El presidente argentino, Javier Milei, fue acusado de haber usado inteligencia artificial (IA) para redactar el paper con el que, según había adelantado el propio presidente, competiría por el Premio Nobel de Economía.
El trabajo en cuestión, titulado “Escala Mínima Viable: Extinción y Escape bajo Rendimientos Crecientes” fue compartido en redes sociales por Milei y el exfuncionario Demian Reidel, coautor del paper, como la primera versión de una investigación que, de acuerdo a lo que había señalado el propio Presidente, buscaba teorizar las bases de su modelo económico.
Pasó menos de un día entre el “¡Habemus paper!” que posteó el presidente a modo de festejo en su cuenta de X, y que el documento comenzara a generar controversia.
El economista Jesús Fernández-Villaverde, profesor de la Universidad de Pensilvania —cuya escuela de negocios es la reconocida Wharton School—, publicó en su cuenta de la red social X que, al leer el paper, tuvo “la clara sensación” de que el texto había sido producido por un modelo de lenguaje de Inteligencia Artificial. Según explicó, esa sospecha surgió por “el formato, el estilo, el tipo de suposiciones, la forma en que se presentaban las derivaciones” y hasta la manera en que se citaban los artículos de referencia.
Para respaldar su planteo, el académico tomó el resumen del trabajo y cuatro párrafos elegidos al azar, y los sometió al detector de textos generados por inteligencia artificial Pangram. El resultado, según relató, arrojó en los cinco casos analizados una probabilidad del 100% de haber sido generado por IA en esos fragmentos puntuales, mientras que el análisis del texto completo del documento entregó un 54% de probabilidad de intervención de inteligencia artificial.
“Pangram es un sistema diseñado y entrenado para este tipo de tarea. La tasa de precisión es de 95%, y los falsos positivos rondan un 5%. Es una señal muy alta de intervención por IA, pero no deja de haber falsos positivos”, dijo a BioBioChile Matías Grinberg, consultor y profesor de Inteligencia Artificial y Neurociencias, y CEO de Humai.
Tras la viralización de las acusaciones, se sumaron otras voces críticas. La economista Natalia Motyl cuestionó, además del posible uso de IA, el contenido mismo del paper, al considerar que no presenta aportes novedosos.
“No es algo nuevo que descubrieron o que redactaron, sino algo que ya se viene trabajando en los retornos crecientes a escalas, o sea, son modelos de crecimiento endógeno desde la década de los ’90”, afirmó, apuntando también a la ausencia de referencias a autores centrales dentro de esa línea de investigación.
Los límites del uso de la IA
Fernández-Villaverde fue cuidadoso al matizar sus dichos: aclaró que no cuestiona el uso de este tipo de herramientas en el ámbito académico. “No me molesta que los economistas usen LLMs en su investigación. Lo hago todo el tiempo, para muchos fines. Tampoco me molesta que economistas cuya primera lengua no es el inglés los usen para pulir su prosa”, señaló. No obstante, trazó una línea entre usar la IA como apoyo a la investigación y delegar en ella la escritura completa de un trabajo firmado con el propio nombre.
“Son cada vez menos las producciones de todo tipo que tienen un 0% de intervención de la inteligencia artificial”, planteó Grinberg en conversación con nuestro medio. A grandes rasgos, hay encuestas que señalan que hasta un 60%, en especial jóvenes universitarios, la usan semanalmente. “Y en ciertos ámbitos puede ser mucho más, como en profesionales que trabajan en industrias más cuantitativas, por ejemplo”, añadió Grinberg.
La defensa de Reidel
Frente a la ola de críticas, Demian Reidel, extitular de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina y coautor del paper junto a Milei, salió a responder.
El economista negó haber usado inteligencia artificial para generar el contenido del trabajo y explicó que recurrió a estas herramientas únicamente para corregir el estilo del texto, eliminar repeticiones y mejorar la redacción, algo que consideró una práctica habitual y no cuestionable en el ámbito académico actual.
“Los resultados del paper son lo contrario a plagio: son resultados novedosos sobre un problema muy complicado y que pudimos resolver usando algunas herramientas”, enfatizó el economista en su descargo.
El contexto de la polémica
El documento de 30 páginas plantea una hipótesis económica que se aparta de la teoría tradicional del crecimiento.
Según explican Milei y Reidel en un anexo de divulgación incluido en el propio trabajo, toda economía tendría un umbral mínimo de tamaño para poder sostenerse en el tiempo: por debajo de esa “escala mínima viable”, el colapso sería inevitable, mientras que por encima de ese punto, crecer dejaría de ser una alternativa entre varias para convertirse, según los autores, en la única decisión racional posible para un país.
El texto identifica dos fuerzas que, de acuerdo a los autores, pueden empujar a una economía por debajo de ese umbral crítico: por un lado, la pérdida de la cultura del trabajo, y por otro, el exceso de regulación estatal. Ambos factores funcionarían, según el planteo del paper, como los principales obstáculos para que una economía logre escapar de una trayectoria de estancamiento o declive.
Este marco conceptual, traducido en un modelo matemático de difícil lectura para el público no especializado, funcionaría como una suerte de justificación académica del programa económico que impulsa el Gobierno de Milei, sustentado en tres ejes que el propio Presidente suele resumir en sus discursos: la batalla cultural, la desregulación económica y el recorte del gasto público, popularizado bajo la consigna de la “motosierra”.
El paper de Milei y Reidel no es el primer trabajo del mandatario argentino en verse envuelto en acusaciones de este tipo. En 2021 fue cuestionado por reproducir en columnas periodísticas pasajes de economistas de la escuela austríaca sin atribución de autor, y en 2024 su libro “Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica” fue señalado por presuntas similitudes con trabajos de economistas chilenos y de un investigador del Conicet argentino.
A esto se suma una denuncia de investigadores mexicanos, quienes sostuvieron que su libro “Pandenomics” incluía fragmentos tomados de un artículo científico publicado en 2014.