enteraba de las noticias de los abusos en la Iglesia. “A m√≠ me comenz√≥ a surgir desde dentro un malestar, como una n√°usea sobre este tema, yo realmente no lo toleraba”, lo que se acentu√≥ con la invitaci√≥n de v√≠ctimas de abusos a la Facultad de Teolog√≠a. Tras esto, “fui pudiendo poner en palabras los horrorosos abusos de los que fui objeto” tras incluso dos intentos de suicidio de los que fue rescatada.

“Los primeros encuentros se manten√≠an en un cierto m√°rgen de normalidad aunque siempre hab√≠a caricias que yo no las sent√≠a como si fueran muy propias de un director espiritual, pero no ocurr√≠a m√°s que eso. Como que me perturbaban un poco, demasiada cercan√≠a f√≠sica, pero yo dec√≠a ‘bueno, √©l ser√° as√≠”, relat√≥. “No me cuestionaba mayormente, yo no ten√≠a mayor experiencia tampoco”.

“Yo estaba sola, extremadamente sola, y despu√©s de ese encuentro a las pocas semanas comenz√≥ a abusarme sexualmente con mucha violencia”, cuando a√ļn era menor de edad para la √©poca con 19 a√Īos, mientras √©l ten√≠a m√°s de 60 a√Īos.

Más tarde, la situación empeoró. Era llamada por Poblete para ir a diferentes lugares bajo amenazas y chantajes, como su oficina en el Hogar de Cristo, o en la casa de Aranda -que Poblete frecuentaba incluso conociendo a su familia- o en otras, o en el automóvil del religioso.

Seg√ļn Aranda, le dec√≠a “que iba a perder la universidad, que iba a perder todo, que me iba a hacer pedazos si yo dec√≠a algo porque nadie me iba a creer a m√≠, le iban a creer a √©l, entonces yo no ten√≠a salida y estaba terriblemente sola, no se lo pod√≠a decir a nadie. Simplemente fue violencia. No hubo desarrollo, no es algo que fue creciendo algo as√≠ como una relaci√≥n. Esto no fue una relaci√≥n, fue violaci√≥n. Golpes. Insultos. Eso era lo que √©l hac√≠a conmigo. As√≠ fue arrasando mi vida”.

“Me dec√≠a que √©l era lo suficientemente poderoso como para hacer que me echaran de la universidad”, detall√≥ Aranda, explicando que en este contexto “uno va perdiendo su identidad, lo m√°s profundo de ti y finalmente no queda nada. Te conviertes simplemente en una esclava sexual, ya no eres capaz de hacer nada despu√©s de eso porque no solamente me viol√≥ √©l, sino que tambi√©n me llevaba donde otros hombres”.

Desconoce si esos hombres eran sacerdotes “porque se cubr√≠an el rostro”, pero asegura que eran amigos de √©l “y eso se notaba por las confianzas que hab√≠a entre ellos”, lo que ocurri√≥ durante los √ļltimos a√Īos del abuso “y eso me despedaz√≥ completamente, yo me sent√≠a como una basura”.

Tres abortos

Respecto de los casos en que fue forzada a abortar, relata que la primera vez fue llevada cuando ten√≠a cerca de 20 a√Īos “sin que yo lo supiera”. M√°s tarde, fue adormecida y s√≥lo se enter√≥ cuando despert√≥ en su casa. M√°s adelante fue nuevamente, amenazada. “Hay que entender que a una v√≠ctima la van destruyendo de a poco en su voluntad”.

“Es como una manera de sobrevivir. T√ļ dices ‘si no lo hago, quiz√°s qu√© va a hacer"”, plante√≥, agregando que se arm√≥ de coraje hacia los √ļltimos a√Īos y contact√≥ al jesuita Juan Ochagav√≠a y le relat√≥ los hechos, sin recibir respuesta.

“Yo necesito una explicaci√≥n clara y de frente de por qu√© no hicieron nada en la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs”, exige la v√≠ctima.

Hacia el final de los abusos, relata, lleg√≥ una nueva joven al servicio, “y yo noto que a Renato Poblete le gusta esa chica. √Čl me deja a m√≠, no pensando en que no quer√≠a seguir abus√°ndome sino porque se entusiasm√≥ con esta ni√Īa, y esa es la oportunidad en que yo salgo. Y he pensado harto en esa ni√Īa, qu√© habr√° sido de ella”.

Pasaron semanas en que no fue contactada, por lo que aprovech√≥ de irse “y no mir√© atr√°s”. Tras esto, asegura que pese a que tiene una hija que “le dio sentido a mi vida”, nunca m√°s pudo entablar una relaci√≥n y se mantiene soltera hasta la fecha.

Aranda no est√° sola, puesto que ya se habr√≠an presentado al menos10 denuncias m√°s contra el jesuita que muri√≥ en febrero de 2010 producto de un ataque card√≠aco, a los 85 a√Īos de edad. Tambi√©n estar√≠an en la mira sus cercanos, por posible encubrimiento.

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