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El exgeneral (r) de Carabineros, Ricardo Yáñez, actualmente en la Asociación Chilena de Municipalidades, aborda desafíos de seguridad, crimen organizado y la institución. Destaca la necesidad de fortalecer Carabineros con incentivos económicos y formación, defendiendo la Ley Naín-Retamal y rechazando cambios en la legítima defensa policial. Advierte que el crimen organizado amenaza al Estado y que la corrupción permea diversas instituciones públicas. Respecto a indultos a carabineros condenados, aboga por analizar caso por caso. Critica la propuesta de eliminar la presunción de legítima defensa, considerándola irresponsable.
Han pasado más de 600 días desde que dejó la institución. Hoy, desde su rol en la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM), el general (r) de Carabineros, Ricardo Yáñez, conversa con BBCL sobre los principales desafíos en materia de seguridad, el avance del crimen organizado y el escenario que enfrenta la policía uniformada.
El exgeneral director aborda la necesidad de fortalecer la dotación de Carabineros mediante mejores incentivos económicos, mayor infraestructura para la formación y una profesionalización acorde al aumento de la violencia y la sofisticación del crimen organizado.
En el plano legislativo, defiende la Ley Naín-Retamal y rechaza los intentos por modificar la presunción de legítima defensa para los policías, al considerar que ello debilitaría el combate contra la delincuencia. Esto, especialmente tras los últimos ataques a funcionarios. Asimismo, sobre un eventual indulto a carabineros condenados por hechos ocurridos durante el estallido social, sostiene que cada caso debe analizarse por separado y no a través de una medida general.
Yáñez también advierte que el crimen organizado dejó de ser un fenómeno limitado a las bandas delictuales y pasó a representar una amenaza para el Estado. En esa línea, afirma que la corrupción no solo ha permeado a Carabineros, sino también a distintas instituciones públicas, facilitando la acción de organizaciones criminales que buscan operar con mayor impunidad.
—Hablemos de su presente. ¿Continúa en la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM)? ¿Cómo ha sido su paso ahí?
Ha sido realmente una experiencia no tan nueva, pero sí viendo una realidad distinta desde el liderazgo que tienen los alcaldes en los territorios y particularmente porque acepté este desafío debido a la nueva Ley de Seguridad Municipal, que viene a complementar todo lo que es la gobernanza en materia de seguridad pública a nivel nacional como un nuevo componente y claramente la nueva ley que conlleva también la dictación de un reglamento que pueda operacionalizar y pueda de alguna manera regular una función que ya hace más de 20 años está desarrollando y que requiere fortalecer las capacidades de los municipios para desarrollar la labor preventiva, de seguridad, de prevención situacional, que hoy día viene de alguna manera a sustituir ese vacío que ha ido quedando por parte del déficit de capacidad que tienen las policías para estar en el territorio y una demanda permanente.
—Es sabida la baja dotación de carabineros, al igual que la caída que ha habido en las postulaciones. ¿A qué cree que responde esa situación?
Las postulaciones se han mantenido. Siempre hay postulantes para poder cubrir las vacantes que tienen nuestros planteles de formación. Si bien es cierto que los números claramente han descendido desde un par de años a la fecha, yo en más de alguna oportunidad lo expliqué, que es producto de la gratuidad en la educación, de que se abrieron mayores posibilidades para los jóvenes de estudiar con alternativas que les podían financiar su carrera; ya Carabineros no era solo una alternativa única de gratuidad, sino que surgieron otras también. Y obviamente hay que tener presente que competir contra el mundo académico es un desafío para las instituciones públicas, sobre todo las de seguridad, que tienen permanentemente que dar cuenta a través de los medios de comunicación de situaciones que son complejas, duras, difíciles (…) Obviamente, a los jóvenes los hace repensar si esto realmente logra captar su interés total por incorporarse a la institución. Yo creo que tenemos una gran tarea, no solamente como Carabineros de Chile, sino que también como sociedad y como Estado, de fortalecer esto para que en definitiva no nos quedemos el día de mañana sin tener realmente un nicho donde podamos ir a buscar jóvenes que tengan los valores necesarios y también esa convicción de querer servir, de hacer un servicio público con los riesgos que implica ser un policía el día de hoy.
—Desde la institución, ¿en qué se deberían enfocar para esta “gran tarea”?
