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Perú y Estados Unidos formalizaron un Consejo Espacial Bilateral para unir entidades estatales, universidades y empresas en ciencia y tecnología espacial. Aunque no se mencionó el puerto espacial, la relación abre interrogantes sobre Talara y Chiclayo como sedes. El acuerdo incluye educación, intercambio de conocimientos y becas de mil. Perú destaca en observación terrestre, satélites y cohetes sonda. La cooperación busca formar talento y fortalecer capacidades espaciales con potencial para agricultura, desastres y prevención de ilícitos.
Una reciente alianza formalizada prevé formación para estudiantes, vínculos entre universidades y cooperación tecnológica, mientras persisten interrogantes sobre la futura infraestructura de lanzamiento en el norte del país.
Perú y Estados Unidos formalizaron recientemente el lanzamiento de un Consejo Espacial Bilateral, una instancia que busca conectar a entidades estatales, universidades y empresas de ambos países en materia de ciencia, formación y desarrollo tecnológico.
El anuncio coincidió con un escenario de expectativas alrededor del eventual puerto espacial en el norte peruano, cuya sede todavía presenta aparentemente interrogantes entre las bases aéreas de El Pato, en Talara (Piura), y Pedro Ruíz Gallo, en Chiclayo.
La nueva plataforma de cooperación fue presentada por el ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Espá, junto al embajador de Estados Unidos en Lima, Bernie Navarro. El Consejo contempla iniciativas educativas, vínculos universitarios, intercambio de conocimientos y oportunidades para el sector privado relacionado con actividades espaciales.
El puerto espacial no apareció mencionado en la información difundida sobre el Consejo Bilateral. Aun así, la coincidencia entre ambos procesos instala una pregunta sobre el alcance de la relación que Perú busca construir con Estados Unidos en el sector: el país cuenta con experiencia en observación terrestre, satélites, cohetes sonda y formación académica, mientras mantiene abierto el debate sobre una infraestructura destinada a operaciones espaciales de mayor escala.
La expectativa también se nutre de decisiones tomadas en Estados Unidos. El 28 de agosto, la Casa Blanca anunció una comisión encargada de diseñar la futura United States Space Academy, una academia federal liderada por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) que tendría como objetivo formar profesionales para el ámbito civil, militar y comercial de la actividad espacial.
El Consejo Espacial
La iniciativa entre Perú y Estados Unidos apunta a articular al sector público, el ámbito académico y empresas de ambos países. En la ceremonia participaron el jefe institucional de la Agencia Espacial del Perú, mayor general FAP Roberto Melgar; la viceministra de Gestión Pedagógica, Miriam Ponce; y la presidenta de la Universidad Internacional de Florida, Jeannette Núñez.
También asistieron representantes de la Comisión Fulbright y de universidades peruanas. La participación de esas entidades respondió a uno de los ejes centrales del acuerdo: la formación de estudiantes y profesionales vinculados con áreas de ciencia, ingeniería y tecnología espacial.
La Embajada de Estados Unidos anunció una asignación de 240 mil dólares para becas y alianzas universitarias. Los recursos estarán destinados a estudiantes y profesionales interesados en ingeniería, astrofísica, ciberespacio y otras disciplinas relacionadas.
“Vamos a fomentar alianzas universitarias, becas e intercambios en ingeniería, astrofísica, ciberespacio y ciencias afines”, expresó un representante de la Comisión Fulbright Perú, citado durante la presentación de la iniciativa.
El alcance de las becas, la cantidad de beneficiarios y los criterios de selección no fueron detallados en la información disponible. Tampoco se precisaron las instituciones que participarán en cada programa ni los plazos para las convocatorias. Sin embargo, el acuerdo apunta a ser auspicioso.
El canciller Espá señaló que el Estado peruano busca ampliar sus capacidades en la exploración y el empleo pacífico del espacio. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, esas herramientas podrían tener aplicación, entre otras cosas, en la prevención de desastres, la actividad agrícola, el combate contra cultivos ilícitos y la reducción de la deforestación.
La información satelital ya ocupa un lugar en varias de esas áreas. Las imágenes de observación terrestre permiten identificar cambios en el territorio, seguir zonas afectadas por fenómenos climáticos, observar la expansión de actividades ilegales y apoyar decisiones de instituciones públicas.
Talara y Chiclayo
El proyecto de un puerto espacial volvió a tomar fuerza a fines de marzo de 2026, cuando el Congreso de la República de Perú declaró de interés nacional su creación en la base aérea El Pato, ubicada en Talara, región Piura.
La medida puso a El Pato en el centro de la discusión. La ubicación de Talara, cerca de la línea ecuatorial y con salida hacia el océano Pacífico, fue señalada como una condición favorable para determinadas trayectorias de lanzamiento. La declaración legislativa, sin embargo, no implicó el inicio de obras, la asignación de presupuesto, una licitación o la definición de un operador.
La posibilidad de que la instalación se ubique en Chiclayo reapareció en junio. El entonces congresista José Cueto informó sobre una visita al Comando Espacial y Ciberespacial de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), como parte de sus actividades durante la semana de representación.
En una publicación en X, Cueto afirmó que “conocí los avances del proyecto del Puerto Espacial que se desarrollará en Chiclayo, una iniciativa estratégica que contribuirá al desarrollo tecnológico, científico y al fortalecimiento de las capacidades del país en materia espacial”.
