Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Científicos debaten si el moho Physarum polycephalum es inteligente. Aunque es un organismo unicelular sin cerebro ni sistema nervioso, algunos estudios sugieren que puede resolver laberintos de forma óptima, incluso creando redes estratégicas. Otros también afirman que el moho percibe su entorno y almacena recuerdos a través de su mucosidad. Por el contrario, los detractores de estas ideas sostienen que la inteligencia requiere neuronas, desencadenando un intenso debate en la comunidad científica.
Los científicos siguen debatiendo el misterio de Physarum polycephalum, un organismo que divide a los expertos desde hace ya varias décadas. Y es que su descubridor dijo que podríamos estar frente al primer moho inteligente de su tipo.
Se trata de un moho mucilaginoso, organismos protistas, es decir, son unicelulares (de una célula) y no encajan en el reino animal, de las plantas o fungi; tampoco se les considera un ser vivo inteligente.
Pero Toshiyuki Nakagaki, un famoso biólogo y etólogo japonés del Instituto de Investigación de Ciencias Electrónicas, descubrió que el P. polycephalum podría desafiar lo que, hasta ahora, la ciencia considera “inteligente”.
El tema volvió a estar en palestra gracias a un reportaje de The Guardian, donde varios científicos opinan sobre este moho. A simple vista, parece un organismo simple: no tiene cerebro, neuronas ni sistema nervioso.
De hecho, algunos expertos creen que es, básicamente, una enorme célula que solo se desplaza por su entorno buscando alimento. Pero Nakagaki demostró que este moho puede resolver un laberinto, lo que podría ser un indicio de inteligencia.
Resulta que por allá en el año 2000, Nakagaki publicó un estudio en la revista Nature donde afirmó que el P. polycephalum puede resolver problemas. El científico puso a este moho en un laberinto a buscar comida y este encontró la ruta más corta para llegar a ella.
Este hallazgo causó un gran debate en la comunidad científica, pero sus experimentos no acabaron allí. Más tarde, en 2010, publicó otro estudio en la revista Science que demostró que el moho puede desplazarse en busca de alimento creando redes que le ayudan a llegar a este.
Este es uno de los ejercicios más famosos del científico japonés y consistió en disponer copos de avena (el alimento del moho en laboratorio) en un laberinto y los distribuyó para que se asemejaran a un mapa de Tokio, específicamente, de sus 35 ciudades satélite. Después, puso al hongo en lo que sería el centro de Tokio.
Lo más sorprendente no fue que esta especie pudiera encontrar todo el alimento, sino que lo hizo de manera óptima: se extendió por el laberinto buscando los otros copos de avena, los alcanzó con sus túbulos y también conectó los puntos donde hubo alimento.
El P. polycephalum, de hecho, terminó creando una red muy parecida al sistema ferroviario de la capital de Japón, trabajo que a los humanos les tomó años y a este organismo solo un día.
“Hemos descubierto una capacidad inesperadamente alta de procesamiento de información en este organismo”, dijo en ese momento Nakagaki para un artículo del New York Times. Desde entonces, cree que se trata de una especie inteligente.
De acuerdo con The Guardian, el experto también sugiere que este moho tiene la capacidad de percibir su entorno; él lo llama “fase de contemplación” y teoriza que podría almacenar recuerdos de los espacios a través de su mucosidad.
Chris Reid, investigador de la Universidad Macquarie que ha estudiado este fenómeno, dijo al medio citado que, al carecer de cerebro, el moho usa la mucosidad como herramienta para la “memoria”, ya que a partir de este rastro puede saber los caminos que ha recorrido y los que no.
Para uno de sus experimentos, cuyos resultados publicó en la revista PNAS en 2012, puso al P. polycephalum en un laberinto, pero recubrió un área con mucosidad. Así demostró que el moho prefirió recorrer las áreas que estaban secas.
Y aún más impresionante, en otro de los experimentos de Reid, publicado en Behavioral Ecology, el moho demostró que incluso puede distinguir entre su propia mucosidad y la de otras especies.
Physarum polycephalum | Wikimedia Commons
Un intenso debate
Para los creyentes de que este peculiar moho es inteligente, los experimentos ya mencionados y otros varios más son argumentos sólidos de que, quizás, la ciencia debería reescribir su definición de inteligencia. Las investigaciones hasta ahora indican que el moho tiene la capacidad de percibir, seleccionar, aprender, recordar y adaptarse.
Pero si bien P. polycephalum tiene varios adeptos, también tiene detractores. El reportaje los llama “neuropuristas”, porque sostienen que, para que un organismo sea inteligente, debe estrictamente tener neuronas. Bajo esta lógica, los humanos seríamos los seres más interesantes del planeta.
Desde hace unas décadas, algunos científicos proponen que rasgos que también indican inteligencia, como por ejemplo la cognición, pueden estar presentes en una amplia gama de organismos; otros señalan que una simple célula o incluso una bacteria pueden tener memoria. Sin embargo, los neuropuristas niegan estas afirmaciones y existe un intenso debate el respecto.
Y es que para ellos, existe una diferencia fundamental entre una célula que puede reaccionar químicamente a su ambiente, como el P. polycephalum, o un cerebro que procesa información y toma una decisión.
Estas opiniones han desatado polémicos enfrentamientos. En 2007, incluso antes del más célebre experimento de Nakagaki, más de 30 científicos firmaron una carta en contra de la idea de este tipo de inteligencia.
La carta no solo abordó las conclusiones a partir del moho amarillo de Nakagaki, sino de todo el campo de la “neurobiología vegetal”, que explora estos temas y la posibilidad de que ciertos organismos sin cerebro puedan ser inteligentes. “No existe evidencia de estructuras como neuronas, sinapsis o un cerebro en las plantas”, sentenciaron.
Y en el mismo documento, instaron a los “defensores” de la neurobiología vegetal “a reevaluar críticamente el concepto y a desarrollar para él una base intelectualmente rigurosa”.
Algunos científicos respondieron a esta carta. Una de las voces más criticadas fue Michael Levin, profesor de la Universidad de Tufts, quien ha sugerido que cada célula individual podría ser inteligente y cognitiva a su manera. Esta afirmación, dijo en el reportaje, le ha valido cartas de odio y colegas que lo llaman “peligrosamente loco”.
Incluso algunos humanistas han entrado al debate. Pamela Lyon, filósofa de la Universidad de Adelaida, dice que quienes creen en ese tipo de inteligencia tienen una postura “biogénica” y comentó que algunos científicos ven este tipo de ideas como un riesgo.
En 2021, fue parte de un número de la prestigiosa revista Transactions de la Royal Society, donde se abordaron estas ideas. “Uno de los revisores nos dijo, en esencia: ‘Esto es lo mejor que se ha inventado’; otro dijo: ‘Esto parece interesante, pero tengo mis reservas sobre esto, esto y esto’; y el tercero dijo: ‘Esto es peligroso. No deben dignificar esta idea en una revista de esta categoría’”, reveló.
Mientras el moho sigue haciendo de las suyas en los laboratorios, los científicos continúan debatiendo qué es realmente la inteligencia y si es que esta se reduce exclusivamente al cerebro.
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