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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El documental “Cocaína Negra”, del cineasta chileno Cristóbal Valenzuela, llegó este jueves a los cines y reconstruye la historia de Eugenio Berríos, químico de la DINA vinculado a la elaboración de gas sarín y a presuntas operaciones de narcotráfico. A partir de cintas grabadas por el propio Berríos, la película explora sus contradicciones y su participación en crímenes de la dictadura. Su eventual nexo con el tráfico de drogas, advierte el director, nunca fue investigado ni probado judicialmente.

Grabaciones mientras estaba en el baño, experimentos fallidos en su laboratorio y conversaciones que dejaban al descubierto una personalidad llena de contradicciones. Esos son algunos de los registros que Eugenio Berríos, conocido como el “químico de Pinochet”, dejó antes de su misteriosa muerte en Uruguay.

Parte de ese material constituye el corazón de “Cocaína Negra”, el documental del cineasta chileno Cristóbal Valenzuela Berríos, que llegó a las salas nacionales este jueves 5 de noviembre.

La producción reconstruye la historia del químico que trabajó para la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) durante la dictadura de Augusto Pinochet, participó en la elaboración de gas sarín y mantuvo presuntos vínculos con operaciones de narcotráfico.

Sin embargo, más allá de los crímenes y las investigaciones judiciales, la película intenta responder una pregunta inquietante: ¿quién era realmente Eugenio Berríos?

En conversación con BioBioChile, Valenzuela profundizó en los hallazgos de su investigación, las grabaciones que permitieron conocer una faceta desconocida del personaje y los secretos que, a más de tres décadas de su muerte, todavía permanecen sin esclarecer.

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Las insólitas grabaciones que dejó Eugenio Berríos y que son parte de “Cocaína Negra”

Uno de los mayores descubrimientos durante la realización del documental fueron las cintas que el propio Berríos grabó entre fines de los años 80 y comienzos de los 90.

Aunque el material formaba parte del expediente judicial, los investigadores no le atribuyeron relevancia para esclarecer el caso. Para Valenzuela, en cambio, representó una oportunidad única para conocer la personalidad del químico.

“Las cintas estaban en el expediente tan tranquilitas. De hecho, yo primero leí la transcripción en el expediente, pero no tuvieron ningún valor en el caso. No tenían un valor como judicial ni policial las cintas”, recordó.

El director explicó que su importancia radicaba en los detalles cotidianos que revelaban sobre Berríos, muchos de ellos completamente inesperados.

“Lo que nos interesaba a nosotros como narradores era el perfil como de personalidad de Berríos. Los matices de su personalidad contradictoria absoluta”, sostuvo.

Entre los registros aparecieron situaciones tan extrañas como conversaciones aparentemente sin sentido, momentos de intimidad e incluso grabaciones en las que el químico permanecía completamente en silencio.

“Él cagando, él cagando en el baño, una cosa así impresionante. Hay cosas que no quedaron, pero por ejemplo, él se grababa viendo televisión, que a mí me ayudaba para ver las fechas, pero en silencio viendo la televisión”, relató.

También encontraron registros de sus experimentos científicos que no resultaban como esperaba.

“Él en el laboratorio y todo le sale mal, entonces era como una dimensión del personaje única”, agregó.

Lo que más llamó la atención del cineasta fue que el propio Berríos decidió conservar esos momentos a través de estas cintas.

“Entregó ese elemento como de la humanidad del personaje con toda su complejidad y todos sus matices”, reflexionó.

¿Un asesino que parecía una persona común?

Uno de los desafíos de “Cocaína Negra” consistió en retratar las contradicciones de Berríos sin minimizar su participación en los crímenes de la dictadura.

Valenzuela explicó que su intención nunca fue justificar al personaje, sino mostrar cómo una persona puede terminar involucrada en hechos atroces dentro de una estructura de poder.

“Yo creo que debemos como hacer un retrato de múltiples ángulos, que sea finalmente el espectador el que dé como su conclusión. Yo creo que es muy difícil empatizar con un asesino”, afirmó.

Para el realizador, uno de los aspectos más perturbadores de la historia es que quienes participan en sistemas represivos no necesariamente responden al estereotipo de un criminal.

