Internacional
Domingo 26 abril de 2020 | Publicado a las 14:10
Enfermeros ecuatorianos confiesan estar "traumatizados" por crisis que desborda sus hospitales
Por Christian Leal
La información es de Radio France Internationale
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En un hospital de Guayaquil, en Ecuador, los muertos de la pandemia llegaron a amontonarse hasta en los ba√Īos. Algunos fueron amortajados por enfermeros porque “el personal de la morgue no se abastec√≠a”, revela uno de los trabajadores de salud.

El hombre, que acept√≥ hablar telef√≥nicamente con la AFP bajo reserva por temor a ser despedido, comparte la “pesadilla” que vivi√≥ dentro del saturado sistema sanitario de Guayaquil, uno de los mayores focos de propagaci√≥n del nuevo coronavirus en Latinoam√©rica.

Lo que presenci√≥, asegura, es “traum√°tico” y le quebr√≥ la vida dentro y fuera de su trabajo.

Cuando en marzo comenz√≥ la emergencia, recuerda, cada enfermero pas√≥ de atender de 15 hasta 30 pacientes en un turno de 24 horas. “Llegaba tanta gente que cuando los ibas a canalizar (con suero) se te mor√≠an pr√°cticamente en las manos”.

Entonces “se fueron dando de alta o derivando pacientes (a otros centros) para liberar todas esas camas. Tenemos 65 camas de unidad de cuidados intensivos ocupadas con pacientes de covid. Se sacaron las m√°quinas de anestesia de los quir√≥fanos para suplirlas con los respiradores”.

“La gente (enferma) est√° sola, triste, la medicaci√≥n les produce estragos gastrointestinales, algunos se defecan; se sienten mal y piensan que siempre van a estar as√≠ y ven que la persona que est√° al lado se empieza a ahogar y a gritar que necesita ox√≠geno”.

Las muertes se multiplicaron en un instante, seg√ļn el funcionario. “El personal de la morgue no se abastec√≠a y lo que nos ha tocado hacer muchas veces a nosotros es amortajar los cuerpos y acumularlos en los ba√Īos”.

Sus colegas, agrega, han “tenido que aguantarse las ganas” de usar los retretes ocupados “por cad√°veres”.

Solo cuando se apilan “seis o siete, los vienen a retirar”, dice este enfermero de 35 a√Īos y tres de servicio en uno de los centros hospitalarios que hacen frente a la pandemia en Ecuador, donde oficialmente hay 22.700 contagiados, incluidos 576 muertos desde el 29 de febrero, la gran mayor√≠a en Guayaquil.

Todo el mundo ha huido

Pero el conteo oficial va un paso detrás de la tragedia. En los primeros 15 días de abril los óbitos se triplicaron con respecto al promedio mensual y alcanzaron los 6.700 en la provincia de Guayas y su capital, Guayaquil.

En esa lista están incluidas las víctimas y casos sospechosos del nuevo coronavirus, así como las de otras enfermedades.

El presidente de Ecuador, Len√≠n Moreno, ha reconocido que los “registros se quedan cortos”. Una sensaci√≥n que se refuerza con lo descrito por el enfermero.

Seg√ļn cuenta, despu√©s de que se desbordaran las morgues, ingresaron al hospital contenedores refrigerados para depositar los cuerpos, algunos estuvieron hasta diez d√≠as “envueltos en fundas que son como una maleta negra de viaje”.

Algunos familiares “rompen la funda (…), entonces los fluidos salen. Esto es un desastre sanitario”, comenta.

En medio de la emergencia, “todo el mundo ha huido. El personal administrativo se ha puesto a buen recaudo. Los psic√≥logos que deber√≠an estar trabajando han huido (…), los 32 odont√≥logos que deber√≠an estar ayudando (…) a hacer los registros”.

El enfermero apenas siente el consuelo de haber visto descender el n√ļmero de muertos la semana pasada. Pero los tormentos lo acompa√Īan en su regreso a casa. “En lo que m√°s piensa uno es en enfermarse y el cargo de conciencia de que (…) tambi√©n haya podido enfermar a pacientes”.

Sin consuelo

Cuando vuelve al hogar, despu√©s de 24 horas de servicio, con dolor en los pies, intenta descansar pero entonces lo despierta bruscamente la “pesadilla”: corre hasta caer y “abrir la puerta del ba√Īo con la cantidad de cad√°veres”, “no te puedes volver a dormir”, reconoce.

Su vida familiar también se trastocó. Ya no puede compartir con sus padres y hermano y ahora sigue un estricto autoaislamiento que empieza con el ritual de desinfectar el auto y sus zapatos. Le sigue una ducha en el patio de la vivienda y el lavado de ropa en agua caliente.

“Como en una mesa pl√°stica aparte de todos. De mi habitaci√≥n salgo con mascarilla, no puedo abrazar a nadie, ni a las mascotas”. Cada tanto piensa en la huella que le est√° dejando la pandemia.

Te “marca el hecho de no poder colaborar m√°s all√° de poner una c√°nula sabiendo que (el paciente) necesita un ventilador y no tienes otra opci√≥n” cuando se trata de ancianos con diabetes o hipertensi√≥n.

“Te dicen: bueno, p√≥ngale el ox√≠geno y el suerito lento y d√©jelo ah√≠. ¬ŅY si fuera mi mam√°? ¬ŅY si fuera mi pap√°? Eso te mata, te mata sicol√≥gicamente”.

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