Un nuevo programa de investigación financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) del Ministerio de Ciencia estudiará por primera vez la contaminación lumínica en la Antártica, uno de los lugares más prístinos del planeta, pero que hoy enfrenta profundas transformaciones debido al calentamiento global y la presencia humana.
La iniciativa se llama Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution may alter the Ecological Effects of Global Warming (DIPOLE) e investigará de manera integrada los efectos de las actividades antropogénicas en los ecosistemas costeros del continente blanco.
El Dr. José Pulgar, director de DIPOLE y académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), señala en un comunicado que “la Antártica ya no se puede entender como un ecosistema totalmente libre de la influencia humana“.
“Hoy observamos cómo distintos estresores ambientales de origen antropogénico están actuando simultáneamente sobre la biodiversidad antártica, por lo que es urgente comprender cuáles son los efectos biológicos sobre el funcionamiento de estos ecosistemas australes”, plantea.
Recordemos que la contaminación lumínica, que es la alteración de los niveles naturales de luz por el uso de iluminación artificial, es una forma de contaminación ambiental que ha recibido mucha menos atención que otros elementos contaminantes.
Además, representa un desafío, porque se asocia con una mayor sensación de seguridad, desarrollo y bienestar, pese a que la evidencia científica demuestra que el exceso de luz durante la noche puede alterar el funcionamiento de los ecosistemas y afectar a numerosas especies.
El Dr. Cristian Duarte, subdirector de DIPOLE y académico de la UNAB, añade que “históricamente hemos asociado la luz con seguridad y progreso, pero pocas veces nos detenemos a pensar en sus efectos sobre el medioambiente“.
“La evidencia científica demuestra que la iluminación artificial excesiva puede alterar procesos biológicos esenciales y afectar la biodiversidad. El desafío no es eliminar la iluminación, sino utilizarla de manera responsable e inteligente, conciliando las necesidades de las personas con la protección de los ecosistemas”, puntualiza.
De hecho, la contaminación lumínica ha sido ampliamente estudiada en ecosistemas marinos y terrestres de ambientes no polares, pero de la Antártica no existe información sobre sus efectos.
Cubrir esa falencia es el objetivo de este nuevo programa, pero también complementarán la investigación incluyendo el análisis del acelerado calentamiento que experimenta la península Antártica, que es una de las regiones del planeta donde la temperatura ha aumentado con mayor rapidez en las últimas décadas.
Investigando la contaminación lumínica en la Antártica
La investigación se desarrollará en ecosistemas costeros subantárticos y antárticos, combinando trabajo de campo en ambientes intermareales y pelágicos con experimentos de laboratorio.
Los ambientes intermareales son las zonas de la costa que quedan cubiertas por el mar cuando hay marea alta y expuestas al aire cuando la marea baja. Por otro lado, los pelágicos son aquellas aguas abiertas del océano, alejadas del fondo marino y de la costa.
El equipo evaluará cómo la contaminación lumínica y el calentamiento global afectan a actores clave de estos ecosistemas, como macroalgas, invertebrados y vertebrados marinos, además de las interacciones ecológicas que sustentan su funcionamiento y biodiversidad.
“Nuestro objetivo es entender cómo la luz artificial puede interactuar con el incremento en temperatura y generar respuestas que no podríamos predecir estudiando cada fenómeno por separado”, explica el Dr. Pulgar.
“De este modo, DIPOLE aportará evidencia científica sólida que permitirá anticipar los impactos de estos estresores y que además aportará al desarrollo de políticas públicas que fortalezcan las estrategias de conservación y gestión ambiental en el marco del Sistema del Tratado Antártico”, añade.