“Este tipo de personas que entran en esta dinámica son personas comunes y corrientes que entran en esta inercia y terminan haciendo cosas atroces porque empezaron a seguir la cadena de mando”, explicó.

De hecho, durante la investigación llegó a discutir con otras personas sobre la personalidad del químico.

“Yo discutí con gente porque yo siento que Berríos no era un psicópata”, aseguró.

Según su interpretación, uno de los grandes problemas del exagente de la DINA era precisamente su incapacidad para guardar secretos.

“Berríos no era mitómano. Ese era su problema, no lograba ocultar las mentiras y le salía la verdad a borbotones. Se tomaba un trago y empezaba a soltar”, recordó.

El cineasta sostuvo que muchas de sus revelaciones ocurrían en bares, donde sus interlocutores no necesariamente creían las historias que contaba.

Sin embargo, algunas de aquellas afirmaciones terminaron adquiriendo otra dimensión con el paso del tiempo. “Finalmente fue eso, su incapacidad de contener los secretos, lo que terminó destruyendo”, reflexionó.

Los vínculos con el narcotráfico que nunca se investigaron

Otro de los grandes ejes del documental es la presunta participación de Berríos en operaciones relacionadas con el tráfico de drogas durante la dictadura.

La producción aborda antecedentes y testimonios que apuntan a conexiones entre integrantes del aparato represivo y el narcotráfico. No obstante, Valenzuela advierte que esas sospechas nunca llegaron a convertirse en una verdad judicial.

“Llegamos como a los elementos más concretos que le hacen el vínculo, pero como dije, nunca se llegó a una verdad judicial ni policial”, explicó.

El director detalló que parte de los antecedentes provienen de declaraciones del exjefe de la DINA, Manuel Contreras, de conversaciones que este mantuvo con la CIA y de testimonios de narcotraficantes durante los años 90.

“Eso fue como el nexo, pero nunca se indagó, entonces quedó todo como en la esfera como de rumor”, señaló.

A diferencia de las operaciones vinculadas al tráfico de armas, que generaron investigaciones y escándalos públicos, el realizador considera que los antecedentes sobre drogas quedaron sin una indagatoria suficiente.

“También el tráfico de armas fue más documentado, hubo un escándalo ahí con (Carlos) Cardoen, pero la droga nunca se explotó”, sostuvo.

¿Es posible que algún día aparezcan nuevos antecedentes?

Valenzuela no lo descarta, aunque reconoce que el paso del tiempo dificulta considerablemente esa posibilidad. “Ya han pasado tantos años que se han muerto todos los personajes, pero podría ser, pues, si alguien hiciera una denuncia, se podría investigar. Pero eso nunca se hizo”, afirmó.

El desafío de reconstruir a Berríos en pantalla para “Cocaína Negra”

Para trasladar las grabaciones al lenguaje cinematográfico, el equipo recurrió al actor Claudio Arredondo, quien interpreta al químico en las recreaciones del documental.

Valenzuela explicó que inicialmente lo eligieron por su parecido físico con Berríos, aunque pronto descubrieron que necesitaban mucho más que una semejanza visual.

“Elegimos a Arredondo primero por su físico, que era parecido. De hecho, ya había sido Berríos en otra película, nos enteramos”, contó.

El principal desafío consistió en reproducir fielmente las particularidades de la voz y la manera de expresarse del personaje.

“No era solo el físico lo importante, sino que pudiera transmitir todo este rango de contradicciones y complejidades que tenía el personaje”, explicó.

Para conseguirlo, Redondo debió trabajar con las grabaciones originales y respetar incluso los detalles más pequeños de las conversaciones.

“Había que adaptarse no solo al texto, sino que a las muletillas, al tosido, a las torpezas del diálogo habitual”, detalló el cineasta.

El resultado forma parte de una película que combina testimonios, archivos históricos, registros originales y recreaciones para explorar uno de los personajes más controvertidos vinculados a la dictadura chilena.

Con una duración de 84 minutos, “Cocaína Negra” propone una mirada sobre Eugenio Berríos que va más allá de los expedientes judiciales: la de un hombre cuyas contradicciones quedaron registradas por él mismo y cuya historia todavía mantiene preguntas sin respuesta. “Cocaína negra” está disponible en cines de todo el país.