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El fujimorismo regresa al poder en Perú esta semana, recordando la llegada sorpresiva de Alberto Fujimori a Chile desde Japón en 2005. BioBioChile habló con el exprocurador anticorrupción, Antonio Maldonado, quien lideró la estrategia peruana para la extradición de Fujimori desde Chile. Maldonado revela las razones detrás de la llegada de Fujimori a Chile, la presión japonesa, el papel de la Corte Suprema, la estrategia legal, y la presión política durante el proceso. Destaca la actuación correcta de la Corte Suprema chilena al aprobar la extradición, a pesar de la historia conservadora de la institución.
Antonio Maldonado, exprocurador anticorrupción y uno de los responsables de la estrategia para lograr la extradición, sostiene que el entonces presidente chileno buscó utilizar el caso Fujimori en medio de las tensiones limítrofes con Perú. Además, revela detalles del proceso que terminó con el regreso del exmandatario a Lima.
Esta semana el fujimorismo vuelve al poder en Perú. En ese contexto, recordamos uno de los episodios que marcó la relación entre ambos países: la sorpresiva llegada de Alberto Fujimori a Chile desde Japón en 2005, cinco años después de haber renunciado a la presidencia.
BioBioChile conversó con el exprocurador anticorrupción Antonio Maldonado, quien lideró la estrategia jurídica del Estado peruano que culminó con la extradición del padre de Keiko Fujimori desde Chile.
-¿Cómo llegó Alberto Fujimori a Chile y por qué cree que lo hizo?
Hay varias razones, no solo una. En primer lugar, Fujimori tuvo un gran apoyo de parte de un sector político de Japón vinculado a la derecha. Para estos líderes, Alberto Fujimori personificaba la imagen del inmigrante japonés exitoso, que había llegado a ser presidente de la República. También admiraban su estilo autoritario y militarista. Luego también había una deuda de gratitud de parte del gobierno de Japón hacia Fujimori por el tema de la toma de la embajada japonesa en Lima por el grupo terrorista MRTA en 1996.
¿Y por qué Chile? Porque Perú y Chile tienen una frontera, la idea de Fujimori, aparentemente, era que, una vez que las autoridades judiciales chilenas rechazaran cualquier pedido del Perú para extraditarlo o deportarlo, cruzara la frontera hacia Tacna y que sus simpatizantes lo llevaran en hombros prácticamente hasta Lima.
Otra de las razones principales también fue que la Corte Suprema de Chile había rechazado los pedidos de extradición de dos publicistas: uno era el peruano Eduardo Calmell del Solar, que luego murió en Chile, y otro el argentino Daniel Borobio. Ellos eran parte de la red criminal de Fujimori que controlaba la prensa.
También estaba el antecedente de Walter Rauff, quien fue un criminal de guerra nazi que huyó de Alemania a América del Sur. Fue nada menos que uno de los operadores más cercanos a la estrategia de aniquilamiento de las víctimas judías. Este viajó a Chile y tuvo protección política y judicial. La Corte Suprema de Chile se negó tajantemente a extraditar a Walter Rauff, pese a los pedidos de la Alemania Occidental en esa época.
-¿Uno de los motivos del viaje de Fujimori a Chile también fue porque el Estado japonés se sentía presionado por el gobierno peruano que había pedido la extradición y evaluaba una demanda ante La Haya?
Así es, exactamente. Y no sé por qué razón ni mis predecesores ni el gobierno antes de mi llegada habían desarrollado esa estrategia de contratar una law firm especializada en demandas internacionales, plantear una estrategia de demanda ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya contra el Japón por la violación de sus obligaciones ante la Convención contra la Tortura de la ONU y sus obligaciones derivadas del principio aut dedere aut judicare (o se extradita o se juzga), que en ese momento, aunque estaba como un draft, tenía un efecto importante en lo jurídico. Y (había presión) por todo lo que nosotros íbamos informando a la embajada de Japón en Perú respecto a las acciones legales. Una vez que Fujimori llegó a Chile, la embajada de Japón pudo respirar.
