Nos dicen que debemos tener paciencia. Nos hablan de austeridad y de cuadrar la caja. Pero yo les digo hoy, con absoluta claridad, que este Presupuesto 2027 no es un simple documento de contabilidad: es un acto de estupidez económica.
Si lo pensamos 3 segundos, miren bien a quién han puesto a decidir nuestro destino. Hablamos de un hombre que ha actuado como el santo patrono de cuanta colusión ha desangrado a este país. El mismo estratega que, con el cinismo de quien se cree intocable, intentó pasar de contrabando una reforma tributaria escondiéndola en el dolor de una ley de reconstrucción; una trampa que solo se detuvo cuando el Tribunal Constitucional le cerró la puerta en la cara.
¿Y qué nos dice este supuesto genio? Este es el padre del “bencinazo”. El hombre que tuvo la osadía de mirarnos a los ojos y decir que daba lo mismo el alza de la parafina, porque “total, nadie la usa”. ¡Esa es la arrogancia pura y dura de quien jamás ha sentido el frío en una población!
Hoy, bajo su mano, nos asfixiamos con un 10,6% de cesantía y un patético 0,4% de crecimiento. En cualquier lugar del mundo, este hombre habría sido despedido. Pero aquí, el presidente le tiene fe ciega, exigiéndonos que soportemos el hambre hoy porque sus rebajas de impuestos darán frutos en 30 años.
¡Treinta años! Y mientras nos piden sacrificios para el futuro, nos atacan en el presente. Le quitan el financiamiento a “Yo elijo mi PC” para mantener a nuestros jóvenes en el analfabetismo digital. Recortan 28 mil millones de la Ley Ricarte Soto, diciéndole a nuestros enfermos graves que su derecho a vivir es demasiado caro para el Estado. Desfinancian a Senapred en el país donde coleccionamos terremotos y aluviones.
Ahora, cuando al lector le dé la intención de creer en estos verdaderos profetas, miren al otro lado de la cordillera, donde un orate cantor jura que está reescribiendo la economía mundial y le exige a su pueblo esperar 100 años para ver la luz. ¡Mentira! Los argentinos están viendo los frutos de esa locura hoy mismo, porque el hambre es cosa viva y los seres humanos tenemos el hábito innegociable de comer todos los días.
La triste realidad del gobierno es que con un 60% de rechazo, al presidente y sus ministros no les creen ni en su casa; pensar que vendrán inversores internacionales a salvarnos es un delirio. Exigimos un presupuesto anclado en nuestra realidad, que aumente el gasto público de inmediato, porque esa es la única herramienta real para construir infraestructura, proteger a los vulnerables y crear los trabajos que nuestra gente necesita.
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