La institución está trabajando activamente con el gobierno en la preparación de algunas propuestas, de algunos incentivos que son más bien económicos y que, por cierto, también son importantes y relevantes, entendiendo que ya hace más de dos décadas que no se hace un ajuste al sistema de regulación institucional. Y claramente, cuando vemos hoy día que hay mayor demanda, cuando vemos que el crimen y los delitos son mucho más violentos y donde hay un mayor nivel de exposición por parte de quienes cumplen esta función, claramente se ve en desmedro. Yo siempre decía: ¿por qué todo el sector público recibe un PMG, un bono trimestral por su desempeño sin tener ningún sistema de medición o validación? Y los carabineros que están todo el día arriesgando la vida no eran parte de este incentivo económico, donde sí nosotros reflejamos permanentemente como institución el trabajo que realizábamos, la labor que realizamos y la tarea que todos los días nos encomiendan las leyes en beneficio de la seguridad de nuestros ciudadanos. Lo otro que quería complementar es que la formación de dos años tiene un sentido y el sentido es que hay que profesionalizar mucho más la función de la seguridad pública, dado que las exigencias de hoy, tanto el Ministerio Público como los tribunales, requieren de mayores capacidades (…) Obviamente, el crimen organizado también pone desafíos en materia de cómo perseguirlo, de cómo actuar contra ellos de tal manera que se pueda hacer un trabajo muy profesional que permita dar garantía de no impunidad y de poder prevenir que se cometan los delitos.
—Siguiendo con la formación, el doble escalafón en Carabineros no siempre ha generado consenso, con críticas que apuntan a desigualdad en oportunidades, por ejemplo. ¿Usted está de acuerdo con que se mantenga esa estructura, o preferiría un escalafón único?
No, no, eso es absolutamente inviable. Piensa que la Policía de Investigaciones (PDI) hoy día creó dos escalafones. Es absolutamente improcedente y la experiencia comparada nos demuestra que las fuerzas policiales tienen que tener dos escalafones porque no todos realizan la misma labor, el mismo trabajo. Una institución tan grande tiene que tener un sistema que le permita poder gestionar y administrar la institución desde diferentes niveles y por eso los accesos son voluntarios. Si bien es cierto que todos tienen que rendir un proceso de admisión, ese proceso de admisión también está ligado a los tiempos de formación. En el caso de la formación de los carabineros, se forman en dos años; en el caso de los oficiales, cuatro años, pero es voluntario. Hoy día existen otros incentivos; aquellos que tienen un buen desempeño académico en la Escuela de Formación de Carabineros y obtienen la primera antigüedad, tienen la posibilidad de participar de un proceso interno que les permite poder incorporarse a la Escuela de Oficiales para ser oficial el día de mañana. Yo creo que en eso no hay que hacer cambios; muy por el contrario, hay que fortalecer ese trabajo, obviamente, e ir nivelando hacia arriba. Lo que sí hay que trabajar es que el Estado entregue las condiciones necesarias… La única forma de que tengamos más carabineros es teniendo más planteles de educación que nos permitan tener una mayor capacidad para formar carabineros. Es un proceso de capacidad y para eso hay que tener los niveles y los estándares necesarios en nuestros planteles que permitan ser lugares que cumplan con los estándares mínimos de habitabilidad, con buenos profesores, con infraestructura que le permita poder formarse de la manera más adecuada posible.
—A raíz de distintos hechos conocidos y delitos en que funcionarios se han visto involucrados, ¿qué tanto daño se le ha hecho a la figura del carabinero incorruptible? Que era una percepción que tenía la ciudadanía antes.
Es un problema complejo. Yo lo señalé en mi primer discurso cuando asumí como general director, de reconocer que la corrupción es un flagelo que está presente hoy día en todas las instituciones del Estado y para eso, obviamente, hay que fortalecer las capacidades. No solamente quedarnos con lo hecho, sino ¿qué hemos hecho para evitar que esto ocurra o para mitigarlo? Combatir el crimen organizado es complejo y es complejo porque cuando permea las instituciones, se transforma en algo que es riesgoso, que pone en peligro nuestra democracia y, por lo tanto, lo hemos visto, prácticamente no hay ninguna institución, ningún órgano del Estado que no haya sido afectado por algún acto de corrupción. Nosotros partimos siendo muy duros con aquellos que se alejaban de nuestros valores, los que cometían delitos y también creando una unidad anticorrupción al interior de Asuntos Internos, que nos permitía tener una coordinación directa con el Ministerio Público para ir a buscar aquellos funcionarios que, sabiendo o teniendo información a través de todas las vías que se utilizaron para hacer las denuncias, podían detenerlos con la investigación penal y ponerlos detrás de la reja, que es donde corresponde que estén los delincuentes.
—¿El crimen organizado ha permeado Carabineros?
