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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel ha disparado los precios y reducido el poder adquisitivo de los iraníes. La inflación interanual alcanza 89,8% y la de alimentos llegó a 120% en septiembre. Un auto económico cuesta casi nueve años de salario mínimo, mientras arriendos, café, internet y celulares también se encarecieron. La crisis ha obligado a familias a buscar segundos empleos y amenaza con agravar la salud mental.

Comprar uno de los autos más baratos del mercado, tomar un café o adquirir un celular resulta cada vez más difícil para muchos iraníes, que, casi ocho meses después del comienzo de la guerra con Estados Unidos e Israel, ven cómo se disparan los precios y sus salarios pierden poder adquisitivo.

Para un joven iraní que cobra el salario mínimo, comprar un coche Quick S de la empresa nacional Saipa, uno de los vehículos más baratos del país, supone destinar íntegramente su sueldo durante casi nueve años, sin gastar un solo rial en comida, transporte, ropa o vivienda.

El automóvil costaba unos 9.150 millones de riales un día antes del comienzo de la guerra, iniciada el 28 de febrero, y ahora se vende por unos 17.600 millones, un incremento del 92%.

Incluso con un salario medio estimado en 400 millones de riales mensuales, según datos no oficiales, un iraní necesitaría ahora 44 meses de sueldo íntegro para comprarlo, frente a los casi 37 de antes del conflicto.

Se encarece el costo de la vida en Irán

Esta situación se ha dado ante una alta inflación interanual del 89,8% que ha erosionado el poder adquisitivo de muchos iraníes, dejando casi sin efecto el alza del 60% del salario mínimo al comienzo del año persa en marzo.

Las dificultades también afectan a la vivienda, pues muchas familias se han visto obligadas a alquilar pisos más pequeños o a mudarse a las afueras de Teherán ante el alza de los precios.

Un piso de 70 metros cuadrados en el centro de la capital cuesta, de media, unos 400 millones de riales mensuales de alquiler, más del doble del salario mínimo de 166,25 millones y el equivalente a todo el sueldo medio estimado.

“Tengo máster en computación, pero vivo en casa de mis padres y estoy desempleado, apenas salgo a comer con mis amigos y no tengo casi ninguna actividad de ocio”, comenta a EFE Rayan, de 32 años.

Ante el deterioro económico, muchos iraníes hacen horas extras o buscan un segundo empleo, por ejemplo, como taxistas, para cubrir sus necesidades básicas.

“Durante muchos años en Irán bastaba con que trabajara el padre de familia para mantener a todos, pero ahora todos deben trabajar y, aun así, no está garantizado que se puedan cubrir todos los gastos”, cuenta Hosein, de 38 años, empleado de soporte técnico de una empresa de internet que también conduce taxi.

La inflación llega a la taza de café

El encarecimiento también alcanza a pequeños placeres, como tomar un capuchino, cuyo precio ha subido un 73% desde el comienzo de la guerra, de 1,5 millones de riales a 2,6 millones en octubre.

Comer un bocadillo de filete de pollo cuesta un 31% más, mientras que comprar un kilo de carne de res puede costar hasta el triple.

Mohamadreza Karimian | EFE

“Salir a comer en un restaurante ya es un lujo para muchos”, relata Marjan, una maestra de primaria de 35 años, preocupada por el deterioro económico de su familia.

Todo esto se explica con la inflación interanual del 120% en alimentos en septiembre, según datos del Centro de Estadísticas iraní.

La tecnología se aleja del bolsillo

Los iraníes, que han pasado más de 100 días del año sin poder conectarse a internet global por los apagones digitales durante las protestas antigubernamentales y la guerra, se enfrentan ahora a un fuerte encarecimiento del servicio.

Un paquete de fibra óptica de 450 gigas de la Compañía de Telecomunicaciones de Irán ha subido casi un 8%, hasta los 10 millones de riales.

Además, comprarse un iPhone, muy popular entre los iraníes, también se ha convertido en un sueño para muchos, después de que el modelo 17 de 256 gigas pasara de 1.817 millones de riales a 3.430 millones, casi un 89% más.

La crisis se debe en gran parte a la guerra lanzada por Israel y EEUU, el bloqueo naval estadounidense y la operación ‘Paria Económico’ de Washington que han golpeado la economía iraní, cuya moneda ha encadenado mínimos históricos y ha caído un 54% frente al euro.

El presidente, Masud Pezeshkian, reconoció el sábado que a muchos ciudadanos “les falta el pan de cada día” debido a la guerra y a la intensificación de las presiones económicas estadounidenses, y abogó por acabar mediante el diálogo con la situación de “ni guerra ni paz”.

El deterioro también amenaza la salud mental, según el presidente de la Organización de Psicología y Asesoramiento de Irán, Alireza Agayusefi, quien advirtió de que el país está cerca de una “emergencia psicológica” por la inflación, la incertidumbre y las presiones económicas.