A través de este acuerdo, la UE y nuestro país modernizarán sus relaciones comerciales. El jefe negociador europeo, Paolo Garzotti, resaltó que "Chile es probablemente el lugar al que hay que mirar" en América Latina.

La Comisión Europea (CE) apuntó este martes a que el acuerdo de asociación concluido en diciembre pasado con Chile no podrá firmarse hasta finales del año, al encontrarse el texto en pleno proceso de escrutinio legal y traducción, pasos necesarios para proceder a la firma.

El jefe negociador europeo de ese acuerdo, Paolo Garzotti, dio detalles durante una sesión de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo del progreso de la tramitación del acuerdo.

Este pacto moderniza al ya existente entre la UE y Chile desde hace 20 años, y con el que el bloque comunitario quiere diversificar el suministro de materias primas críticas para la transición ecológica (como el litio) y reducir la dependencia de China.

Sobre ese último punto, en septiembre del año pasado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, recordó que el litio y las tierras raras ya están sustituyendo al gas y al petróleo en la economía europea; y que de aquí a 2030 la demanda se quintuplicaría.

Garzotti, en este contexto, explicó que en la Comisión Europea se encuentran actualmente sumidos en la verificación legal del texto y que el plan es concluirla para finales de abril y comenzar entonces las traducciones a todas las lenguas oficiales de la Unión con idea de que estén acabadas “para el otoño”.

Así, el acuerdo podría firmarse “para finales de 2023 durante la presidencia española” del Consejo de la UE, una fecha que consideró “ambiciosa”.

Críticas y los tiempos

Eurodiputados como el propio presidente de la comisión parlamentaria, el socialista alemán Bern Lang, mostraron su sorpresa por el plazo para que la Comisión Europea lleve a cabo la traducción y el escrutinio legal del texto, de manera que no pueda ser firmado hasta un año después del cierre de su negociación.

“Se ha intentado hacer lo más rápidamente posible pero, honestamente, he sido criticado a nivel interno por ir demasiado rápido de acuerdo a los procedimientos normales”, defendió Garzotti.

El negociador comunitario explicó que, de hecho, se puede considerar que la firma tendrá lugar “pronto” en comparación con otros acuerdos.

Señaló que será necesario contar unos cuatro meses para la verificación legal del texto y entre dos y tres para las traducciones, en la que esperan “sacar ventaja” de que en torno a un 45% del texto del nuevo acuerdo coincide con el del acuerdo anterior UE-Chile al que sustituye.

Al mismo tiempo, el Consejo de la UE deberá por su parte adaptar el formato de la revisión legal del acuerdo antes de poder proceder a la firma, agregó.

Una vez rubricado, se lanzará el proceso de ratificación, que en el lado europeo se realizará en dos fases. La primera únicamente exige su aprobación por parte del Parlamento Europeo y el Consejo de la UE (las dos instituciones comunitarias con poderes legislativos) y abrirá la puerta a la aplicación provisional del acuerdo renovado.

Después tendrá que ser ratificada la parte sustancial del pacto, el Acuerdo Marco Avanzado, que incluye capítulos que son competencia de los Estados miembros y por eso requiere que sea ratificada en cada parlamento nacional de la UE e incluso por algunas regiones, como es el caso de Bélgica.

“Moderno y progresista”

Garzotti destacó que el nuevo acuerdo entre la UE y Chile es un pacto “muy moderno y progresista”.

“No solo es bueno para nuestro comercio, inversiones y nuestra respectiva resiliencia económica en el desafiante contexto geopolítico, sino también para enviar un mensaje claro al mundo sobre el compromiso compartido de Chile y la UE con unos valores, la sostenibilidad y su determinación de acelerar las transiciones verde y digital”, indicó.

A través de este acuerdo, la UE y Chile modernizarán sus relaciones comerciales reduciendo los aranceles a las exportaciones de cada parte, con casi la totalidad de todas ellas libres de gravámenes, abriendo el acceso a los mercados de contratación pública y otorgando reciprocidad para inversores europeos y chilenos, entre otras cuestiones.

Además, el pacto cuenta con un capítulo sobre igualdad de género y la posibilidad de aplicar contramedidas si se vulneran las disposiciones sobre comercio y desarrollo sostenible.

Garzotti resaltó asimismo la importancia de que la UE modernice y profundice sus acuerdos con una región como América Latina, con países “de mentalidad parecida y valores en línea con los nuestros”, que pueden hacer una “contribución importante a la transición verde”.

“No hay muchos lugares así a los que mirar como América Latina y diré que Chile es probablemente el lugar al que hay que mirar”, concluyó.