Yo creo que no solamente Carabineros, ha permeado a gran parte de las instituciones del Estado. Estos son indicadores que en el fondo se transforman en los predictores de lo que está ocurriendo cuando vemos no solamente a Carabineros, sino que también a militares, a miembros de las Fuerzas Armadas, de la PDI, del Ministerio Público, de los Tribunales de Justicia, autoridades del Ejecutivo, del Congreso Nacional. Bueno, no se escapa nadie. En el año 2002, cuando Naciones Unidas declara que existe una nueva modalidad para cometer delito que se llama crimen organizado internacional, yo creo que no accionamos de la manera adecuada. Pasaron 20 años para que nos diéramos cuenta de que estas estructuras criminales se instalaban y no solamente se instalaban para cometer los delitos violentos a través del uso de las armas de fuego, del tráfico de droga, sino que también tratando de permear y corromper a las instituciones, porque es la mejor forma en la que pueden operar en la impunidad y al mismo tiempo cometer ciertos delitos tan graves como el lavado de activos, como el tráfico de armas y otros delitos que son de suma gravedad.
—El beneficio de indultos a funcionarios condenados tras el estallido social es algo que se ha instalado en el debate. ¿Está de acuerdo? ¿Un indulto general, analizar el caso a caso o no?
Me complica un poco contestar esta pregunta, porque tú sabes que yo me encuentro absolutamente en una situación judicial que está actualmente en curso, pero sí tengo mi opinión personal. Creo que cada caso debe analizarse con los debidos méritos que deben tener presentes las autoridades para tomar las decisiones correctas. Yo creo que hacer cosas generalizadas no es bueno porque efectivamente se pueden dejar de lado algunas situaciones que pueden ser complejas. Creo que lo justo es que, bajo el Estado de Derecho, bajo la convicción jurídica, normativa y el juicio de expertos, se puedan tomar las decisiones más adecuadas y más correctas en aquellos casos donde amerita tomar decisiones para aquellos que defendieron la democracia en un momento muy complejo para el país.
—En retrospectiva, ¿cómo evalúa su paso por Carabineros?
Fueron casi cuatro décadas, casi 40 años. Obviamente, pasar por todos los grados, cargos, jerarquías, haber recorrido Chile prácticamente completo y haberlo conocido después, los últimos cuatro años, como general director, me permitió conocer la realidad de todos mis carabineros en los diferentes roles que cumplen y también la realidad a la cual están expuestos permanentemente, pero también conocer la realidad de todos los chilenos y nuestros compatriotas, que, si bien es cierto, viven en lugares distintos, pero con realidades muy comunes y con dificultades también muy complejas (…) También nos permitió priorizar dónde poner los énfasis, además en un momento histórico y muy complejo por el cual atravesaba la institución. Te recuerdo que asumo la institución prácticamente en el suelo, con casi un 30% de aprobación; veníamos saliendo del fraude de Carabineros, del caso Huracán, del caso Catrillanca y, posteriormente, el estallido social. Nos pilla una pandemia de por medio y fuimos capaces no solamente de enfrentar la contingencia, sino que también de modernizarnos y hacer avances muy sustantivos que permitieron fortalecer la institución y recuperar un sitial que nunca debimos haber perdido, logrando la máxima aprobación desde que se hacen mediciones en Cadem sobre la confianza por la ciudadanía.
—¿Le tocó presenciar cosas que no fueron de agrado? ¿Algo que le quedó dando vueltas? ¿Algo que se pueda contar hoy, ya estando fuera de la institución?
Hay cosas que son muy difíciles. Carabineros de Chile no es una institución que sea política; sin embargo, al general director le corresponde interactuar con los políticos y muchas veces hay cosas que, para la política, de alguna manera, no están alineadas con los intereses institucionales, donde el interés de la institución es más bien permanente del Estado y no de un periodo determinado de tiempo que duran los gobiernos. En ese sentido, hay muchas cosas que dificultaron muchas tareas que tuvimos que realizar, enfrentar también la dificultad de que muchas autoridades tampoco se atrevían o no quisieron impulsar avances como era, por ejemplo, cierto el reconocimiento del PMG para nuestros carabineros, que era algo que el expresidente había comprometido en su minuto y que otras autoridades del gobierno no le dieron la importancia necesaria. Y creemos que hoy día, con este gobierno, ojalá salga adelante porque es una necesidad. También temas muy dolorosos como la muerte de tantos carabineros que fallecieron en el acto del servicio, que obviamente se llevaron una parte de mí, un dolor eterno, pero también una gratitud enorme por la entrega, por el sacrificio que realizaron, pero eso no repara el dolor de las familias ni de la institución. Creo que el Estado estuvo al debe, no solamente por protegernos, por tener un ordenamiento jurídico que estuviera a la altura de los desafíos que hoy enfrentamos como policía frente a la delincuencia.
