Septiembre es un mes hermoso. Se respira otro aire, se percibe un ánimo distinto. La llegada de la primavera y las Fiestas Patrias parecen renovar la alegría y devolvernos algo de ese entusiasmo tan propio de estos días.
El país se viste de fiesta. Aparecen las banderas, los trajes típicos, la música y nuestras tradiciones. El olor a empanada y a asado se siente por doquier y no puede faltar un buen pie de cueca. Son jornadas para encontrarnos, compartir y reconocer con cariño aquello que forma parte de nuestra identidad.
La Iglesia también vive con especial alegría estas fechas. En parroquias y en la Catedral nos reunimos para dar gracias a Dios por nuestra patria, por quienes habitan esta tierra y por quienes tienen la responsabilidad de conducir sus destinos. Es una ocasión para agradecer lo recibido y renovar el compromiso con el futuro.
Estas celebraciones nos recuerdan que compartimos una historia, una cultura y un destino común. Hemos recibido una tierra hermosa y generosa, pero también una responsabilidad: cuidarla, hacerla crecer y procurar que sus frutos alcancen a todos, especialmente a quienes más lo necesitan.
Vivimos tiempos que nos exigen capacidad de escucha, respeto y disposición al diálogo. Son muchas las tareas pendientes y ninguna se resolverá desde la indiferencia o la descalificación. Necesitamos recuperar la confianza, buscar puntos de encuentro y poner en el centro el bien común.
La Iglesia quiere contribuir a ese camino desde la oración y desde la riqueza del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, promoviendo una convivencia fundada en la dignidad de cada persona, la justicia, la fraternidad y la paz.
Nuestro pueblo ha demostrado muchas veces una enorme capacidad para levantarse frente a las dificultades. Lo vemos cada día en tantos hombres y mujeres que trabajan con esfuerzo, sacan adelante a sus familias, sirven a los demás y siguen creyendo que es posible construir un futuro mejor. En ellos también se expresa lo mejor de nuestra patria.
Que estas Fiestas Patrias nos ayuden a agradecer nuestra historia, a valorar lo que hemos construido juntos y a renovar el deseo de hacer de esta tierra un lugar más justo, fraterno y humano.
¡Viva Chile y felices Fiestas Patrias!
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