Tras una fuerte alza de la inflación durante la pandemia de Covid-19, Chile había contenido las presiones más fuertes sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC), principal termómetro de los cambios de precios en el país.
En un entorno de disrupciones logísticas por la emergencia sanitaria, las ayudas estatales y una liquidez inusual por los retiros de fondos de pensiones, el IPC cerró el 2022 con una variación a 12 meses del 12,8%, lo que obligó al Banco Central a elevar los tipos de interés, encareciendo el crédito y desincentivando el cosumo.
Pero con el pasar del tiempo la inflación se fue conteniendo, las tasas fueron bajando y el ente emisor parecía libremente encaminado a empujar la inflación por debajo de la meta del 3%, lo que se alcanzó en enero de este año con una cifra interanual de 2,8%, y que en febrero fue de 2,4%.
Sin embargo, el panorama ha dado un fuerte giro, gracias a los combustibles.
El impacto en la inflación de la histórica alza de combustibles
Expertos ya comienzan a estimar cuál será el impacto en el IPC de la fuerte alza anunciada en las gasolinas y diésel, de 370 pesos por litro ($/lt) y 580$/lt, revelada por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.
Tales variaciones estimadas comenzarán a aplicarse desde este jueves, donde llenar un estanque de 48 litros con gasolina de 93 puede salir alrededor de $17 mil extra, mientras que una camioneta con depósito de 80 litros diésel saldría $46 mil más cara de cargar completamente.
Así, la analista de mercados de XTB, Emanoelle Santos, estima que el alza de la gasolina aportaría “por sí sola casi un punto porcentual al índice general, antes de considerar cualquier efecto indirecto”.
“Sumando los demás energéticos, el impacto de primera vuelta se sitúa entre 0,95 y 1,05 puntos porcentuales, concentrado en su mayor parte en marzo y abril”, adelantó la experta. De esta forma, desde la plataforma proyectan que el cierre de la inflación de 2026 esté entre el 3,7% y 3,8% “con riesgos al alza si el conflicto en Medio Oriente se prolonga o el tipo de cambio no cede”.
Sin embargo, tanto Emanoelle como el economista y director de la Escuela de Auditoría y Control de Gestión de la U. Finis Terrae, Jaime Bastías, recalcan que el principal golpe será “de segunda vuelta” y vendrá de la mano del diésel.
El académico destacó que este tipo de combustible crítico “mueve el 98% de los bienes en Chile”.
“Con un alza del 62% en este combustible, los costos operacionales de transporte se encarecen hasta un 25%. Esta es una presión que las empresas, especialmente las Pymes, no pueden absorber por mucho tiempo sin arriesgar su continuidad operativa, lo que fuerza un traspaso directo al precio final en la góndola”, advierte Bastías.
UF sobre los $40 mil e impacto en alimentos por “bencinazo”
Ya considerado como un “bencinazo”, esta fuerte alza en los precios de los derivados del petróleo (defendido desde el Gobierno por la necesidad de igualar los valores locales a los internacionales y así quitar presión fiscal de gasto en el MEPCO) terminará por golpear el valor de todo tipo de productos.
“En una geografía como la chilena, donde el transporte terrestre mueve prácticamente todo lo que se consume, ese costo se traslada con rapidez a los alimentos frescos, especialmente frutas, verduras y perecibles, que dependen de distribución continua y cadena de frío, y también al pan, la carne y los insumos agrícolas”, explicó la analista de XTB.
En esa línea, Emanoelle alertó que en las regiones extremas y zonas rurales se absorberá el golpe “con mayor intensidad”, porque la distancia amplifica el peso del flete sobre el valor final de los bienes básicos”.
Por ello, estima que los efectos del diésel sobre alimentos y transporte sumaría entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales al IPC, terminando con un arrastre acumulado del “shock bencinero” a cerca de 1,35 puntos.
Ahora bien, el académico de la Finis Terrae presenta un análisis donde las presiones alcistas serán mayores, con un shock que sumará entre 1,78 y 2,01 puntos extra al IPC, dejando la inflación entre un 4,2% y 4,4% anual.
“Si se materializa un punto porcentual adicional de inflación por este shock, la Unidad de Fomento (UF) subirá cerca de $400 en un solo mes entre mayo y junio, superando por primera vez la barrera de los $40.000”, reveló Bastías, lo que toma importancia luego que la UF se haya tomado varias “pausas” por variaciones nulas o negativas del IPC en el último tiempo.
¿Qué es la UF?
La UF representa la reajustabilidad del peso, de acuerdo con la inflación: sus ajustes dependen directamente del IPC.
En palabras simples, esto quiere decir que su valor en pesos se recalcula cada mes en función del IPC.
Su variación incide en la mayoría de los préstamos, sobre todo los que tienen relación con el mercado inmobiliario -arriendos e hipotecarios- ya que están fijados en UF; también en los planes de salud, fondo de cesantía, seguros, costos de la educación, entre otros.
Por último, el académico releva lo que llama el “efecto pinza” en las empresas.
Por un lado, los costos presionados por el alza del petróleo y un dólar que, si bien ha registrado bajas por el alto precio del cobre, rodea los $900. Y por otra parte, el Banco Central se vería forzado a mantener las tasas en el actual 4,5%, un nivel considerado alto, para contener los precios.
“Esto corta el flujo de caja: el crédito es caro y los costos de insumos suben. Es la tormenta perfecta para la inversión nacional. A diferencia de la gasolina, el diésel impacta la logística, que en Chile ya representa el 18% del valor de un producto, el doble que el promedio OCDE. Estamos hablando de un encarecimiento de entre +3,3% y +4,5% en el precio de bienes transables”, expresó en su análisis el economista de la Universidad Finis Terrae.
Además, “para un hogar del primer quintil, este porcentaje consume una porción sustantiva de su presupuesto mensual en alimentos básicos (…) la eficiencia en el gasto y el control de gestión riguroso serán la única tabla de salvación frente a un shock que no es abstracto, sino una transferencia real de riqueza en un momento de alta vulnerabilidad externa”.