-¿Alberto Fujimori llegó a tener un acercamiento real con el gobierno de turno, con el poder político en Japón?
Por supuesto. Con gobiernos de la derecha japonesa. Ahora, fíjese, no hace mucho tiempo, ya muerto Fujimori, el primer ministro de Japón, que vino por una reunión que se llevó a cabo en Lima, fue a rendir homenaje en el cementerio a Fujimori cuando las víctimas se sentían absolutamente insultadas por esa actitud. Y, por supuesto, eso fue permitido por el gobierno de una señora, cuya moral pública y política está bajo serio cuestionamiento, la señora Dina Boluarte, una corrupta involucrada a su vez en casos de violaciones de derechos humanos. Eso pasó en las narices de todos los peruanos.
Es más, en las narices de las autoridades judiciales chilenas, Fujimori postuló al Senado japonés. O sea que el gobierno de Japón jamás quiso jugar el papel de “ah no, yo estaba por acá y Fujimori se metió en mi país, ¿qué voy a hacer?, es peruano y también es japonés, tengo que protegerlo”. No, el gobierno de Japón tuvo un activo papel en la protección de Fujimori. Por ejemplo, cada vez que el Estado peruano presionaba por las dos solicitudes de extradición (desde Japón), que mi predecesor presentó, el gobierno japonés enviaba preguntas de lo más absurdas. Y pedía: “Por favor, las respuestas traducidas al japonés”. Yo no sé por qué mi predecesor y el gobierno de esa época lo permitían. Cuando llegamos hubo un nuevo enfoque y una nueva estrategia.
-¿Cómo fue la reacción de las autoridades chilenas tras la llegada de Fujimori y antes de la extradición? ¿Hubo colaboración?
Tan pronto llegó Fujimori a Chile, ocurrió algo que no había ocurrido durante todos los años que estuvo protegido por Japón. Y es que a las pocas horas de llegar, fue detenido por la Policía. Pero antes, el ministro de Relaciones Exteriores chileno llama a Palacio e informa sobre el ingreso. ¿Qué hizo el presidente Ricardo Lagos? Como había varios problemas limítrofes por el tema del mar entre Chile y Perú, lo que hizo, a diferencia de su ministro de Exteriores, que actuó de manera muy decente, fue pretender negociar la carta de Fujimori con el Perú.
Cuando el embajador peruano en Chile confirma que Fujimori estaba en el país, pide instrucciones al gobierno peruano y no le responden. Entonces, llama al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, que era su amigo, y le dice: “Oye, expulsen a Fujimori por la frontera, nosotros lo vamos a recoger” y este le responde, “Sí, me parece bien. Voy a informar a mi gobierno”. Pero Lagos le responde: “No vamos a hacer eso”. ¿Qué quería hacer Lagos? Quería negociar la carta de Fujimori en los temas fronterizos entre Perú y Chile.
Entonces, el ministro de Exteriores llama, apesadumbrado, al embajador peruano y le dice: “Vas a tener que activar el tratado de extradición”. Y es ahí que se activa el tratado. Nosotros, que ya teníamos trabajando la estrategia con Japón, en pocas horas transformamos esa estrategia en términos del tratado de Chile. Por eso es que en pocas horas se logra la detención de Fujimori porque logramos activar las cláusulas del tratado para la detención preliminar.
¿Qué cambia la estrategia del gobierno de Chile? Lo que le hace cambiar es una intervención pública de la entonces candidata Michelle Bachelet, hecha a las 7 de la noche de ese domingo, donde sale al público a decir que era inaceptable la presencia de Fujimori en Chile. Hace una crítica fortísima a su propio gobierno.
-Pero, según versiones de la prensa, en realidad el presidente Lagos no aceptó la expulsión porque buscaba respetar el estado de derecho. ¿Eso es solo una versión oficial?
