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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El sistema frontal que azotó al país está dejando pérdidas económicas estimadas en US$400 millones, lo que llevó a decretar Estado de Catástrofe. La infraestructura dañada amenaza la producción y el abastecimiento de productos, afectando sectores clave como la minería y la agricultura. La interrupción en las cadenas de suministro podría provocar alzas en frutas y verduras, impactando en los precios para los consumidores.

El sistema frontal que ha afectado a gran parte del país desde la semana pasada no solo ha dejado una emergencia humanitaria y cuantiosos daños materiales. A medida que avanzan las labores de evaluación, también comienzan a surgir las primeras señales sobre su impacto en la actividad económica, el abastecimiento de productos y el crecimiento del país.

Las intensas precipitaciones, que han afectado al menos a diez regiones, provocaron cortes de rutas, interrupciones en el suministro eléctrico y daños en infraestructura pública y privada.

De acuerdo con el último balance de las autoridades, el temporal dejó 13 personas fallecidas, cuatro desaparecidas, más de 6.100 personas aisladas y alrededor de 3.500 damnificados.

La magnitud de la emergencia llevó al Gobierno a decretar Estado de Catástrofe en distintas zonas, mientras las primeras estimaciones sitúan las pérdidas económicas en torno a los US$400 millones.

Infraestructura dañada

Aunque los costos directos de reconstrucción son elevados, los economistas advierten que los efectos sobre la economía pueden extenderse durante semanas o incluso meses, dependiendo de la rapidez con que se recuperen la conectividad y los servicios básicos.

Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, explicó que uno de los principales riesgos proviene de la afectación de la infraestructura crítica.

“La lluvia persistente provoca daños en la infraestructura pública, lo que ralentiza el abastecimiento de materias primas para la producción. Pensemos, por ejemplo, en la minería. Además, se generan retrasos en la distribución de productos debido a la falta de conectividad”, señaló.

El especialista explica que cuando rutas, puentes o vías ferroviarias quedan inutilizables, las empresas enfrentan mayores costos de transporte, retrasos en las entregas y dificultades para mantener sus procesos productivos. Esto afecta tanto a grandes industrias como a pequeños productores y comercios locales.

Sectores como la minería, la agricultura, la construcción, la actividad forestal y el comercio son algunos de los más expuestos cuando se interrumpe la logística, especialmente en regiones donde la conectividad depende de un número limitado de carreteras.

Riesgo de alzas en frutas, verduras y otros productos

Uno de los efectos más visibles para los consumidores podría reflejarse en los precios de algunos alimentos.

Según Román, la interrupción de las cadenas de suministro limita la capacidad de trasladar productos entre regiones, lo que puede generar episodios de menor oferta en los mercados mayoristas y minoristas.

“Existe un impacto inmediato por la interrupción de los suministros y la imposibilidad de vender la producción. A mediano plazo esto afecta el nivel de actividad económica y también puede provocar escasez de productos que se comercializan entre regiones, como frutas y verduras”, afirmó.

Las frutas, verduras y otros alimentos perecibles suelen ser los primeros en resentir problemas de transporte, debido a que requieren una distribución rápida para mantener su calidad. Si las dificultades de conectividad se prolongan, los mayores costos logísticos también podrían trasladarse parcialmente a los consumidores.

No obstante, el impacto sobre la inflación dependerá de la duración de la emergencia. Si los caminos y la infraestructura se recuperan en un plazo acotado, el efecto sobre los precios podría ser transitorio.

¿Puede afectar el crecimiento económico?

Los eventos climáticos extremos suelen generar un doble efecto sobre la economía. En una primera etapa reducen la actividad productiva debido a la paralización de faenas, la suspensión del transporte y la menor capacidad operativa de empresas y servicios.

Sin embargo, posteriormente la reconstrucción de viviendas, caminos e infraestructura pública suele impulsar la inversión y el empleo, compensando parte de las pérdidas iniciales.

Por ello, el efecto neto sobre el Producto Interno Bruto (PIB) dependerá de la magnitud de los daños y de la velocidad con que se ejecuten las obras de recuperación.

Para Román, el tiempo de respuesta será determinante.

“La capacidad de los ministerios para reponer rápidamente los suministros y recuperar la conectividad será fundamental para mitigar estos efectos”.

En ese sentido, sostuvo que será prioritario restablecer caminos, puentes, infraestructura portuaria y aeroportuaria, además de garantizar el suministro de agua potable y electricidad en las zonas afectadas.

“En la medida en que el Gobierno logre devolver la conectividad al país y restituir los servicios básicos, dependerá el impacto que este evento pueda tener sobre el PIB”, concluyó.