Gestionar sin datos integrados equivale a gestionar a ciegas, y hoy el principal obstáculo ya no es tecnológico: es de decisión, coordinación y escala.

En salud, cada cifra representa una historia. Detrás de cada dato hay una persona, su problema de salud, una decisión clínica y, muchas veces, un riesgo que puede anticiparse o agravarse según la información disponible.

Sin embargo, gran parte del sistema sanitario en Chile sigue operando con datos desconectados, fragmentados y dispersos en múltiples plataformas que no conversan entre sí. Esta desconexión va mucho más allá de lo tecnológico: es una limitación estructural que incide directamente en la calidad, la eficiencia y la seguridad de la atención.

La interoperabilidad, en simple, es que distintos sistemas de información puedan compartir datos de forma segura y comprensible, para que esa información se use a lo largo de todo el proceso de atención. No se trata solo de “mover datos” entre plataformas, sino de que la información mantenga significado clínico y pueda apoyar decisiones reales.

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Un ejemplo conocido es Estonia. Desde fines de 2008 opera un sistema nacional que integra información clínica proveniente de distintos prestadores y exige a los proveedores de salud reportar datos clínicos clave bajo un marco común. Ese paso permitió construir una historia clínica longitudinal a nivel país y habilitó servicios digitales que hoy son parte del estándar de su sistema de salud.

A diario, historias clínicas electrónicas, laboratorios, imágenes médicas y registros administrativos generan enormes volúmenes de información. Pero acumular datos, por sí solo, no genera valor.

En salud, los datos cumplen su propósito cuando se transforman en evidencia clara y accionable para quienes toman decisiones: continuidad del cuidado, alertas de seguridad, mejor priorización, menos repetición de trabajo y menos incertidumbre clínica.

¿El problema? Datos no nos faltan

Cuando los sistemas funcionan de manera aislada, los efectos son conocidos: duplicación de exámenes, retrasos diagnósticos, sobrecarga administrativa y mayor riesgo por información incompleta o tardía. El problema no es que falten datos, sino que están “encerrados” en silos que obligan a equipos clínicos y pacientes a reconstruir la historia una y otra vez, con costos clínicos y humanos.

En Chile, avanzar de forma decidida en interoperabilidad podría permitir que la información fluya a lo largo del proceso asistencial y apoye una atención más oportuna, eficiente y segura.

Para los pacientes, eso puede traducirse en menos trámites, menos repeticiones y mayor continuidad durante su proceso de atención. Para los equipos clínicos, significa decidir con más respaldo y menos incertidumbre, especialmente en contextos de alta presión asistencial.

Los desafíos para avanzar son reales: brechas tecnológicas entre niveles de atención, falta de estándares comunes, problemas de calidad del registro, y una gobernanza aún insuficiente. Todo esto refleja una mirada reducida, donde los datos se tratan como un producto administrativo y no como un activo estratégico para optimizar la gestión clínica, fortalecer la salud pública y tomar decisiones con evidencia.

Punto de partida para mejorar el sistema

Pese a ello, existen avances relevantes. El trabajo impulsado por el Centro Nacional en Sistemas de Información en Salud (CENS) ha fortalecido capacidades y ha empujado estándares que vuelven técnicamente viable el intercambio de información entre establecimientos y niveles de atención. El desafío es pasar desde avances parciales y pilotos hacia implementación sostenida y a escala.

En este escenario, resulta relevante que la conducción del Ministerio de Salud estará a cargo de la Dra. May Chomalí, con una experiencia directa en interoperabilidad y gestión de datos en salud. Una decisión que nos permite proyectar que la integración de la información clínica comienza a ser entendida como un eje estructural del sistema y no como una herramienta accesoria.

La interoperabilidad debe ser el punto de partida para una gestión integral del dato sanitario: mejorar la calidad del registro, acordar estándares, definir una gobernanza clara y asegurar que la información se use efectivamente para decidir.

Persistir en un modelo fragmentado es insostenible en un contexto de presión constante sobre los recursos. Gestionar sin datos integrados equivale a gestionar a ciegas, y hoy el principal obstáculo ya no es tecnológico: es de decisión, coordinación y escala.

Fabio Paredes
Bioestadístico
Fundador de Biostatix Research & Consulting

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