Bueno, es una versión oficial muy conveniente, porque todos sabemos que en las horas siguientes a la llegada de Fujimori había un margen de tiempo que estaba bajo el arbitrio y decisión del gobierno de Chile. Todos los gobiernos tienen ese margen. Entonces, la excusa para lavar su imagen de no usar a Fujimori como carta de negociación, fue esa: “Ah, no, respetamos el estado de derecho”. No, tuvo unas horas para tener una actitud diferente y no lo hizo. Y la razón por la cual no lo hizo es la que se lo estoy manifestando. En todo caso, la historia juzgará a Lagos. Yo tengo clarísimo quién es Lagos y quién es Bachelet.
Para mí, quien cambió el destino de esa noche fue la señora Bachelet. Si la señora Bachelet se quedaba callada, Lagos seguía en su juego.
-Posteriormente, después de la detención, ustedes tuvieron que sustentar el pedido de extradición. ¿Cómo fue la recepción de las autoridades chilenas en adelante?
Bueno, en términos generales, fue un proceso gobernado por la Corte Suprema de Chile, que, representando al Estado de Chile, dijo cómo debía actuarse, y fue una actuación en la que no siempre el Estado peruano se sintió complacido, como por ejemplo la primera decisión del magistrado instructor que rechazó todas las solicitudes de un tajo. Incluso la fiscal Mónica Maldonado protestó e hizo una apelación. Pero lo que hay que decir es que fue un proceso ya bajo control de la Corte Suprema de Chile. Los magistrados en general eran muy formales, los plazos, etc. O sea, que todo se manejó ya en el marco del proceso de extradición, porque nosotros habíamos cumplido con entregar los 12 cuadernos de extradición dentro del plazo establecido en el tratado.
-Durante el proceso a Fujimori se le dio libertad provisional, ¿eso complicó un poco la estrategia del Perú?
No, en absoluto. Al día siguiente de la detención, yo viajé a Chile. Una de las primeras tareas que tuvimos fue buscar un abogado que nos iba a representar en Chile. Contratamos al doctor Alfredo Etcheberry, que era un sabio. Lamentablemente, ya murió. Tenía dos abogados que trabajaban con él; Etcheberry era un hombre ponderado, prudente, sereno y fue el que guió la exitosa extradición de Fujimori.
En Perú, por supuesto, fue un drama y casi se ponen a llorar, pero en realidad era parte de algo normal en el marco de un procedimiento como el chileno, aunque antiguo, pero gobernado fuertemente por principios garantistas. Cuando se dio la libertad provisional, el doctor Etcheberry me dijo: “Calma, no se preocupe porque no podemos tener a Fujimori en prisión indefinidamente. No hay problema en tenerlo en su casa. Esto no dice nada respecto a la extradición”.
-¿Cuál era la situación legal de Fujimori antes del viaje a Chile? Porque él decide entrar como turista, pero sí había una orden de captura.
Era un prófugo, estaba requerido por la justicia peruana. Solo que acá se revelan problemas también de cómo los Estados pueden capturar eficientemente a un procesado. Eso ya tenía que ver con el tratado de Interpol; no todos los estados aceptaban Interpol, en particular Japón no lo aceptaba. O sea, finalmente las disposiciones de Interpol surgen de un tratado entre estados y los estados no tienen el mismo nivel de compromiso, ni muchos han firmado el tratado. Entonces, en efecto, había un código rojo para Fujimori, pero a Japón eso no le interesó. Y en Chile, esto es más atribuible a un bisoño oficial de la Policía porque su jefe, cuando se entera, estalla en cólera. Fue más que un acto de negligencia de algún funcionario, pero no tuvo que ver con una voluntad concertada o un complot concertado con el gobierno de Chile ni de Ricardo Lagos.
-En Perú no había consenso sobre el éxito de la extradición. ¿Cuál era la crítica? ¿Era un tema político?
Sí, era un tema básicamente político. Por ejemplo, estaba la crítica del abogado Javier Valle Riestra, que era y es de cara a la historia el principal tratadista en materias de extradiciones, y había sido ministro de Fujimori. Es como hoy día en el Perú; yo no sé qué le pasa a mis compatriotas, no sé si hay una enfermedad colectiva de la cual algún día sanen o no. No lo sé, pero había lo mismo en esa época. El fujimorismo era como sagrado. Decían: “No, pero qué le imputan a Fujimori”, “Fujimori no lo hizo, fue Montesinos”, “Fujimori estaba lejos, jamás pudo haber hecho eso”.