—¿Fue difícil su relación con el mundo político? ¿Cómo la calificaría?
Yo creo que no fue tan difícil (…) quizás la personalidad ayudó en eso, pero también un equipo de trabajo, un Alto Mando, mis carabineros particularmente a lo largo de todo Chile que fueron, nunca bajaron los brazos, siempre trabajaron, siempre estuvieron disponibles para hacer lo que tenían que hacer pese a toda la adversidad, pese a todo lo que tuvimos que enfrentar, que nos desacreditaran, que nos denigraran, que nos estuvieran permanentemente golpeando y no bajamos los brazos. Seguimos trabajando porque entendíamos que nuestra función es esencial para el desarrollo del país. Mi relación particularmente con el mundo político, yo creo que en gran medida fue buena, porque sin el apoyo ni de algunas autoridades de gobierno, como también de algunos sectores políticos, habría sido muy difícil, por ejemplo, sacar adelante la Ley Naín-Retamal, haber sacado adelante que la Escuela de Formación tuviera el carácter de técnico profesional y aumentar su formación a dos años, haber recuperado algunos recursos en nuestro presupuesto institucional que permiten, por ejemplo, que el hospital pudiera seguir funcionando (…) Creo que ahí tuvimos la respuesta por parte de muchas autoridades que nos permitieron poder sobrellevar eso. Nuestra incorporación a Interpol, como reconocimiento del Estado, como ser un policía que forma parte de la comunidad Interpol, era muy importante, además porque estábamos con problemas de migración muy importantes en estos últimos años.
—Hablando de Ley Naín-Retamal, y considerando recientes ataques a funcionarios policiales, desde la oposición se presentó un proyecto que busca derogar la presunción de legítima defensa, además de restituir una redacción anterior del delito de apremios ilegítimos. ¿Cómo observa esa idea?
Es absolutamente irresponsable y reprochable que la ideología y el sesgo de un sector político pretenda o intente legislar para modificar el corazón de la Ley Naín-Retamal. No tengo dudas de que es el avance más importante por parte del Estado para proteger a las policías, a quienes arriesgan sus vidas todos los días para enfrentar una delincuencia altamente violenta y un crimen organizado que tiene sobrepasado al Estado. Retroceder en esto es no estar en sintonía con la realidad que sufren los chilenos diariamente, y cabe preguntarse ¿de qué lado están, de los buenos o los malos, para hacerles más fácil su carrera criminal? Frente a escenarios complejos, se requiere una institucionalidad fuerte con el músculo necesario (legislación moderna) para estar a la altura de los fenómenos criminales que tanto daño generan y que incluso ponen en riesgo nuestra democracia. El Estado debe utilizar todos sus recursos y mecanismos que entrega nuestra democracia para garantizar la seguridad a sus ciudadanos.
Debilitar las policías, generar incertidumbre y falta de certezas jurídicas solo favorece a los delincuentes; por el contrario, nuestro sistema debe entregar regulaciones claras al Ministerio Público y tribunales para controlar las amenazas que profundizan las grietas generadas por la delincuencia.
—En el estallido social, ¿cree que Carabineros pagó un precio muy alto con situaciones que se podrían resolver de forma política? ¿Pagó más el costo ante la ciudadanía que la misma clase política?
Absolutamente. Siempre la institución que está haciendo frente a la dificultad, a la adversidad, a los problemas que enfrenta el país, la primera respuesta siempre es de Carabineros, y Carabineros nunca dejaron de estar en la calle, nunca dejaron de estar en los lugares donde la gente lo requería, nunca dejaron de estar donde había un llamado de auxilio, de protección. Había una necesidad de seguridad. Siempre estuvo ahí y, por lo tanto, fueron los únicos que estuvieron expuestos frente a un Chile que estaba desbordado, que estaba absolutamente con los niveles de violencia. Yo creo que históricamente, en última época, en nuestra última historia reciente, los hechos más graves que pusieron incluso en riesgo la democracia en nuestro país, la inestabilidad de un gobierno legítimamente electo, y eso, obviamente, quien tuvo que asumir esa responsabilidad y pagar esos costos fueron nuestros carabineros. Fue Carabineros de Chile, nuestra institución, la que estuvo ahí y puso el pecho a las balas. Hasta el día de hoy se tienen que estar enfrentando una serie de juicios, algunos que están condenados en la cárcel, pero siempre digo yo: ¿Había alguna opción distinta para Carabineros? Cuando la Constitución lo mandata que tiene que estar en la calle resguardando el orden público, manteniendo el Estado de derecho y protegiendo nuestra democracia. No teníamos otra opción, lo hicimos con las herramientas que había, con el conocimiento que teníamos y de una situación que sobrepasó a todos, a todas las autoridades, a todas las instituciones que enfrentamos un evento que era absolutamente distinto y que nos puso a prueba.