La declaración abrió nuevas dudas sobre la sede que finalmente podría albergar la infraestructura. La base aérea Pedro Ruíz Gallo, situada en Chiclayo, ya había figurado entre las alternativas para instalar el primer puerto espacial de Perú y de la región.
La declaración de interés nacional para El Pato llevó a que Talara fuera considerada como el lugar elegido. No obstante, el mensaje difundido por Cueto planteó la posibilidad de que el proyecto haya vuelto a enfocarse en Chiclayo o de que existan evaluaciones paralelas dentro de las instituciones vinculadas con la iniciativa.
BioBioChile buscó una posición oficial sobre la situación de ambas bases y sobre la sede definitiva del proyecto. Hasta la publicación de este artículo no se obtuvo una respuesta concreta.
Cohetes sonda
La discusión sobre Talara y Chiclayo también exige diferenciar las capacidades existentes de las que necesitaría un puerto espacial comercial u orbital. Perú ha participado en campañas científicas y ha desarrollado cohetes sonda, vehículos que realizan vuelos suborbitales para transportar instrumentos de medición.
Ese tipo de lanzamientos se diferencia de una misión orbital, que requiere mayor potencia, sistemas de seguimiento, infraestructura especializada, zonas de seguridad, logística y capacidad para insertar una carga útil alrededor de la Tierra.
En 1975 y 1983, la NASA realizó campañas de cohetes científicos desde la base peruana de Punta Lobos. Esas operaciones estuvieron destinadas al estudio de la atmósfera superior y permitieron la formación de personal peruano, aunque no colocaron satélites en órbita.
En 2021, la Agencia Espacial del Perú lanzó el cohete sonda Paulet 1-C, diseñado por personal de la institución y equipado con propelente sólido producido por esa entidad. El vehículo no tenía capacidad orbital, pero formó parte de los trabajos nacionales en propulsión y desarrollo de componentes.
Un puerto espacial requeriría una escala distinta. Además de plataformas de lanzamiento, debería contar con instalaciones de seguimiento, corredores de seguridad, servicios de transporte, comunicaciones y un esquema financiero que permita sostener operaciones en el tiempo.
El interés de Estados Unidos en invertir en el norte peruano para ese proyecto fue respaldado en su momento por la Sociedad Nacional de Industrias. Su presidente, Felipe James, sostuvo que la iniciativa podría aumentar la inversión extranjera y generar demanda de infraestructura, bienes y servicios.
“Consideramos muy relevante para el Perú el interés de EE.UU. en invertir en el norte del país para el desarrollo de un puerto espacial”, declaró. El dirigente empresarial también vinculó el proyecto con una mayor presencia de capital estadounidense en sectores estratégicos del país.
La norma que declaró de interés nacional la infraestructura señaló objetivos como la atracción de inversión, el fortalecimiento tecnológico, la generación de empleo y la posición de Perú dentro de la actividad espacial regional. No estableció recursos públicos inmediatos ni un cronograma de construcción.
Satélites y cooperación
El Consejo Espacial Bilateral llega después de una serie de proyectos que marcaron el desarrollo peruano en este ámbito. Uno de los principales antecedentes es el satélite PerúSAT-1, adquirido por el Estado en 2016 y operado desde el centro de control de Pucusana por especialistas peruanos.
El sistema de observación terrestre cuenta con una resolución cercana a 70 centímetros. Sus imágenes han sido utilizadas para el seguimiento de desastres, actividades agrícolas, infraestructura, deforestación, minería ilegal y cultivos ilícitos.
De acuerdo con la Agencia Espacial del Perú, el sistema capturó cerca de medio millón de imágenes y entregó más de 130 mil a entidades públicas. La institución estimó que su uso generó ahorros superiores a los 2 mil millones de soles para el Estado.
“El Perú se encuentra consolidando capacidades espaciales que tienen usos concretos en los campos de la agricultura, la lucha contra los cultivos ilícitos, la deforestación, la gestión de riesgo de desastres, como por ejemplo el fenómeno del Niño”, señalaron fuentes del sector durante el evento de presentación del Consejo.
La cooperación con Estados Unidos también tuvo antecedentes en el intercambio de información sobre objetos espaciales. Perú suscribió acuerdos en 2020 y 2023 para acceder a datos que permitan monitorear satélites y prever aproximaciones que puedan representar riesgos de colisión.
En 2024, el país firmó los Acuerdos Artemis, un conjunto de principios para la exploración pacífica, segura, transparente y responsable de la Luna, Marte y otros destinos fuera de la órbita terrestre. Perú se convirtió entonces en el país número 41 en adherirse a ese marco.
El Consejo Bilateral incorpora un componente que apunta al desarrollo de talento. “La apuesta no solo está en mirar hacia la Luna o Marte, también en formar a los profesionales que harán posible el desarrollo de esta nueva industria en el Perú”, afirmó un representante del sector educativo durante la actividad.
La Agencia Espacial del Perú estudia, además, un eventual PerúSAT-2. El proyecto contempla tecnología óptica más avanzada y radar de apertura sintética, una herramienta que permitiría obtener información nocturna y atravesar gran parte de la nubosidad. La iniciativa todavía requiere presupuesto, proveedores, licitación y un cronograma definitivo.
La definición de la sede del puerto espacial, el desarrollo del PerúSAT-2 y la puesta en marcha de las becas anunciadas por Estados Unidos aparecen entre los próximos puntos que deberán precisar las instituciones involucradas en la nueva agenda espacial bilateral.
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