Este jueves Nicolás Zepeda negó nuevamente haber asesinado a su exnovia, la japonesa Narumi Kurosaki, rompiendo en llanto en sus últimas palabras previo al veredicto.

“No soy un asesino, yo no maté a Narumi”, afirmó Zepeda en su última alocución antes de que el tribunal comenzara a deliberar su veredicto, después de tres semanas de proceso en Vesoul en un juicio de apelación tras haber sido condenado a 28 años de cárcel a primera instancia.

Si Zepeda es condenado, su defensa podría recurrir a la Corte de Casación de Francia, el más alto tribunal del poder judicial del país.

“No sé cómo decirlo de otra forma… yo no la maté”, insistió el chileno, de 32 años, según el medio local L’Est Républicain, tras lo cual comenzó a llorar deconsoladamente.

En su argumentación final, realizada ayer, la Fiscalía solicitó la cadena perpetua por el asesinato de la joven, que tenía 21 años cuando desapareció en 2016 y cuyo cuerpo no ha aparecido.

En cambio, la defensa insistió en su último alegato en la falta de pruebas que incriminen directamente a Zepeda en el crimen y desaparición del cuerpo.

Uno de los abogados del chileno, Renaud Portejoie, incluso deslizó durante el proceso la posibilidad de una disputa que habría generado una muerte accidental de la joven.

Las tres semanas de este proceso, que comenzó el pasado día 4, han tenido momentos de gran intensidad, como los interrogatorios de la fiscalía al acusado en un intento de que confesara su culpabilidad, o el mareo que sufrió la madre de Narumi en la sesión del día 11, que obligó a suspender la vista.

Durante el proceso, la fiscalía se esforzó en mostrar el carácter poco veraz, posesivo y manipulador del acusado (por ejemplo utilizando las cuentas de redes sociales de Narumi ya desde 2014), quien se vio forzado a reconocer que había mentido en algunas ocasiones, aunque siempre insistió en su inocencia en cuanto al asesinato.

Zepeda fue condenado en abril pasado ante las numerosas pruebas y testigos que apuntaban en su contra, aunque él siempre se ha declarado inocente y jamás se encontró el cadáver de su exnovia.

El chileno había viajado a Francia para intentar, según explicó, recuperar una relación que mantuvieron cuando él estuvo estudiando en Japón, en 2014, aunque ella ya tenía entonces un nuevo novio francés.

Según la investigación, Zepeda cenó con Kurosaki la noche en la que se perdió el rastro de la chica y ambos fueron grabados por una cámara entrando en la residencia de estudiantes donde vivía la japonesa, de donde unas horas después se vio salir solo al chileno.

La chica había llegado a la ciudad francesa de Besançon en el verano de 2016 para aprender francés en el marco de un acuerdo entre las universidades del Franco Condado y de Tsukuba.

La joven desapareció el 4 de diciembre de 2016 y varios estudiantes declararon haber escuchado gritos esa última noche y un “sonido sordo”, como de golpes, pero ninguno llamó a la Policía. Zepeda volvió a su país poco después y estuvo antes unos días con un primo en España.

Poco antes de la desaparición, Zepeda compró un bidón con cinco litros de combustible y fósforos, lo que hizo pensar a los investigadores en la posibilidad de que pudo premeditar la desaparición del cadáver.

Según la primera sentencia, tras el asesinato, Zepeda usó las redes sociales de la exnovia para enviar mensajes a sus allegados, haciéndose pasar por ella, para retrasar así el inicio de la búsqueda.

El chileno fue extraditado a Francia en julio de 2020 tras comprobar la Corte Suprema de Chile que existían “antecedentes con fundamento serio, cierto y grave” para acusarle.