Los microplásticos ya llevan décadas en la Antártica, pero un curioso fenómeno está agravando esta situación: los pingüinos. Resulta que estas simpáticas aves nadadoras trasladan esta contaminación al continente blanco sin siquiera saberlo. La doctora en microbiología, Julieta Orlando, está investigando su impacto en los suelos.
Hace tiempo que los microplásticos llegaron a la Antártica, el “continente blanco” que alguna vez fue prístino y que hoy sufre los efectos de la actividad humana. Los científicos ahora estudian sus impactos en este ecosistema y, más específicamente, en sus microorganismos.
Estas partículas de contaminación, pueden transportarse largas distancias a través de corrientes oceánicas y atmosféricas; también pueden llegar allá debido a la actividad humana, ya sea por investigación, turismo o pesca. Pero hay un curioso agente que está depositando microplásticos en los suelos sin siquiera saberlo: los pingüinos.
Esto no es más que un lamentable efecto colateral de la contaminación humana, por supuesto que los pingüinos no tienen idea, pero los microbiólogos ya están notando el impacto que estas aves nadadoras están dejando en los suelos, afectando a los importantes microorganismos que habitan en este lugar remoto.
Julieta Orlando, doctora en microbiología, académica de la Universidad de Chile, directora alterna del Instituto Milenio BASE y actual presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICH), está investigando esto, especialmente los suelos de las colonias de pingüinos que llegan a la Antártica.
“Existe evidencia de que los pingüinos pueden actuar como vectores de microplásticos. Estos animales se alimentan en el océano, donde los microplásticos ya están presentes, y pueden ingerirlos junto con sus presas“, explica en conversación con BiobioChile en el Congreso Futuro 2026.
Cuando los pingüinos se trasladan a zonas costeras para anidar y cuidar a sus crías, los microplásticos que trasladan pueden liberarse al suelo a través de sus deposiciones.“También se ha propuesto que estas partículas pueden adherirse a su plumaje, lo que facilita su transporte desde el ambiente marino al ambiente terrestre. De este modo, los pingüinos conectan ambos sistemas de manera inadvertida”, añade la experta.
En su investigación (FONDECYT N° 1241787) Orlando se pregunta si es que los microorganismos de los suelos impactados por los pingüinos podrían biodegradar microplásticos, tal vez, adaptarse a ellos. Dice que “comprender estos procesos es clave para evaluar riesgos, pero también oportunidades”.
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*Julieta Orlando recolectando muestras en una colonia de pingüinos Adelia en la Antártica | Crédito: Instituto Milenio BASE
Los pingüinos que llevan microplásticos a la Antártica
Los pingüinos que están llevando microplásticos a la Antártica son precisamente especies que forman colonias numerosas y dependen en gran medida del ambiente marino para alimentarse.
Por ejemplo, los pingüinos Adelia, Barbijo y Papúa, porque “realizan viajes de alimentación frecuentes y regresan reiteradamente a las mismas colonias, lo que favorece la acumulación del material transportado desde el mar”, explica Orlando.
“Además, sus colonias generan suelos muy ricos en materia orgánica, lo que facilita la incorporación y la persistencia de los microplásticos en el ambiente terrestre“, agrega.
Pero esto no solo supone un problema para los suelos. Recordemos que, los pingüinos ingieren estos microplásticos y eso puede causarles efectos adversos.
“A nivel físico, estas partículas pueden causar irritación o afectar la digestión. También pueden actuar como vehículos de otros contaminantes químicos o de microorganismos, lo que podría provocar alteraciones en los procesos fisiológicos e inmunológicos de los animales“, puntualiza la microbióloga.
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*Colonia de pingüinos Papúa en la Antártica | Crédito: Instituto Milenio BASE
Si bien todavía no se investiga la magnitud real de los impactos de los microplásticos en condiciones naturales, la investigadora advierte que “la evidencia sugiere que los microplásticos no son inocuos y constituyen un factor de estrés adicional en un contexto de cambio ambiental acelerado”.
Los microorganismos podrían hacer frente a la contaminación
Ya en los suelos de la Antártica, los microplásticos pueden alterar sus propiedades, como la estructura, la retención de agua y la disponibilidad de nutrientes. También pueden llegar a modificar la composición y la actividad de las comunidades microbianas, que son fundamentales para el reciclaje de nutrientes en estos ecosistemas.
“En ambientes extremos como la Antártica, donde los procesos biológicos son lentos y altamente especializados, incluso pequeñas perturbaciones pueden tener efectos duraderos“, advierte Orlando; “por eso, la presencia de microplásticos en el suelo no es solo un problema de contaminación, sino también una alteración del funcionamiento del ecosistema”.
Sin embargo, los microorganismos son muy diversos, por lo que su respuesta ante la presencia de microplásticos puede variar considerablemente. Por ejemplo, algunas bacterias pueden colonizar estas partículas y usarlas como nuevas superficies de crecimiento, lo que modifica la estructura de la comunidad microbiana.
Estos cambios son lo que está buscando la investigadora: microorganismos con potencial para degradar esos contaminantes. Aunque si bien la adaptación microbiana es posible, no siempre es positiva, ya que “puede alterar los equilibrios ecológicos establecidos”, puntualiza.
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*Julieta Orlando analizando muestras en laboratorio | Crédito: Instituto Milenio BASE
Lo complejo es que, en la Antártica, las alteraciones en los microorganismos pueden amplificarse rápidamente y afectar la estabilidad general del ecosistema, ya que allí las redes ecológicas son relativamente simples y altamente interdependientes.
“Por ejemplo, en el ambiente marino antártico, se han detectado microplásticos asociados al krill, un eslabón clave de la red trófica. Dado que el krill sostiene a peces, focas, ballenas y aves, la contaminación en este nivel puede propagarse a gran parte del ecosistema”, explica Orlando.
¿Qué se puede hacer con los microplásticos en la Antártica?
La microbióloga sugiere que la forma más efectiva de enfrentar este problema es la prevención, es decir, reducir el uso de plásticos y mejorar su gestión a nivel global.
En la Antártica, remover los microplásticos del suelo no es viable, ya que sería una tarea extremadamente compleja que podría generar más impacto que beneficio, pero una solución podrían ser los mismos microorganismos.
“Uno de los objetivos de nuestro proyecto FONDECYT es identificar microorganismos con capacidad de degradar estos contaminantes y evaluar su potencial para diseñar estrategias de biorremediación en el futuro”, explica.
“Las instancias de divulgación, como el Congreso Futuro, son clave para concientizar a la ciudadanía sobre estos impactos y promover un compromiso colectivo con la reducción del uso de plásticos y otros contaminantes. La protección de la Antártica depende de decisiones que tomamos como sociedad, incluso lejos de ese continente”, concluye.
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