Por la unanimidad del Consejo, el Banco Central decidió mantener nuevamente la Tasa de Política Monetaria (TPM) en un 4,5%.
La decisión estuvo en línea con las expectativas del mercado y la recomendación del Grupo de Política Monetaria (GPM).
Dentro de su análisis, el ente emisor recalcó que el escenario macroeconómico “sigue sujeto a un grado de incertidumbre mayor que el habitual”, dado los riesgos por la guerra entre Estados Unidos e Irán, con sus efectos en los precios del petróleo, y una economía local que ha mostrado un desempeño por debajo de lo previsto en el Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio.
“Si bien se anticipa que la economía local retomará impulso hacia 2027, no puede descartarse que su debilidad actual sea más persistente que lo previsto”, advirtieron desde el Banco Central.
Banco Central mantiene la tasa en un 4,5%
A nivel externo, el ente emisor remarcó que el principal foco está en Medio Oriente, donde la escalada de las hostilidades ha acercado el barril de petróleo a US$100. Con todo, “la actividad mundial se mantiene resiliente”, especialmente en aquellas economías más involucradas en la cadena productiva de la IA.
“El precio del cobre ha continuado aumentando, alcanzando valores por sobre US$6,5 la libra. Respecto de la inflación global, la persistencia de los riesgos inflacionarios ha llevado a los principales bancos centrales a mantener una postura restrictiva y de cautela”, agregaron en el comunicado oficial.
Por el lado del dólar, se ha visto una depreciación a nivel global, mientras que el mercado financiero local ha ido, “en general”, en línea con las tendencias externas. “No obstante, el incremento de las tasas de interés de largo plazo ha sido más moderado que en otras economías”.
Según el “guardián del peso chileno”, la economía nacional ha tenido un bajo desempeño durante el segundo trimestre y comienzos del tercero, por debajo de las proyecciones del IPoM, que fue acompañado por una desaceleración de la demanda interna “en medio del deterioro de algunos de sus determinantes”, a lo que se suma el impacto del sistema frontal.
Y si bien el gasto privado y la formación bruta de capital fijo tuvieron contracciones, “las perspectivas para la inversión continúan siendo favorables”.
El Banco Central también consideró el dato conocido hoy del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto, que subió 0,6% en agosto, acumulando 3,6% en lo que va del año y 4,1% a doce meses. El IPC sin volátiles marcó un 3,3%, similar a meses anteriores.
Dentro del comunicado, el organismo explicó que “en gran parte, la inflación ha continuado determinada por el alza del valor de los combustibles, cuyo traspaso a otros precios ha seguido los patrones históricos”. Con todo, a dos años plazo, las expectativas apuntan a una inflación del 3%.
Ante este panorama, el Consejo presidido por Rosanna Costa estimó que será necesaria la constante evaluación de escenarios alternativos “que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar trayectorias de la inflación distintas de las esperadas y requiera cambios en la política monetaria. De este modo, la evolución futura de la TPM seguirá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos”.
Desde diciembre de 2025, la tasa de referencia se ha ubicado en el 4,5% actual. Y si bien la inflación venía consolidándose incluso con cifras bajo la meta del 3%, el fuerte shock de precios del petróleo y su materialización mediante el “bencinazo” conllevó que la inflación repuntara, alejándola bajo la meta del Banco Central.
Emanoelle Santos, analista de mercados de XTB, sostuvo que la decisión de mantener la TPM es “coherente” con una economía que enfrenta una actividad más débil y una inflación que aún enfrenta presiones por parte de las bencinas.
“Subir las tasas ahora sería costoso porque profundizaría una desaceleración que ya está ocurriendo, mientras que recortarlas aumentaría el riesgo de que el shock energético se vuelva más persistente”, sostuvo la experta, quien adelantó que el próximo movimiento dependerá “menos del IPC general y más de si el alza del petróleo empieza a traspasarse de manera persistente a la inflación subyacente”.
En caso de concretarse este último escenario, Emanoelle advierte que el riesgo pasaría “nuevamente hacia un alza de tasas”.