—¿Fue injusto?
Yo creo que es no solamente injusto, es tremendamente injusto porque el carabinero se levanta todos los días para hacer el bien, se levanta todos los días para ayudar a la comunidad, se levanta todos los días para entregar seguridad y que de un día para otro el trabajo que están realizando en un momento histórico, insisto, muy complicado, días de extrema violencia (…) Creo que es injusto que se haya puesto los ojos en los carabineros para justificar algo que claramente lo que lo motivó, lo que lo generó, no fue la policía, sino que más bien por las demandas sociales que estas personas exigían y que las transformaron en actos de violencia como una forma válida para poder hacerla presente.
—Previo a ese periodo, hubo tres generales directores en un corto periodo de tiempo. Y en cada proceso, numerosos generales pasaron a retiro. En su análisis, ¿esta constante renovación del Alto Mando derivó en alguna dificultad? ¿Falta de experiencia? ¿Planes fueron interrumpidos?
Yo creo que no es bueno para ninguna institución, para ninguna organización en general, desde el punto de vista del desarrollo organizacional, que se descabece a las instituciones. Genera un impacto, claramente que no es positivo. La institución lo vivió y tuvo que hacer frente a ello, pero quienes están y quienes siguen, son personas que se han formado durante toda su vida; o sea, quienes debimos asumir en un momento determinado, ya éramos oficiales que teníamos más de 30 años de servicio a la institución y obviamente estábamos en condiciones profesionales de poder enfrentar estos desafíos. Claramente y ciertamente había que recomponer el estado anímico de la institución, la moral de nuestra gente, reorganizar nuevamente a la institución y restablecer la confianza, que es lo que generalmente se debilita. Pero obviamente esto impacta derechamente y no es lo normal. Lo normal es que el desarrollo y que los procesos se vayan haciendo conforme a cómo históricamente y cómo están establecidos y preestablecidos en la normativa y en los procesos que anualmente llevan adelante las instituciones junto a la autoridad civil administrativa.
—¿Cuál es su opinión del aterrizaje de excarabineros en política? ¿Lo ve como un aporte a la sociedad o cree que podría influir en que se perciban ciertas tendencias políticas al interior de una institución no deliberante ni partidista?
Yo creo que si hay un lugar que es democrático, es el Congreso, es donde está representado todo nuestro país, y yo creo que es absolutamente válido y no es ahora solamente, eso viene ya hace mucho tiempo, que algunas autoridades de las Fuerzas Armadas han postulado a cargos de elección popular y han salido electas. Bueno, hay algunos que tienen esa motivación de continuar en el servicio público como parlamentarios, como alcaldes, como autoridad de elección popular, y otros tomamos la decisión de continuar con la experiencia que nos dio la institución, de poder seguir aportando desde la misma vereda. Yo creo que es un derecho absolutamente válido de quienes optan por eso; además, permite tener una representación en el debate de muchas leyes y muchas cosas que tienen que ver con las instituciones donde no está presente a veces esa opinión técnica porque no siempre a la autoridad se le valora lo que entrega técnicamente en sus opiniones y que se ven reflejadas en muchas leyes que han salido donde la opinión de la autoridad policial, de la autoridad institucional determinada no fue considerada. Por lo tanto, yo creo que es válido; obviamente, una institución no puede ser utilizada como plataforma para llegar a un puesto político, pero si posteriormente lo quieren hacer y se quieren transformar en ello, es una opción y un derecho que tienen.
—¿Y usted más adelante se ve en política o lo descarta?
No, yo lo descarto absolutamente. No está en mi esencia ni en mi naturaleza ser político; me relaciono y me vinculo con ellos porque entiendo que a través de ellos es como se obtienen los proyectos de ley, como de alguna manera se organiza la administración del Estado. Sin el consenso de ellos y sin su apoyo, difícilmente puede ser, pero yo me considero una persona que no tiene ningún color político… Verde es el único color que me identifica; me identifico con todo el país, me identifico con los problemas de toda la ciudadanía, me permite trabajar transversalmente con autoridades de diferentes colores, porque entendiendo que en el diálogo, en la conversación y en la realidad territorial, yo creo que la visión política muchas veces nos confunde y nos saca del objetivo principal, que es la solución de los problemas.
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