Y eso tiene que ver con otra teoría que fue aceptada, que nosotros construimos antes de mi renuncia y estaba dentro de los 12 cuadernos de extradición. Fue la teoría del autor mediato. Esta teoría fue trabajada dentro de mi procuraduría por una abogada que se llama Janet Briones, que me la presentó como la carta que debíamos tener en la procuraduría para imputar responsabilidad penal a Fujimori.
La extradición tuvo como causa eficiente la solidez de la tesis de la autoría mediata, la solidez de las pruebas que alcanzaban el nivel de causa probable, los 12 cuadernos y la labor del doctor Etcheberry. Con eso, era imposible derrotar la extradición. Alan García sí intentó derrotarla políticamente; por eso fue la razón de mi renuncia. Yo tuve información privilegiada de reuniones confidenciales que tuvo el señor García, todavía candidato, con la señora Keiko Fujimori, reuniones en las cuales se estableció una alianza de que cuando García llegara al poder, la extradición de Fujimori no procedía. Pero García tampoco pudo derrotar la extradición.
-Con el ingreso de Alan García al poder, ¿recibió algún tipo de presión política?
Sí, por supuesto, pero fue una presión a la peruana. Alan García nombró como ministra de Justicia a mi compañera de promoción de la universidad, María Zavala. La señora ministra tuvo una actitud distante con mi gestión y luego nombró a un bulldog, que era gente de García que en el periodo de transferencia había manifestado su hostilidad hacia nosotros. Pero más allá de eso, el primer vicepresidente de García, un señor marino, Luis Gianpietri, era el verdadero instrumento de García contra mí. Este me mandó investigar con el servicio de inteligencia de la Marina. Había ese tipo de cosas. Pero quiero decir algo importante. El fujimorismo conmigo nunca se metió, nunca recibí una amenaza de un solo fujimorista. ¿Y sabe por qué? Porque a diferencia de otros, yo nunca tuve nada que deberle al fujimorismo ni el fujimorismo nada que reclamarme a mí.
-¿Cómo tomó usted la decisión de la Corte Suprema de aprobar el pedido de extradición de Fujimori?
Nos sentimos muy recompensados. Fueron años en los cuales no solo no fuimos reconocidos, sino que se nos estigmatizó, se nos descalificó, las descalificaciones venían de todos lados, incluso de nuestros predecesores. O sea, todo el mundo decía que nosotros éramos una suerte de funcionarios poco precavidos y que habíamos enfrentado mal las cosas.
-En general, ¿cómo califica la actuación de la justicia chilena durante el proceso de extradición?
Teniendo el contexto histórico descrito, históricamente era una Corte Suprema conservadora, expresión de eso es el caso Walter Rauff, los casos rechazados del Perú, etc. En el caso Fujimori, yo creo que la Corte Suprema de Chile, a pesar de haber rechazado el caso de los cuadernos del SIE, actuó correctamente. Yo me refiero a la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema que declaró fundada la extradición. No me refiero al primer fallo del primer magistrado Orlando Álvarez que fue un desastre. Yo creo que hicieron un trabajo impecable. Nadie se lo esperaba. Nadie daba por nuestra extradición un peso, ni un sol.
-¿Este 2026, prácticamente veinte años después de los hechos descritos, la heredera de Alberto Fujimori llega al poder? ¿Cómo explicarle esto a un público del extranjero?
No hay una explicación sencilla; la sociedad peruana es una sociedad compleja, fracturada, polarizada, no hay un sentido de unidad nacional, como lo hay en la sociedad chilena o la colombiana. Pero tal vez una explicación que puede acercarse, es una que dio un historiador norteamericano, Frederick Pike, cuando dijo que en el Perú no es fácil distinguir entre la virtud y el pecado, y no es fácil distinguir entre el héroe y el tirano. O sea, en el Perú hoy más que nunca los valores están aplastados. Y eso explica por qué hay un Congreso como el que tenemos y un régimen que se inaugura que reivindica la memoria de un dictador.
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