La industria naval peruana encara una transformación sin precedentes, impulsada por alianzas estratégicas con Corea del Sur y una fuerte inversión estatal. El objetivo, según las autoridades y expertos consultados, es claro: convertir a Perú en referente regional en la construcción de submarinos y buques de guerra de última generación.
El respaldo surcoreano, a través de la colaboración con Hyundai Heavy Industries y la transferencia tecnológica asociada, representa el eje de este ambicioso proyecto que se desarrolla en los principales astilleros del país.
El contralmirante en retiro César Benavides, exgerente general de Servicios Industriales de la Marina (SIMA), destaca el valor de esta cooperación internacional.
“La selección del astillero coproductor para el desarrollo de los proyectos encargados por la Marina al SIMA pasa por un proceso de selección. No fue una selección en la que no se evaluó a otros astilleros importantes. Al contrario, fue pensado de esa manera”, explicó Benavides a El Montonero.
La decisión de asociarse con Hyundai Heavy Industries, añade Benavides, no solo respondió a criterios de costos y plazos. “Aquí había la necesidad de saber cuál era el nivel de transferencia de conocimiento y cuál iba a ser el aporte para el desarrollo de una industria nacional que, a lo largo de los procesos de construcción, nos lleve a tener una industria local que permita tener una base industrial para aportar en estos procesos”, puntualizó.
Horizonte de cooperación
El contrato marco firmado con la empresa surcoreana establece un horizonte de cooperación de 22 años, periodo en el que se proyecta la construcción y modernización de unidades clave para la Marina de Guerra del Perú.
Según cifras oficiales, el sector naval peruano ha recibido una inversión cercana a los 2.800 millones de soles (US$831,9 millones), monto destinado a cuatro de los principales proyectos que continuarán su desarrollo a lo largo de 2026. De este total, entre el 30% y el 35% se queda en el país mediante la contratación de empresas de metalmecánica, proveedores de equipamiento y técnicos locales, fortaleciendo la cadena productiva nacional.
En la actualidad, el avance más cercano corresponde a dos buques auxiliares logísticos, ya construidos al 50%, cuya entrega está prevista para finales del próximo año. La botadura, evento en el que se lanza la nave al agua tras la culminación del casco, se encuentra programada para mayo o junio de 2026. Así lo confirmó Luis Silva López, gerente general de SIMA, quien remarcó a Gestión: “El reto está en que estos dos buques auxiliares logísticos se entreguen a fines del próximo año”.
El plan de renovación no se limita a embarcaciones de apoyo. Se prevé la modernización del segundo submarino de la Marina de Guerra, así como la construcción de una embarcación turística fluvial en Iquitos destinada al sector privado, que también verá la luz en el segundo semestre de 2026.
Además, el desarrollo de una fragata multirol representa el mayor desafío tecnológico de la última década para la industria naval peruana. “Eso sí nos va a demorar. Debemos estar entregándolo a fin del 2029. Ese es el gran reto tecnológico que tenemos”, afirmó Silva.
Equipamiento de vanguardia
De acuerdo con el análisis de Benavides, el convenio con Hyundai Heavy Industries abre la puerta a la construcción de submarinos modernos, con electrónica avanzada y equipamiento de vanguardia.
“La Marina está buscando con los presupuestos disponibles tener lo mejor que hay en el mundo. Se está integrando equipamiento de primer orden a nivel mundial”, subrayó el contralmirante.
La cooperación incluye un proceso de transferencia tecnológica que, según el exjefe de SIMA, “ha ido más allá de lo que estaba incluso escrito”, permitiendo a técnicos peruanos acceder a conocimientos y metodologías que antes no estaban al alcance de la industria local.
Arma estratégica
La tradición submarinista de Perú es un elemento crucial en esta estrategia. “El submarino es un arma estratégica. La Marina tiene la intención de mantener estas capacidades a lo largo de los años porque sí nos da una ventaja”, señaló Benavides.
Subrayó que los submarinos peruanos participan regularmente en ejercicios con la flota naval de Estados Unidos, lo que refleja la posición del país en la región. “Podemos tener el mejor submarino del mundo, pero si la tripulación no lo sabe operar, estamos hablando de cualquier otra cosa”, remarcó.
En cuanto a la modernización de las unidades, el plan estratégico de la Marina de Guerra del Perú contempla la integración de sistemas de misiles, radares y sensores de última generación, junto a la capacitación de operadores y la creación de capacidades de mantenimiento local.
La apuesta, según Benavides, es dotar al país de una base industrial que permita sostener la vida útil de los buques y submarinos durante varias décadas, sin depender completamente de asistencia extranjera. “Queremos que la industria nacional participe en ese proceso teniendo las capacidades de dar el mantenimiento”, acotó.
Desarrollo portuario
El impacto de este proceso trasciende la defensa y abarca el desarrollo portuario y comercial, como lo han señalado las fuentes consultadas por BioBioChile.
La ubicación estratégica de Callao y la demanda creciente de tráfico marítimo exigen infraestructura capaz de atender a los buques más grandes del mundo. El único dique seco disponible en el puerto data de 1938 y no puede recibir naves de gran calado, por lo que se proyecta la construcción de nuevas instalaciones para consolidar a Callao como centro logístico regional.
La renovación de la flota no solo responde a necesidades militares. La industria nacional se encuentra en proceso de construir un Buque de Investigación Científica Pesquera para Imarpe, con el fin de mejorar la capacidad de evaluación de los recursos hidrobiológicos y la sostenibilidad del sector pesquero.
Además, se prevé la incorporación de una patrullera oceánica, cuya construcción tomará entre dos años y medio y tres años.
Industria naval
La visión del SIMA vincula la industria naval con la renovación de la flota pesquera y la posibilidad de exportar embarcaciones y servicios de mantenimiento especializado, ante la creciente demanda en la región de patrulleras marítimas y fluviales.
Benavides pone especial énfasis en el papel de la industria naval como columna vertebral del desarrollo nacional. “El SIMA es el mejor astillero de esta región”, afirma, y sostiene que el objetivo es desarrollar una red industrial local capaz de dar soporte no solo a la Marina, sino a todas las actividades relacionadas con el mar y la Amazonía, donde la comunicación se realiza principalmente a través de ríos.
El plan estratégico contempla la integración de empresas privadas y el desarrollo de capacidades tecnológicas para el mantenimiento y reparación de embarcaciones, lo que otorgaría a Perú mayor independencia tecnológica y una posición privilegiada en el continente.
“El SIMA ha apostado por este concepto de desarrollar a su industria para dar el soporte”, señaló Benavides. Agregó que la política nacional marítima, establecida en 2019, incluye la seguridad como uno de sus componentes, y apunta a la explotación sostenible de los recursos marítimos y fluviales.
Benavides, finalmente, resalta los logros alcanzados por la Marina de Guerra del Perú en foros y ejercicios internacionales, como la participación del buque de reabastecimiento BAP Tacna con la flota estadounidense. “Estamos en la liga más importante del mundo participando. Y si estamos, es por algo”, concluyó el exjefe de SIMA.